LA QUINCENA

“The Peje’s affaire”: la muerte del Discurso Político

Por Pablo Espinosa Vera*

Monterrey, Nuevo León, 13 de Abril de 2005

Ha muerto el Discurso Político (sic). El discurso de la ‘transición a la democracia’, tan caro para el Presidente Fox & Co., y tan cómodo para todos los actores beneficiados con el ‘gran simulacro’, se hunde irremisiblemente en el pantano del ‘nonsense’ (Lewis Carroll). Y es que un discurso que carece de niveles de credibilidad y coherencia (Teun A. van Dijk, Herman Parret), como el sustentado desde el 2000 hasta la fecha y reproducido hasta el hartazgo por todos los actores de la ‘compañía’,  es similar a una arpillera que no sirve para nada, que a nadie convence, que ha perdido toda legitimidad argumental, que está sustentado en enunciados arreferenciales (fantasmáticos, sustitutivos) muy ajenos a la realidad, en fin, que es rechazado y menospreciado por el imaginario social.  En términos de sociosemiótica política, nos referimos a los procesos de interpretación o lectura que hace la ciudadanía de la ‘trama del Poder’, lo que Charles Peirce define como ‘semiosis’, que en el contexto discursivo deviene en la fría ‘semiosis social’ o consenso ciudadano en torno a un objeto para legitimarlo o desecharlo, algo que Eliseo Verón ha explorado en forma pormenorizada.

Este proceso de reconocimiento y reproducción del discurso o de las prácticas discursivas ‘institucionales’, por parte del receptor (el emisor construye el discurso, lo emite y lo transmite, como infalible ‘sujeto de la enunciación’), acaba de ser declarado muerto y sepultado por acuerdo de las grandes mayorías nacionales y por la comunidad internacional en sí tras ‘explotar’ y pulverizar el corpus argumental que dotaba de ‘sentido’ a la superestructura del ‘habla institucional’, confinada en el reino de la pragmática lingüística (Alain Barrendonner)

Utilizando una metáfora propia de Francis Bacon (en lenguaje plástico), podemos concluir que la ‘lengua del Poder’, instrumento del ‘habla’ por antonomasia,  ha sido cercenada, arrancada de tajo,  se ha quedado muda. A partir de la grotesca puesta en escena del desafuero de “El Peje”, todo enunciado vertido por los actores en juego (el Presidente desde Roma aplaudiendo el “triunfo de la ley”) se precipita al vacío sociosemántico creado, como un gran ‘teatro del absurdo’ que supera al mismísimo Beckett y a Ionesco, por los detentadores de un “Estado de derecho” que Picasso hubiese podido plasmar con su muy singular óptica

Lo más lamentable: la rimbombante ‘comunicación política’ de conformación vertical, ilocutiva y ferozmente planificada,  de la que presumen y se enorgullecen los detentadores del Estado y del Gobierno en su compleja arquitectura (¿o ‘plomería subyacente’?), perdió la batalla ante la ‘comunicación pública’ horizontal, interlocutiva, descentralizada, la emanada de los nuevos espacios públicos donde está fincada la voz del pueblo, de la ciudadanía, de la sociedad que ha perdido, en un surrealista ‘coup de dés,  a sus ‘representantes’ de los tres Poderes (desde el Presidente hasta legisladores y magistrados), superando los escenarios propios de una novela de Rabelais. O más bien: ellos mismos han hecho hasta lo imposible para “perderse” arremetiendo, brutalmente, contra el imaginario político de sus “representados” y haciendo trizas los escasos niveles de ‘confianza social’ que aún legitimaba a estas tautológicas instituciones (los tres Poderes).

En este contexto, poco tiene que ver el ‘objeto’ a aniquilar, el exjefe del Gobierno capitalino acusado de populista y de ‘anarquista’ al enfrentar, desafiante, al Estado de derecho. A López Obrador le faltó capacidad y ‘colmillo’ para enfrentar a sus detractores en el mismo ámbito: el judicial, y se decidió por un ‘arma’ para combatirlos: la discursiva y la de las movilizaciones ciudadanas. Como un héroe de Troya enfrentado a un ejercito, blandió su espada, sólo, frente a tanques y artillería pesada, y se lanzó, emulando a un samurai propio de Kurosawa, contra todo un ejercito sin el menor chance para sobrevivir.

Le faltó habilidad para enfrentar a sus feroces enemigos que ahora festinan su caída. Su ‘think tank’, donde militan ‘genios’ de estrategias políticas de la talla de Manuel Camacho Solis , no lograron asesorarlo o disuadirlo de su juego a ‘muerte súbita’. Dejar crecer gratuitamente una ‘bomba’ de tiempo, como el caso de El Encino, que se podía haber desactivado fácilmente (el priísta Roberto Campa Cifrián analizó el ‘campo de batalla’ y le pareció absurdo que los perredistas hubiesen caído en esta inocente trampa para niños, que hubiesen podido evitar y negociar muertos de risa), es un caso para Ripley, pero así fue.

Lo verdaderamente grotesco del ‘juicio de desafuero’ (hasta la Cámara de Diputados se convirtió en un kafkiano ‘jurado de procedencia’ donde todos los legisladores se transformaron, por la magia de la transubstancialización, en ‘jueces judiciales’), lo fue la forma, el discurso, el ‘habla política’, utilizada falazmente por los enemigos mortales del “Peje” para descarrilarlo de la carrera presidencial y crucificarlo en el Gólgota de San Lázaro, llegando a cobrar sentido lo enunciado por López Obrador en el mismo recinto parlamentario: : “…..tengo la certeza absoluta de que no se me juzga por violar la ley, sino por mi manera de pensar y actuar, y por lo que pueda representar, junto con otros mexicanos, para el futuro de nuestra patria (…) diputadas y diputados, con sinceridad les digo que no espero de ustedes una votación mayoritaria en contra del desafuero. No soy ingenuo, ustedes ya recibieron la orden de los jefes de sus partidos y van a actuar por consigna, aunque se hagan llamar ‘representantes populares’. Claro está que otros diputados, los menos, desgraciadamente, votarán con dignidad y decoro (el caso del  priísta, y también elbista, Roberto Campa). Pero los que van a votar en mi contra y los que se abstendrán pensando que hay justo medio entre ser consecuente o cortesano, no deben ufanarse por haber logrado una especie de desafuero patriótico, porque todavía la conducta de ustedes tendrá que pasar por el escrutinio público, por la opinión y la decisión de la gente. Estoy seguro que la mayoría de ustedes votará a favor del desafuero, sin medir las consecuencias de sus actos o porque piensan que podrán justificarse, como lo expresó increíblemente una diputada que llegó a decir, creo que es la diputada Rebeca Godínez, llegó a decir: "con esto empieza el estado de derecho en México". Conste, el estado aludido no se tardó y debutó muy mal.”.

López Obrador, ya perdido, hizo sinergia para aniquilar el escaso nivel de confianza social existente en instituciones políticas, pero los verdaderos artífices del “Waterloo sociosemántico” (léase: destruir la significación en sí, que es sagrada) lo fueron sus inquisidores, desde el Presidente Fox hasta los legisladores que lo enviaron al patíbulo incluyendo a funcionarios de la Secretaría de Gobernación, de la Procuraduría General de la República, del Poder Judicial Federal, así como a las cúpulas del PAN y del PRI que no lograron orquestar, en este mundo de las formas y de las apariencias que es el de la política (ámbito de la semiopragmática), un discurso convincente, ni mucho menos, una ‘puesta en escena’ verosímil (como en las películas). Aquí, López Obrador, como “Tarzan contra el mundo” (Johnny Westmuller), les ganó la partida.

 Finalmente, los damnificados somos los mexicanos al vernos atrapados en el túnel de la ‘dictadura imperfecta’. En realidad, nunca vimos el ‘final del túnel’; todo  fue ilusión óptica, pura escenografía con efectos verosímiles, pero nada más. Ante la realpolitik en blanco y negro, se impuso la mentira a la verdad, el engaño falaz a la hueca retórica carente de referentes. Ante la ‘prueba de la veridicidad’, que caracteriza al ‘cuadrado semiótico’ (Greimas), que exige verificar cada postulado para dotarlo de legitimidad, el discurso se derrumbó. Y todo por un actor incómodo de la vida política nacional y puntero en el ranking de la sucesión presidencial: el perredista Andrés Manuel López Obrador.

Y todo se consumo, como lo había profetizado Marta de Fox desde Guanajuato (que en las elecciones de 2005 solo contenderían el PRI y el PAN, es decir, Madrazo contra la inefable Martita). Ahora, ese funesto vaticinio se transformó en una patética realidad, como en la ‘metamorfosis’ de Franz Kafka (Charles Peirce lo definiría, desde una perspectiva semiótica, un ‘ejercicio inferencial’ aplicando el modelo del pensamiento ‘abductivo’, y es que la Señora Marta contaba con información de primer orden para atreverse a construir ‘escenarios futuristas’). Y ahora, ¿quién será el gran beneficiario?.

* Presidente de ASEMASS&COMGLOBAL (Asociación Mundial de Semiótica Massmediática y Comunicación Global: www.semioticamassmedia.com) y Director del ISEPOL (Instituto Internacional de Semiótica Política y Comunicación Pública: www.semioticapolitica.com)

Hosting por TuSite