El Porvenir

‘Semiosis social’: fin del discurso político

Por Pablo Espinosa Vera*

Monterrey, Nuevo León, 15 de Abril de 2005

Los procesos de interpretación o lectura que hace la sociedad de los ‘actos de poder’ derivan en lo que Charles C. Peirce, Umberto Eco, Thomas A. Sebeok, Max Bense,  Paolo Fabbri, y Eliseo Verón entre otros, denominan ‘semiosis social’, proceso de construcción de consensos que definen la aceptación o el rechazo del discurso politico por parte de los receptores (el pueblo,la ciudadanía, los diferentes ‘targets’ sociales, los mass-media).

En el ‘affaire del desafuero’ de López Obrador, el consenso social es de rechazo total al discurso y a la grotesca ‘mise en scene’ protagonizada por la Cámara de Diputados tras erigirse en ‘Gran Tribunal’ para  instituir el llamado ‘juicio de procedencia’ donde los diputados, por obra y gracia del Espíritu Santo –efectos de la ‘transubstancialización’ que afecta a los sacerdotes en el momento de la consagración- se transformaron, como “Mr. Increíble”, en jueces judiciales o en Grandes Inquisidores con poder omnímodo para mandar a la hoguera al presunto criminal, el infausto exjefe capitalino Andrés Manuel López Obrador (la votación aplastante: 360 votos contra 127 a favor).

El Discurso del Poder, gran ‘récit’ o supertexto hermenéutico donde la significación y los ‘contenidos’ están codificados y que  nutre a todos los actores y protagonistas que ostentan y detentan la representación del Estado y de los Poderes instituidos, ha sido  desmitificado y herido de muerte por una masa de menospreciados receptores (hablamos de millones de infelices ciudadanos) que han rechazado los enunciados y la intencionalidad oculta en cada uno de éstos  por su pobreza de veridicidad (se sugiere consultar el ‘cuadrado semiótico’ de Greimas y las pruebas de verificabilidad de toda práctica discursiva para ubicar su nivel de ‘verdad’ o de mentira’, prueba que no resiste el corpus argumental del tristemente célebre “discurso del desafuero”) y, peor aún, por no llenar los mínimos requisitos para hacerlo un texto creíble, digerible, verosímil, como los guiones adoptados en las películas o en las novelas de vaqueros.

Al margen de las razones o sinrazones de “El Peje”, ubicado peligrosamente para sus adversarios en el No. 1 del “Ranking de la Sucesión Presidencial” (su “pecado mortal”), lo grotesco está representado por la articulación arbitraria, por parte de sus oponentes o ‘sujetos de la enunciación’ por excelencia –desde el Presidente de la República hasta el Secretario de Gobernación, el Procurador General de la República, el Presidente del PAN, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Presidente del PRI, la Primera Dama, etc.- de un discurso plagado de incoherencias y de sinsentidos, elementos que dotan de sentido a toda argumentación, como lo señalan expertos de la talla de Teun A. Van Dijk (“Texto y Contexto”) y Herman Parret (“Semiótica y Pragmática”). Un texto incoherente solo contribuye a aumentar el ruido (entropía política) y los niveles de confusión general.

El agotamiento y muerte del discurso por ‘inanición significante’ (el objeto o referente, sustituido por imágenes fantasmagóricas propias de la cueva de Platón) resquebraja y pulveriza, directamente el escenario cinematográfico de la ‘transición a la democracia’, ilusión de ilusiones (Eclesiastés) que el sistema político intento imponer como supersímbolo y que ahora muestra su verdadero rostro: el de una sociedad regida por el simulacro más perverso desde el 2000, a cargo de una clase política obnubilada por proteger sus intereses y sus canonjías antes que los de las mayorías y decidida a no permitir que la voluntad popular  tome el mando del destino político de la nación, como se da en todos los países de tradición democrática.

López Obrador representó, en esta tragedia de Shakespeare,  al villano empecinado con resemantizar el discurso del Poder conmutando sus códigos (sistema de producción de signos, en el argot de la teoría semiótica de Umberto Eco), lo que sonó desafiante e irreverante al establishment y al statu quo imperante. Y había que parar al villano a toda costa, aunque ello significara matar al Discurso (sic) que representa la ‘lengua’ y el ‘habla mítica’ para los políticos profesionales, retomando los paradigmas semiolingüísticos analizados y propuestos por Émile Benveniste (“Problemas de Lingüística General”) y Roland Barthes (“Mythologies”).

La construcción de una nueva credibilidad y de niveles de confianza llevará siglos. Como señala Charles Peirce, los procesos de interpretación o semiosis (que Jacques Derriba ubica, desde la reconstrucción,  como ‘deriva’), cuando se institucionalizan por consenso, conducen a la creación de ‘habitos’ y de formas simbólicas instauradas en el inconsciente social, como los arquetipos. Modificar o transformar esos ‘habitos’ exige  una labor titánica que, por lo que se ve, en el universo de la clase política, nadie tiene intención de emprender, todos están complacidos por proseguir el juego de la simulación y del simulacro impuesto desde el Poder, como en la época de los Luises en Francia, a excepción de la izquierda, que nuevamente será confinada en la galaxia de la no-significación (sin AMLO como ‘superstar’, nada tiene sentido en el PRD).

En fin, ese es el precio del desafuero:  tirar por la borda los conceptos ‘sagrados’ que soportan la institucionalidad y que dotan de sentido al ideal de ‘democracia’ para impedir, a sangre y fuego, que el fantasma de la ‘izquierda’ vía López Obrador se posicione de Los Pinos, logósfera presidencial que ahora sí, júrenlo, volverá a disfrutar  por seis años más su huésped más distinguida: Marta de Fox, potencial Primera Presidenta de México y verdadera beneficiaria de la crucifixión de “El Peje” y del descrédito de la clase política en pleno. Aunque el revire de Madrazo es impredecible.

* Presidente de ASEMASS&COMGLOBAL (Asociación Mundial de Semiótica Massmediática y Comunicación Global: www.semioticamassmedia.com) y Director del ISEPOL (Instituto Internacional de Semiótica Política y Comunicación Pública: www.semioticapolitica.com)