EL PORVENIR

¡Carlos Salinas, “Superman” político”!

Por Pablo Espinosa Vera*

Monterrey, Nuevo León, 17 de Junio de 2005

Quetzalcóatl nunca regresó, partiendo de la mitología y teogonía de la civilización azteca. Pero Carlos Salinas está de regreso. E igual que Quetzalcóatl, el expresidente rebasó la dimensión del mito y de la leyenda. Y hay que entenderlo en el plano simbólico (Umberto Eco, Carl Jung. Ernst Cassirer): Salinas no es un expresidente más: es una verdadera ‘máquina productora de sentido’, de modalidades simbólicas y de toda clase de significaciones que juega a su antojo con el aparato de los mass-media y con los canales de comunicación política existentes y latentes en las vísceras del sistema político y de la sociedad civil nacionales y hasta internacionales.

Carlos Salinas, como ‘objeto semiótico’ muy ligado a la ‘mass-culture’, es un fenómeno político y mediático de gran relevancia que vale la pena analizar a detalle. Desde un punto de vista de una semiótica política o mass-mediática, el expresidente representa en sí mismo un formidable ‘sistema’ productor de sentido y de significaciones polivalentes extraordinario. Construye un poderoso discurso y lo conmuta y transforma según las circunstancias. Genera muestras de fascinación y de repudio. Produce actitudes iracundas y benevolentes. Detona expresiones de rechazo, a nivel de linchamiento público y mediático, como manifestaciones de apoyo y simpatía (“¡Vaya, no es el diablo!”). Y él lo sabe, está consciente de ese poder mitificante y simbólico que le ha generado una aureola de “superhombre”. Y sabe explotar a la perfección esos signos y esos sistemas significantes que orbitan a su rededor.

Desde ese contexto de significación, todo lo que tenga que ver con el posmoderno “Superman” político redundará, siempre, en una semiosis social y mediática ilimitada (los propios procesos de interpretación, partiendo del modelo semiótico de Charles S. Peirce, son ilimitados, aunque Derrida va más allá en su visión ‘deconstruccionista’ y nos lanza al océano de la ‘deriva’ total, del vagabundeo infinito sin destino alguno). Así, cada vez que el “superhombre” calla ante una situación determinada, es noticia, y cada vez que expresa un enunciado o un argumento completo (como super-ejemplo, el gran ‘récit’ o ‘summa teológica’ salinista titulado “México, un paso difícil a la modernidad”, donde el concepto de ‘modernidad’ oscila entre la visión filosófica de Jürgen Habermas y la ideológica de Daniel Bell) revoluciona el ‘espacio socio-semántico’ donde está confinado el universo de los inefables ‘mexican citizen’, aún para Octavio Paz, Samuel Ramos, Carlos Fuentes, Leopoldo Zea y el “Filósofo de Güemes” juntos.

Su rol de ‘Ulysess’ transhumante (Joyce), heredado de su autoexilio en Dublín, amalgamado con su papel de Holly Golightly en su versión masculina neoyorjina desayunando todos los días en Tiffany’s (Truman Capote), sumado a su ‘feeling’ de ‘supervillano’, como él mismo se denominó, hacen de Salinas un personaje propio de una novela imposible de encasillar o decodificar, un personaje de un film de Quentin Tarantino. En un contexto de posmodernidad política, nos remite a Gorbachov con connotadotes de Felipe González permeado con amplios matices del magnate massmediático Silvio Berlusconi.

Salinas es un férreo defensor de los pobres y de los desafortunados (analizar su proyecto de ‘política social’ que magnifica a niveles de epopeya en su obra quijotesca ya citada) pero, simultáneamente (¡oh, don de la ubicuidad!) es un perverso y feroz neocapitalista que implanto el neoliberalismo en México sin tentarse el corazón (igual que su discípulo Ernesto Zedillo, quien no se anda con medias tintas; como muestra, el FOBAPROA). Pero también es un humanista que, como el propio Don Quijote de la Mancha, intenta salvar a la ‘doncella’ (la Madre Patria enaltecida por Ramón López Velarde y a quien todos violan y transgreden) de la amenaza izquierdista (“¡El lobo, el lobo!”; “No seas tonto, hijito, es solo el “Peje”) y, simultáneamente, un émulo de Maquiavelo, el estratega florentino que aún no acaba su tarea (las “Crónicas malditas” de Olga Wornat dan solo un destello de esta parte de su personalidad).

Salinas connota y simboliza poder. Aún en el exilio, Dublín, La Habana o New York, era temido. Su base de empresarios ‘salinócratas’ y de grupos de presión ubicados en posiciones de poder, no es ficticio: es parte de la brutal realidad que distingue al expresidente. El propio Presidente Fox y la inefable Martita fueron seducidos por su encanto y por su impresionante base de poder. La fascinación salinista les llegó hasta el fondo del alma. Y el exmandatario se convirtió en un ‘super-cabildeador’ (loobying) de Los Pinos tras bambalinas.

La liberación de Raúl Salinas de Gortari es solo un signo del poder fáctico de su hermano, como lo es el verlo flanqueado de poderosos políticos y de grandes magnates, o felicitando a los abogados del “hermano incómodo” desde el campus de la Universidad de Harvard mientras aplaudía en la ceremonia de graduación de su hijo CarlosEmiliano, doctorado en economía y quien sigue la tradición familiar instaurada por su padre y por su abuelo (¿nuevo prospecto para la Presidencia en unos años?).

¿Espanta, a Salinas, el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República? Para nada. Él controla poderosos hilos en Washington y en Wall Street (hasta fue un importante miembro del Consejo que edita el periódico de los gurús de la comunidad financiera internacional: ‘The Wall Street Journal’). Salinas se codea con el clan de los Bush y con los Clinton (por si Hillary da el campanazo en el 2008). Y su base de poder en México contendrá los embates del gobierno de ‘nueva izquierda’ como sucedió con el “Lobo Feroz” antineoliberal Inazio Lula da Silva, ahora excelente amigo de los superricos con quienes comparte, cotidianamente, el pan y la sal (cosas de la ‘realpolitik’, como diría Kart Weber y Kart Manheim).

Pero, además, la base de poder político de Carlos Salinas tenderá a consolidarse (gubernaturas, alcaldías, posiciones en el Congreso, sindicatos ¿Elba Esther Gordillo?, el PRI), sin descartar la construcción de una superalianza partidista para lanzar a una candidata (¿Marta de Fox, Elba Esther Gordillo?) que hagan sudar la gota gorda al ‘indestructible’ jefe de gobierno capitalino.

Definitivamente, Carlos Salinas está de regreso. Y es mejor aceptarlo.





* Presidente de ASEMASS&COMGLOBAL (Asociación Mundial de Semiótica Massmediática y Comunicación Global: www.semioticamassmedia.com) y Director del ISEPOL (Instituto Internacional de Semiótica Política y Comunicación Pública: www.semioticapolitica.com)

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