Semiótica del Poder
Septiembre 8 de 2002
'Cogobernar': el "arma mortal"de Fox
 
Por Pablo Espinosa Vera

Los países desarrollados destinan amplios porcentajes del PIB al rubro ‘Investigacion y Desarrollo’ o ‘Research & Development’ (‘R&D’) lo que repercute en altos niveles de bienestar y de la calidad de vida entre sus habitantes. En este contexto, además de los recursos asignados por los gobiernos a dicho rubro, que resulta estratégico para conservar su status geopolítico y socioeconómico destacan las partidas de  empresas globales o transnacionales que destinan hasta el 30% o más de sus ingresos al área de ‘D&R’ en abierta sinergia con universidades e instituciones públicas y privadas conformadas como verdaderos ‘think-tanks’ de teorías y propuestas de experimentación, innovación y transformación.

Esto, en México no sucede. En nuestro país el Gobierno Federal asigna un 0.6% del PIB a dicho rubro (la ONU recomienda, como mínimo, el 1% del PIB) por lo que la investigación científica y tecnológica y su campo de aplicación permanecen en un rezago impresionante  a pesar de los $3,314 millones de pesos destinados al CONACYT en el 2001 que se elevarán a $4,366 en el 2002, rezago al que coadyuvan las propias empresas y corporativos que destinan al rubro de ‘R&D’ una mísera porción en comparación con otras naciones: apenas el 25% del gran total dejando al Gobierno la responsabilidad de cubrir el 75% restante (en Corea del total de lo invertido en ciencia y tecnología las empresas aportan el 73%; en España la inversión es del orden del 50% mientras que en Brasil alcanza el 40%, según lo destacó el propio titular del CONACYT, Ing. Jaime Parada Avila durante la presentación del Programa Especial de Ciencia y Tecnología –PECyT- en octubre de 2001).

En dicho documento testimonial presentado ante el Presidente Fox, que se puede consultar por internet (http://info.main.conacyt.mx/daic/index.htm) mencionó otro dato importante en el ámbito de formación de recursos humanos dedicados a la investigación científica y tecnológica: de los 25,000 investigadores activos solo el 20% (5,000) trabajan en empresas y en áreas vinculadas con la producción; en Estados unidos el porcentaje es del 81%; en Corea, 68% y en Canadá, 56%. Asimismo, hizo énfasis en las metas a alcanzar para el sexenio en el área de formación de recursos humanos: doblar la cantidad de investigadores hasta 50,000, de los cuales el 40%  deberían ostentar el grado de doctorado  (aparte de los programas de investigación científica y de desarrollo tecnológico, el otro eje rector del CONACYT lo representa el ámbito estratégico de recursos humanos impulsando niveles de alta especialización en México y en el extranjero a través del Programa de Apoyo para investigadores Mexicanos).

Ostentoso marco legal e institucional

El fantasma de la burocracia y de la gran retórica oficial permea el universo de la ciencia y de la tecnología: además de existir una nueva Ley de Ciencia y Tecnología (se derogó la Ley para el Fomento de la Investigación Científica y Tecnológica expedida el 21 de mayo de 1999) donde se propone crear un Consejo General de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico presidido por el Primer Mandatario y operado por el director del CONACYT (algo similar, toda proporción guardada, a la ‘Office of Science & Technology Policy –OSTP- que opera como staff de la Casa Blanca en la materia y cuyo Director John H. Marburger III, Ph.D. funge también como Presidente del poderoso ‘President’s Council of Advisors on Science & Technology’ –PCAST-  el que, junto con el ‘National Science and Technology Council’ conforman un bloque de ‘think-tankers’ al servicio de George W. Bush de poder y alcances casi ilimitados), existe una nueva Ley Orgánica del CONACYT remitida al Congreso por el Presidente Fox el 4 de diciembre de 2001 y aprobada posteriormente, tras pasar por las Comisiones respectivas,  por el pleno del Poder Legislativo.

Aparte del marco legal destaca el maremágnum de megainstituciones corporativistas como el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República coordinado por Pablo Rudomín (ccc@data.net.mx.mx) que ‘opera’ como la OSTP de Washington, D.C., la Academia Mexicana de Ciencias, el Foro Mexicano de Ciencia y Tecnología, la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y Desarrollo Tecnológico A.C. –ADIAT-, el Sistema Nacional de Investigadores (incluye 8,062  miembros ‘becados’ de por vida; en 2001 se erogaron $795 millones de pesos en este concepto instaurado desde 1995 con un gasto anual similar), los Centros SEP-CONACYT (28), los Consejos Estatales de Ciencia y Tecnología (19) así como instancias representativas de instituciones de educación superior (ANUIES –134 instituciones-, UNAM, IPN, UAM, ITESM y el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN –CINVESTAV- además de la Fundación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior –FIMPES-) y de organismos empresariales como la CANACINTRA (30,000 empresas) y la COPARMEX (30,000 miembros investigadores), infraestructura ‘cabildeada’ por las Comisiones de Ciencia y Tecnología del Congreso en la llamada ‘consulta para el decreto’ (incluye el sondeo a  7256 miembros de la comunidad científica y tecnológica sin incluir a expertos del ITESM por causas desconocidas) para legislar en torno a las nuevas leyes antes mencionadas.

A pesar de este impresionante ‘hardware’ (más que ‘software’ de materia gris), la ‘R&D’ sigue brillando por su ausencia aunque exista un flamante ‘Premio de Ciencia y Tecnología’ dotado con $450,000 pesos (limitado a residentes de Centro y Sudamérica más la zona del Caribe y España) que en el 2001 se le entregó al Dr. Ricardo Bressani Castagnole de la Universidad Valle de Guatemala y del INCAP (Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá) por sus aportaciones en el potencial nutritivo de alimentos básicos (menú de los pobres) como cereales, leguminosas de grano, semillas oleaginosas, etc.

Más signos para retroalimentar el optimismo

El rezago en ‘R&D’ se refleja, por ejemplo, en el pobre número de patentes registradas a nivel mundial. En el período 1990-2000, de 700,000 patentes registradas pertenecieron a México 5,000 (destacan en este contexto las referentes a la tecnología del maíz y de la tortilla impulsadas por MASECA y por su Presidente Roberto González Barrera) que contrastan con las 17,000 tramitadas por Corea. A nivel de empresas transnacionales tan sólo en el año 2000 el corporativo IBM registró 2,886 patentes; NEC Corp. 2,021; Canon K’K, 1,890; Samsung Electronics Co. Ltd., 1,441y Sony Corp. 1,385, por solo citar a las primeras cinco en el ‘ranking’. Otro signo ominoso de este rezago propio del subdesarrollo en el plano de la ‘science & technology intelligence’lo representa el número de graduados en el nivel de doctorado: mientras en México se gradúan 1,000 doctores por año (no todos repatriados con referencia a los inscritos en universidades extranjeras y que gozan de becas del CONACYT; la ‘fuga de cerebros’ en sí representa un grave problema estructural ante la pobreza de ‘demanda’ en México y de salarios indignos) en Brasil se titulan 6,000; 5,900 en España; 4,000 en Corea y 45,000 en Estados Unidos en el mismo período anual.

En el documento leído ante el Presidente de la República por el director del CONACYT se consigna, a nivel de simple enunciado, la creación de un Programa de Fortalecimiento de Postgrado Nacional sin entrar en detalles y en un Informe sobre el ‘Ejercicio del 2001 y las Proyecciones del 2002’ presentado a la comunidad científica y tecnológica se observa en las gráficas y concentrados que la SEP ‘escamoteó’, dentro del rubro de ‘transferencias de economías de la SEP’, más de $44 millones de pesos al organismo en cuestión de los cuales  $30 mdp estaban asignados al programa de Formación de Recursos Humanos de postgrado (en el 2001 se aplicaron $1,313 millones en el rubro de  becas contabilizando 18,900 entre ‘vigentes’ y ‘nuevas’; de éstas, 77% son nacionales y 23% para estudiantes en el extranjero y del gran total sólo el 20% están destinadas al ámbito de doctorado y otro 20% a ‘especialidades postdoctorado’).

En el contexto del esquema de la Casa Blanca, la OSTP, a través de la NSTC contempla la existencia de un ‘Committee on Technology’ del que se deriva una instancia dedicada al estímulo de la investigación científica y tecnológica reconocida como ‘Interagency Working Group on Information Technology R&D’ –IWG on ITR&D- que tiene entre sus responsabilidades atender los PCAs (‘Program Component Areas’) destacando el uso de tecnología de punta. Los dos grandes programas son el ‘High End Computing  Infrastructure and Applications’ –HECI&A- y el ‘High End Computing R&D’ del cual se desprenden los siguientes subprogramas de especialidad:

-         Human Computer Integration Interaction & Information Management (HC I&IM);

-         Large Scale Networking (LSN);

-         Software Design and Productivity (SDP);

-         High Confidence Software and Systems (HCSS);

-         Social Economic and Workforce Implications of IT and IT Workforce Development ((SEW).

Por supuesto, no se trata de copiar ni de competir con los ‘patterns’ gringos al pie de la letra, pero vale la pena ‘fusilar’ su metodología de punta y su interés y concentración, a nivel de ‘staff’’ presidencial, del ‘R&D’ que los ha catapultado al primer sitio en el ámbito de las aplicaciones de la ‘science & technology’, universo que en México aún no se digiere ni se ha logrado decodificar, causal estructural de nuestro ancestral subdesarrollo que seguimos cargando a cuesta de mula. Pero se vale soñar, como lo refleja el texto leído por el titular del CONACYT al presentar la utopía del ‘Programa Especial de Ciencia y Tecnología 2001-2006’ que difícilmente despegará.

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