Semiótica del Poder
Mayo 14 de 2000
El 'Súper-Texto' del Gran Elector
 
Por Pablo Espinosa Vera

Quizás sin intención, pero el caso es que Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato de la ‘Alianza por México’ se ha convertido en el ‘fiel de la balanza’ en la contienda presidencial ante la polarización generada entre Fox y Labastida, situación que mantiene en estado de alerta y de incertidumbre a estos últimos, conscientes de que será la ´’masa de votos inútiles’ sufragados a favor del PRD-PT la que decidirá quién será el nuevo inquilino de Los Pinos a partir del 1 de diciembre del 2000.

El capital político acumulado por Cárdenas (¿8 millones de votos?), que puede aumentar significativamente ante el desgaste propositivo y de marketing de imagen que mermará gradualmente el discurso de sus adversarios, se ha convertido en el factor estratégico, tanto para priístas como para foxistas (el foxismo tiende a suplantar al panismo de manera inexorable en una dimensión de ‘pragmática ideológica’) que hay que cooptar a toda costa, como lo reconocen estrategas como Pedro Cerisola (habla de diseñar un acuerdo nacional con la Oposición visualizando el potencial triunfo de Fox: “...este acuerdo nacional debe trabajarse desde ahorita, no después, para conformar este gobierno de transición...”) y los operadores políticos de Labastida, quienes han empezado a tender puentes hacía el candidato del partido del sol azteca para cabildear en torno a una posible negociación centrada en ceder el gobierno de la Ciudad de México a cambio del apoyo de Cárdenas hacía el PRI, lo que no suena tan disparatado.

Fox ha evitado, hasta el momento, el negociar, denotativamente, posiciones de poder con el exGobernador del Distrito Federal; rechaza el generar compromisos reales utilizando argucias retóricas que no dicen nada. Es decir, busca convencer a Cárdenas de que decline, pero sin ofrecer ni sacrificar nada, sólo promesas atmosféricas que en el lenguaje político carecen de sentido y de credibilidad como lo ilustra lo expresado desde Los Angeles en su pasada visita a los EE:UU: “...Cuauhtémoc debe entender que matemáticamente no puede ganar la elección. No pido su declinación ni le ofrezco algún cargo. La disyuntiva es si se incorpora a un proyecto de gobierno de transición que en un plazo de tres años pavimente el camino para el despegue económico y social de México. O de lo contrario engorda el caldo a Francisco Labastida...”. Unos días antes, explotó visceralmente contra su “aliado estratégico” durante un mitin en Toluca: “...si (Cárdenas) sigue por la vía que va, nos deja claro que ya lo compraron, que ya está de regreso con el PRI...nos deja claro que ya negoció con Labastida...”.

La respuesta de su odiado contrincante fue remitida desde Sombrerete, Zacatecas: “...el león cree que todos son de su condición...él sabe (Fox) que puede venderse como se han vendido sus compañeros de partido (¿Diego Fernández de Cevallos, Luis H. Alvarez, Carlos Castillo Peraza et alt?)...”, tras lo que Cárdenas reiteró el reto de un encuentro ‘téte-a-téte’con el panista, que éste rechaza: “...que no rehuya al debate; en un debate frente a la opinión pública haremos ver que él es el que ha apoyado al régimen...lo convoco nuevamente a un debate y ahí dejar claro quién es el que ha estado apoyando al PRI...”. ¿Se refiere el líder moral del PRD al ‘fantasma de la concertacesión’ que empieza a rondar la logósfera sucesoria reeditando el histórico affaire protagonizado por el ‘Jefe Diego’?.

La nueva ‘Semiótica Priísta’ instaurada por Labastida

Mientras se define este tautológico juego de ‘ventas’ y ‘reventas’ (¿el PRI compra a Fox?; ¿Cárdenas se vende al PRI?, ¿Fox adquirirá la franquicia de la ‘Alianza por México’?), Labastida configura su nueva semiótica de campaña deshaciendose de signos y sistemas significantes que remitían a un new look  (Esteban Moctezuma forma parte de los damnificados por el golpe de timón) para retornar al uso de métodos casi infalibles utilizados hasta el hartazgo por el PRI tradicional, asumiendo, como ‘valor agregado’, un enorme riesgo ante el elector posmoderno y ecléctico, quien ya sabe que el PRI si puede perder la Presidencia de la República (el símbolo de ‘infalibilidad’ ha dejado de tener vigencia en la nueva sociedad mexicana).

La instauración de esta nueva Semiótica prepriísta, apuntalada por operadores políticos de larga tradición (Manuel Bartlett, Humberto Roque Villanueva, Jesús Murillo Karam, Pedro Armando Biebrich, Roberto Madrazo Pintado, Carlos Hank González, etc.), que simbólicamente remite al espectro de Carlos Salinas igual que la nefasta sombra de ‘Nosferatu’ magistralmente representada por Werner Herzog en su histórica versión de Drácula, le puede funcionar a Labastida o puede significar, desde ahora, su derrota electoral, partiendo de la ‘lectura aberrante’ (Umberto Eco) que el futuro votante le ha dado a dicha jugada ajedrecística, lectura que configura la producción, por parte del Receptor (sic) de un contradiscurso de corte contestatario, que en este caso sería el votar en contra de los neodinosaurios priístas más que en contra del propio Labastida. El propio libro, recién presentado por el priísta (‘La Gente Hace el Cambio’, Ed. Océano, 25 mil ejemplares) forma parte, en la dimensión metaideológica, de dicha Semiótica del Simulacro.

¿Cómo funciona y cómo se articulan los niveles del Discurso en el proceso de producción-transmisión-recepción-reconocimiento-adopción-representación-reproducción ampliamente analizados por Eliseo Verón, Herman Parret y Teun A. Van Dijk?. Es un proceso muy complejo que no se debe menospreciar y, mucho menos, tratar de simplificar a niveles esquemáticos. El nuevo Receptor de los mensajes, permeado por una cultura massmediática e inmerso en una logósfera mítica (la ideología), simbólica (sistemas de significación hipercodificados o hipocodificados, además de multívocos e inaprehensibles) y ritual (prácticas significantes altamente culturizadas y convencionalizadas), difícilmente no se dará cuenta de la ‘significación’ latente en la recomposición del modelo labastidista, siendo improbable que caiga en el juego o que acepte, de manera complaciente y al margen de todo discernimiento, el ‘efecto gattopardista’que se le ofrece, como está ocurriendo entre los capitalinos volcados, en la intención de voto, hacía la candidatura de Manuel López Obrador a pesar de la ‘anticampaña’ promovida en contra del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas.

Instaurar modalidades simbólicas y semánticas en forma unilateral (desición del sujeto de la enunciación al margen de todo consenso) genera reacciones altamente imprevisibles (la “guerrilla semiótica”, en sí, ilustrada como procesos de comunicación horizontal o comunicación pública haciendo añicos, virtualmente, los modelos de prácticas discursivas ilocutivas  emanadas de esquemas de comunicación vertical), como le acaba de suceder al Primer Ministro británico Tony Blair cuyo partido fue arrasado en las recientes elecciones o a la centro-izquierda italiana que acaba de resentir un violento movimiento telúrico proveniente de la derecha más recalcitrante que amenaza con apoderarse del gobierno al corto plazo. En México, el ‘fenómeno Fox’, que irrumpió sorpresivamente al margen de la nomenklatura y de la doctrina del propio PAN, es un ejemplo de cómo operan los fractales procesos de interpretación en el nuevo homo massmediaticus que rebasa el esquema del homo videns presentado por Giovanni Sartori.

Pero esa es la apuesta, temeraria, de Labastida, que quizás le pueda dar resultado, como lo dejó entrever en su pasada visita a Xalapa donde no vaciló en gritar “¡Voy a a ganar la Presidencia!” ante miles de azorados y perplejos priístas que en doce ocasiones escucharon la misma arenga: ¡Vamos a ganar!”.

Carlos Fuentes anuncia la inevitable ‘alternancia’

Desde Madrid, donde presento ‘Los cinco soles de México’ (¿referencia metafórica al PRD aunque corre la versión de que ya funge como ‘asesor’ de Fox?) el escritor Carlos Fuentes expresó: “En julio serán las elecciones y el más antipriísta parece ser el candidato del PRI porque es el que se pasa atacándolo, diciendo que tiene que cambiar...pero por primera vez en 70 años en la historia de México hay la posibilidad de alternativa mediante una victoria del candidato de la derecha, de manera que estámos ante un cruce político que en todo caso tiene los signos del cambio”.

Y Carlos Fuentes tiene razón, pero parcial, porque nunca se refirió, ni exhibió, el tipo de ‘democracia’ propuesto por Fox, modelo ampliamente analizado por teóricos como Noam Chomsky al desenmascarar las flamantes ‘democracias neocapitalistas’ impulsadas desde Washington y hábilmente camuflageadas ante grandes grupos sociales que no alcanzan a segmentar, analíticamente, la materia del contenido (contraparte del plano de la expresión o de la forma)  latente en los macrodiscursos. Labastida también mantiene intenciones ocultas y subyacentes (el posmoderno ‘Godzila’ que acaba de emerger así lo predice), pero no llega al maquiavelismo camaleónico de Fox quien parece dispuesto a convertir a esta Nación en un México S.A. regido por las leyes de la globalización más incruentas e inhumanas.

Pero el gran problema de los dos ‘Gigantes’ (Cárdenas tiene el rol de David) es haber ‘resemantizado’ sus respectivas estrategias de campaña olvidándose del usuario principal de las prácticas discursivas y semiopragmáticas: el futuro Gran Elector, quien está generando su propio discurso o ‘Súper-Texto’ (Van Dijk) para darlo a conocer en el momento preciso y decisivo. Y allí sí: la sorpresa se la llevarán los flamantes candidatos a la Presidencia de la República, que aún no creen en la ‘Semiótica del Receptor’ ampliamente elaborada por Umberto Eco y por docenas de teóricos conscientes del poder real del tan olvidado ciudadano medio que ya se cansó de ser un ‘invitado de piedra’ a banquetes y comilonas.

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