Semiótica del Poder
Junio 23 de 2002
"Get out!", de EU a México con "amor"
 
Por Pablo Espinosa Vera

Antes del partido del milenio y como un mal presagio (como sucedió en Bruselas donde le exigió el agua adeudada) se recibió en Los Pinos la llamada de George W. Bush al Presidente Fox deseándole ‘suerte’ tras enfatizar: “...que gane el mejor”. Y el mejor fue el seleccionado de Estados Unidos quien sorprendió y aplastó a la posmoderna versión de los “ratoncitos verdes” hundiendo en la depresión y en la vergüenza a un pueblo en vilo que aún no sale de su pasmo (“¡Cómo! ¡No puede ser! ¡Le ganamos a Croacia y casi le ganamos a Italia! ¡Es imposibleJugaron como novatos!”). Pero fue posible, y en solo dos jugadas en Jeonju, Corea del Sur, la escuadra de las barras y las estrellas creada en 1996 acabó con el mito de la potencial supremacía de los descendientes de Huitzilopochtli quienes festinaban el triunfo menospreciando de antemano a los ‘discípulos’ de Bruce Arena y velaban armas para enfrentar a los germanos en Cuartos de Final ignorando el famoso dicho de que “del plato a la boca se cae la sopa” (Javier Aguirre, quien se congraciaba por  haberle tocado un rival como el estadounidense en Octavos de Final comentó: “...la última vez  nos ganaron –en los últimos cinco encuentros México sólo ganó uno-; esta vez no creo que especulen, porque ya no es por puntos, es por goles”).

A pesar de los infructuosos, deshilvanados, fallidos, torpes y personalistas esfuerzos desplegados por los exhéroes Luis Hernández, Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Torrado, Jared Borgetti,  Jesús “Cabrito” Arellano, Ramón Morales, Braulio Luna, Manuel Vidrio y Rafael Márquez finalmente los gringos sorprendieron al ‘Tri’en base a sorpresivos contragolpes al estilo Inglaterra protagonizados con éxito por Brian McBride y Landon Donovan que sí aprovecharon las pocas oportunidades. En este contexto de ‘visión de los vencidos’ de nada sirvió el dominio de los mexicanos quienes, de manera abrumadora tuvieron posesión del balón, jugaron más fútbol y acosaron la portería de sus enemigos en forma ‘descoordinada’ y salvaje pero, como siempre, faltó definición y contundencia a la ‘hora cero’ sin mencionar que el árbitro Melo Pereira perdonó un claro penalty a los primos del país del Norte (una mano de O’Brien desviando el balón dentro del área). En síntesis: la escuadra tricolor que salió al campo a enfrentar a un mermado equipo anglosajón (EU acababa de recibir una vergonzosa afrenta por parte de Polonia que los derrotó 3-1 logrando pasar a la siguiente ronda casi de milagro), no era la escuadra que enfrentó, con verdadero heroísmo y al nivel del éxtasis a los ‘azzurras’ italianos a los que mantuvo contra la pared y estuvo en un tris de derrotar.

Ante este severo golpe a la dignidad nacional y al renaciente ‘nacionalismo’ Fox y su equipo regresan aturdidos a sus labores en espera de otro performance lúdico enfocado a distraer la atención de cien millones de heridos connacionales como lo es la santificación de ‘San Juan Dieguito’ por el Papa Juan Paulo II planeado para finales de julio del 2002 (en este contexto el ‘aguafiestas’ fue Monseñor Bucardo, responsable de las giras del Papa dentro de la Secretaría de Estado, al anunciar que el Santo Padre cancelaba su visita a Los Pinos donde sus anfitriones lo serían la pareja presidencial, por “motivos de salud” cambiándola por una recepción en la Nunciatura papal a la cual asistiría el Presidente Fox sin su consorte Marta Sahagún –siguen viviendo en pecado mortal- lo que aún está por verse).

La Selección, paradigma fallido ante el Gabinete Presidencial

Tras lo demostrado ante Croacia, Ecuador e Italia, la inclusión del Director Técnico Javier “El Vasco” Aguirre al staff del Primer Mandatario en calidad de “Super-Coordinador del Gabinete Presidencial”, era casi un hecho. El propio Fox lo ponía como ejemplo ante su  indisciplinado y anárquico equipo donde cada quien se desplaza a sus anchas en aras del lucimiento personal, sobre el accidentado terreno del juego.

Por supuesto, tras la debacle ante los gringos las aspiraciones del “Vasco” quedaron abajo de cero. El tremendo K.O. propiciado a la élite en el poder fue devastador. Representa, ni más ni menos,  que “bajar de la nube” (“the dream has ending”, diría John Lennon) a la masa de gobernados sedientos de estímulos emocionales como lo son el “Foxgate” y la próxima ‘rendición de cuentas’ de Fox en los umbrales del 2º. Informe de Gobierno donde muy poco es lo que se habrá de celebrar (lo mismo que sucedió en Nuevo León al presentar Fernando Canales, durante su penúltimo Informe,  el saldo ‘negativo’ de sus cinco años de Gobierno que le abren un amplio espacio al PRI para recuperar la gubernatura, vía Natividad González Parás en el cercano 2003).

Generar expectativas en el imaginario social y no cumplirlas, es sinónimo de traición. Las consecuencias son el desencanto, la desilusión y las actitudes de franca rebeldía y hasta de “guerrilla semiótica”, en el argot de Umberto Eco. Esta es la factura que deberá pagar la escuadra al mando de Javier Aguirre afectada por el arquetípico ‘complejo de inferioridad’ latente en el inconsciente nacional (Jung, Adler, Samuel Ramos, Octavio Paz, Jorge Portilla) y, por consecuencia, la propia clase en el poder que posicionó al fútbol en el primer lugar de la agenda como lo enfatizó el propio Fox vía folklóricas y coloridas ‘puestas en escena’ (la ‘desmañanada’ en Los Pinos, ataviado con la camiseta de la Selección junto a Marta Sahagún y Xóchitl Gálvez, flanqueado por sus más leales colaboradores durante el encuentro con Italia y sus francos enunciados al planteársele problemas diversos en torno a que “...sólo hablo de fútbol”). ¿Y ahora?.

Pero el problema no es tan sencillo. Tras la dramática derrota (frente a Corea, el impacto negativo se hubiese asimilado con mayor naturalidad) ante unos vecinos con los que existen diferencias y pleitos ancestrales (desde el congelado asunto de los 3.5 millones de  inmigrantes ilegales hasta el ‘takeover’ de nuestros recursos energéticos pasando por el golpe mortal a los productores de azúcar y de granos al exportar altos volúmenes de fructuosa y  por la reciente ‘factura’ en torno al agua que les adeudamos desde 1944), la ciudadanía en pleno revertirá su frustración e impotencia contra el Señor de Los Pinos que deberá echar a andar a velocidad su ‘máquinita productora de sentido’ y a su ‘pull’ de metálogos –artífices del Discurso- para inventar acontecimientos y ‘realidades’ que contrarresten la desilusión y el coraje masivo que afecta, ante la acumulación de ‘adrenalina social’ generada por la ansiedad, el ‘corazón’ de la Nación (ante una situación de agresión o amenaza, el cuerpo produce adrenalina a través de las glándulas suprarrenales la que prepara al propio afectado para pelear o huir; si no reacciona en consecuencia dicha hormona, que no puede eliminarse, se revierte contra él mismo concentrándose en el sistema cardiovascular y acelerando toda clase de males).

El 2003, “Waterloo” de Fox y del PAN

La ignominiosa derrota de México ante Estados Unidos no se olvidará tan fácilmente, considerando la función ideológica (a nivel de ‘falsa conciencia’ y de ‘representación de la realidad’) que ejerce el fútbol sobre las masas. Aparte de ser un juego cuya arquitectura radica en la destreza y habilidad para guiar un balón hasta la portería contraria, como deporte de masas el fútbol está permeado por una base mítica y simbólica cuyo gran  ritual se consuma en el propio estadio o en las canchas retroalimentando actitudes nacionalistas y de emoción desbordada (los ‘hooligans’ingleses o los ‘tifosi’italianos, como ejemplo)  provocando la desilusión y el dolor ante el fantasma de la derrota. En este contexto, ubicado en el ‘continuum del contenido’ dentro del espacio de la ‘función semiótica’ (correlación entre el plano de la expresión y el plano del contenido)  la memoria colectiva siempre está a flor de piel.

El nacionalismo posmoderno se nutre vía los estereotipos y arquetipos de la ‘mass culture’ (desde ‘Spider Man’ hasta el Sup Marcos pasando por Juan Diego y por ‘Big Brother’) incluyendo toda clase de basura generada por la mercadotecnia y por la publicidad masiva. En este ámbito, los partidos políticos actúan como ‘productores de ideología’ vía su propio Discurso (sic) y sus ‘puestas en escena’ centradas en sus principales ‘sujetos de la enunciación’ (Semiopragmática Política). Y ante el escenario del 2003, donde se definirá la nueva conformación de fuerzas en el Congreso, el partido de Fox (el PAN, a nivel de simulacro) está en franco declive. Desafortunadamente, el PAN, ligado metonímicamente con las botas, las hebillas, el caballo “El Rey” y los bigotes de recio ranchero de Fox deberá cargar con la ‘cruz de la derrota’ en este Mundial.

Y si los mercadólogos y estrategas del PAN y de Fox piensan que nada sucederá en las elecciones en puerta, donde además están en juego gubernaturas en poder del PAN (Querétaro, Nuevo León), alcaldías y congresos locales, están muy equivocados. Jugar con los símbolos sociales (Harry Pross) y con las modalidades simbólicas (Umberto Eco) es jugar con fuego. Y el juego del poder tiene que enfrentar, en forma cotidiana, este gran riesgo donde no hay empates. Esta fue la apuesta de Fox ante el rol de México en el Mundial (asumió como propios los triunfos y las derrotas del ‘Tri’) y éste deberá ser el precio que deberá pagar: la derrota del foxismo-panismo en el 2003 como preámbulo doloroso del 2006.

Aunque aún les queda una carta a los foxistas: la ya citada entronización de Juan Diego cuya carga simbólica puede ser hábilmente capitalizada por la élite en el poder. Pero ello exige de cabilderos visionarios adiestrados en el arte de la persuasión y de la construcción de toda clase de alianzas, pactos y acuerdos. Y por supuesto, de lo más importante: que el nuevo santo empiece a producir ‘milagritos’ para generar credibilidad y tornarse verosímil, y uno de estos milagritos sería jugar con la reelección camuflageada del propio Fox vía la inteligentísima Marta Sahagún. Así que, ¡a preparar los cirios pascuales!.

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