El Porvenir

El ‘grado cero’ del significado en el discurso

Por Pablo Espinosa Vera*

Monterrey, Nuevo León, 15 de Julio de 2005

Es quitarle emoción, pero se lo ofrecí a nuestro bueno amigo Jaime Ramos, responsable de la sobrevivencia, en un país de ‘homo videns’, de la cafebrería (sic) ‘El Toboso’ (Enrique C. Livas # 308 Col. Vistahermosa) convertida en un centro de análisis, reflexión y debates de la problemática nacional e, incluso, internacional.

Invitado, sorpresivamente,  como ‘conferencista’ el próximo lunes 18 de julio, en punto de las 20 horas, entre asistentes que podrán deleitar una exquisita cena o disfrutar de un delicioso capuccino, haré una serie de reflexiones en torno a la ‘semiótica política’ en su variante de ‘semiótica del poder’ bajo el título “El grado cero de la significación en el discurso político: ‘guerrilla semiótica’ y comunicación política en acción”.

Una aclaración pertinente: al hablar de ‘discurso’ nos estamos refiriendo a una máquina persuasiva y manipulatoria, a  todo un aparato de representación generado y producido por un gran emisor (el Presidente de la República) o por emisores  múltiples (la mayor parte ‘invisibles’) enfocado a convencer, persuadir, engañar, disuadir o lavarle el cerebro  a una masa receptora para que acepte o compre o se apropie de un producto específico en el plano de lo material o de lo simbólico, ya se llame candidato de un partido a la presidencia o el último modelo de lavadoras o hasta a  Memín Pinguínresemantizado, o la última película de superhéroes (“Los 4 Fantásticos”).

En este contexto general el discurso, que incluye enunciados de toda clase construido con artilugios múltiples (existen más de 200 figuras retóricas enfocadas a persuadir o a convertir la pragmática y fría realidad en algo poético y color de rosa), así como imágenes y puestas en escena diversificadas (los políticos son expertos en estos ardides o estratagemas), debe de entenderse como la suma de una serie de elementos multidimensionales que adoptan formas disímiles, las que se conmutan y transforman periódicamente (un enunciado presidencial que pasa del sentido ‘A’ al sentido ‘Z’ en tiempo récord o el nuevo ‘look’ del ‘Chavo del 8’ para las nuevas generaciones) para adaptarse al imaginario social y simbólico en un afán de engañar y persuadir a los receptores (Protágoras fue considerado el ‘rey’ de los sofistas al intentar y lograr que el ‘rojo’ se reconociera como ‘amarillo’ tras un discurso manipulador, maquiavélico).

¿Qué sucede cuando los soportes semánticos del discurso, refiriéndonos al discurso político, empiezan a deteriorarse o perder sentido? El significado, que dota de sentido a lo enunciado (el ‘juicio del desafuero’ contra López Obrador, el afán de Fox de convencernos de vivir en el ‘país de mas maravillas’, las tentaciones de Marta Sahagún  para convertirse en la primera Señora Presidenta) se revierte contra el enunciador y pierde valor, sentido, legitimidad. En un tiempo récord, traspasa la frontera del ‘nonsense’ (la lógica del no-sentido, según Lewis Carroll) y se torna un ‘récit’ insignificante, incapaz, ya, de actuar y de incidir persuasivamente sobre un receptor.

Los procesos de producción de sentido, materia sobre la que actúa y trabaja la semiótica, son inagotables y se rigen bajo la consigna del teatro en Broadway y en Londres: “el show debe seguir” (aunque el metro londinense sea bombardeado). Todos los sistemas de representación de la realidad (la política y la mediática, en primer plano) operan bajo esta premisa. Y las prácticas discursivas (un noticiero en TV, las ocho columnas de un periódico, un enunciado estruendoso del Presidente del PRI, la renuncia de Rebeca Clouthier al liderazgo del PAN en NL) devienen en el instrumento de transmisión de significados, que el receptor deberá decidir si reconoce o rechaza.

Para mala suerte de los enunciadores o productores del discurso político, éste da muestras de agotamiento. La ‘semiosis social’ está debilitada. Los procesos de interpretación o lectura de las prácticas discursivas por parte de los receptores tienden a debilitarse. El receptor está harto de mentiras, de lugares comunes, de enunciados arreferenciales, sustitutivos. La indiferencia o la “guerrilla semiótica” toman su lugar. La desmitificación predomina sobre los enunciadores aunque se desgañiten. En el ámbito de los nuevos espacios públicos, el ‘discurso social’, ostentando significados válidos que las mayorías reconocen y apropian,  tiende a rebasar la retórica y la estilística ejercida desde una visión de realpolitik (el fin justifica los medios).

Estamos inmersos en un proceso de intensa comunicación política destacando el activo rol de los receptores que tienden, cada vez más, a convertirse, como en un enroque ajedrecístico, de enunciatarios (destinatarios del discurso) en enunciadores (emisores). El receptor, decepcionado de la retórica color-de-rosa de los políticos, lo rebasa y establece sus propias propuestas, sus propias reglas del juego, sus propios códigos y sistemas de significación dotados de nuevo sentido. Y este es un mensaje muy importante que no deben soslayar los líderes de los partidos políticos.

La “guerrilla semiótica” se reconoce como el proceso de lectura transgresora de un mensaje realizada por un receptor (Umberto Eco la define como ‘lectura aberrante’). Este proceso, multiplicado y reenviado a la red de redes del universo de la comunicación política, logra efectos inimaginables. Esto paso en el 2000, cuando Fox echó al PRI  de Los Pinos y después no supo qué hacer, aparte de darse la gran vida;  ahora se prepara para ser echado de la residencia presidencial a puntapiés, a punta de ¿botas Fox? de perredistas y de priístas.

Dotar de nuevos significados al discurso debe de ir aparejado con actitudes que generen confianza y credibilidad. López Obrador lo intenta, pero empieza a perder terreno. Madrazo hace lo imposible por posicionarse como ‘alternativa real’ del 2006 en el imaginario social. Creel, echando mano de toda clase de artilugios, pretende ignorar la ‘memoria social’ donde está viva la imagen de un jugador que apostó todo a favor de Televisa. Y surgen nuevas opciones: la de un ex izquierdista en el discurso que dio un ‘golpe de timón’ hacía la derecha en el poder; la del partido paralelo creado por las huestes de Elba Esther Gordillo obsesionada con manejar, simultáneamente, al PRI; la de Patricia Mercado fincado en la esperanza de los nacidos para perder. Y otros.

¿Es posible crear un discurso político, como el de hoy en boga, para somnolientos, en una sociedad despierta y en estado de alerta? Yo, lo dudo.





* Presidente de ASEMASS&COMGLOBAL (Asociación Mundial de Semiótica Massmediática y Comunicación Global: www.semioticamassmedia.com) y Director del ISEPOL (Instituto Internacional de Semiótica Política y Comunicación Pública: www.semioticapolitica.com)

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