Semiótica del Poder
Noviembre 17 de 2002.
   Womack: “¡Y que Viva Zapata!”
 
Por Pablo Espinosa Vera

A tres días de celebrarse el 92 aniversario de la Revolución Mexicana los principales ‘metálogos’ (creadores de metalenguajes) de ‘The New PRI’ están exprimiéndose el cerebro para resucitar y ‘resemantizar’ el agotado discurso de la “revolución institucionalizada” que arropará a los posmodernos priístas cuyo ‘telos’ (Aristóteles) está bien definido: recuperar, en el 2006, la ‘joya de la corona’ (léase: Presidencia de la República) vía sus inefable líderes Roberto Madrazo Pintado & Elba Esther Gordillo.

Tras el escabroso tránsito de la ‘tecnocracia priísta’ de triste memoria (1980-2000) que hundió al país en la pobreza y en el desencanto y enfrentados a la política neocapitalista más incruenta de manufactura foxista (el Presidente Fox acaba de concluir una nueva travesía por Gran Bretaña, Irlanda y Francia enfocada a reavivar el tema del intercambio comercial con los países europeos donde el TLCUE no ha logrado detonar las relaciones comerciales, como lo ha publicitado hasta el hartazgo el Embajador ante el Parlamento Europeo Porfirio Muñoz Ledo), los tricolores tienden a reconstruir la escenografía que dota de sentido a su propia Declaración de Principios: la de la casi extinta Revolución Mexicana, olvidada y menosprecida por tecnócratas, tecnoburócratas, pragmáticos, estructuralistas y  funcionalistas de todos los colores y sabores (Zedillo, en el primer sítio del ranking).

John Womack, eminente intelectual de la Universidad de Harvard y autor de un libro paradigmático dedicado al más auténtico de los revolucionarios de dicha gesta histórica que es preciso leer y releer (Zapata and the Mexican Revolution; NY: Random House, Vintage Books, 1970), además de defensor a ultranza del ‘liberalismo social’ salinista (considera que el libro del exPresidente, ‘México, el difícil paso a la modernidad’ es una obra clásica dentro de la posmoderna bibliografía del sistema político mexicano) vuelve a ponerse de moda ante  los priístas que deberán nutrirse de lo más excelso del paleolítico discurso revolucionario para adecuarlo al neobarroco imaginario simbólico de las mayorías de mexicanos del tercer milenio que se han olvidado de próceres como Madero, Villa, Zapata y Carranza y hasta de villanos como Porfirio Díaz y Victoriano Huerta, entre otros muchos dejando el paso a los nuevos ‘arquetipos’ provenientes del universo y de la mythologie (R. Barthes) de la ‘mass culture’ de la cual forma parte el controvertido  telefilm de Antonio Banderas producido por HBO Films: “And Starring Pancho Villa as Himself” bajo la dirección de Bruce Beresford (como contrapunto, existe el magnífico film de Elia  Kazan “Viva Zapata” –1952- protagonizada por Marlon Brandon y Anthony Quinn así como la anunciada película dedicada al héroe del Sur que protagonizará  Alejandro Fernández “El Potrillo” –también se pensó en Antonio Banderas para el papel, versión negada por el director Alfonso Arau-, la que prosigue en ‘stand by’).

El ‘nuevo discurso’ de la posmoderna Mexican Revolution

Los factores, a nivel de ‘revisionismo’ que deberán incluir y desarrollar con objetividad los artífices del ‘new discourse’ priísta son los siguientes, incluyendo como fondo musical rolas de ‘Café Tacuba’ (“Chilanga Banda”) y de ‘Maldita Vecindad’ (“Pachuco”) : la prioridad de la Política Social sobre la Macroeconómica (¿hasta cuando se definirá el tema de lo Social como ‘Política de Estado’ que sirva de auténtico ‘paraguas’, al margen de vaivenes políticos, a los casi 70 millones de pobres y desvalidos connacionales que pululan por nuestro país?); la preservación de los recursos naturales (petróleo en primer término en abierta ‘venta de garage’ como lo ofreció Fox a empresarios británicos en su reciente gira al referirse a la “reinvención total” de la industria petroquímica y a la emisión de licitaciones para la extracción de gas natural remitiéndose a los famosos e ilegales ‘Contratos de Servicios Múltiples’ inventados por PEMEX : “Caballeros, ¡la mesa de negocios está puesta y México y el Reino Unido deben disfrutarla!”) como bienes de la Nación como lo estipula el artículo 27 de la Carta Magna que a la letra dice:“...tratándose del petróleo y los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radiactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que, en su caso, se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la ley reglamentaria respectiva”.

Otros de los temas a incluir en el posmoderno ‘catecismo ideológico’ tricolor son: la urgente Reforma del Estado para modernizar y adaptar, a las nuevas expectativas y ‘Weltanschauung’ de la sociedad contemporánea, el complejo y laberíntico marco interinstitucional que rige la vida de los mexicanos; la Política Educativa, que se ha quedado estancado bajo códigos cuaternarios impuestos por burócratas y por corruptos líderes sindicales; la Participación Social, incluyendo instrumentos de consulta como lo son el referéndum y el plebiscito (ya reconocidos en el ámbito de la Ciudad de México gracias a la tarea legislativa emprendida por la ALDF); la revisión de contenidos distribuidos impunemente por la industria massmediática quien le rinde culto al Dios ‘Rating’ en menosprecio de la conciencia nacional (Enzensberger); la reivindicación de los olvidados y pisoteados ‘indios de México’ (Fernando Benitez) que claman por una ley que reconozca sus derechos y tradiciones (el texto original elaborado por la Cocopa y aprobado por el EZLN y por el Gobierno federal desde 1996, mismo que fue desechado por el ala más conservadora del Congreso de la Unión) y muchos temas nacionales del mismo tenor.

Lorenzo Meyer en un texto anterior señalaba que, entre los tópicos que se encontraban en el centro del debate y de la lucha política, aparte del ya señalado de  la Reforma del Estado, estaban el de la reconstrucción total del edificio jurídico para responder a las demandas de auténtica procuración de justicia; el referente a la inclusión de México a la economía global con todas sus secuelas (neodarwinismo social; generación de pobreza; desempleo; pauperización de los hombres del campo; pragmatismo en el entorno laboral), y el de la brutal concentración del ingreso y de la riqueza que ha ido en aumento, a favor del decil X del INEGI –los ‘superricos’ ubicados en la punta de la pirámide poblacional- como lo consigna el propio ‘Coeficiente de Gini’ (In Memorian Una herencia ambigua; 20-XI-97).

¿Logrará, el PRI, ‘resemantizar’ los postulados de la vieja Revolución?

La Constitución de 1917 recoge y sintetiza los ideales que dotaron de sentido al movimiento revolucionario (1910-1920). El PRI, al fundarse bajo la égida del Maximato  (Plutarco Elías Calles) como PNR –Partido Nacional Revolucionario-, se apropia del espíritu y de la forma de la Carta Magna para construir su propio discurso político e ideológico amén de constituir la mítica ‘Familia Revolucionaria’ (la unificación de caudillos y caciques en su primera etapa) además de erigirse como salvaguarda del propio texto constitucional como lo establece el artículo 1 de sus Estatuto: “El objeto del Partido Nacional Revolucionario es el de mantener de modo permanente y por medio de la unificación de los elementos revolucionarios del país una disciplina de sostén al orden legal creado por el triunfo de la Revolución Mexicana.".

Lázaro Cárdenas,  verdadero artífice de la política de masas vía la creación del movimiento obrero (CTM) y campesino (CNC) que conforman los signos de identidad del moderno PRI junto con el sector popular fundado bajo la presidencia de Miguel Alemán (CNOP) dota de sentido y de eficacia a la megamáquina político-electoral que impuso su hegemonia durante siete décadas ante el asombro de politólogos como Maurice Duverger, Peter H. Smith y Roderic Ai Camp, hasta que ésta se desgastó y se desfasó por la irrupción de los tecnoburócratas en los 80s y por el surgimiento de la  sociedad civil que cuestionó y puso en jaque los aristotélicos enunciados priístas de corte metafórico y triunfalista enfrentados a una fría realidad en blanco y negro.

Pero, nuevamente, ante los actos fallidos del gobierno foxista, el PRI tiene la oportunidad de escenificar un ‘aggiornamento’ o proceso de adaptación a la nueva realidad  y retornar a Los Pinos en el 2006 para lo que requerirá dotar de nuevos significados a su obsoleta ‘Declaración de Principios’ (más los Estatutos y el Programa de Acción que conforman la ‘Summa Teológica Priísta’) en forma paralela al ‘revisionismo’ de los postulados de la Revolución Mexicana, tarea que deberá emprender a la brevedad y que representa un ejercicio teórico y conceptual verdaderamente colosal.

La pregunta que flota en el ambiente es la siguiente: ¿quiénes serán los genios (‘metálogos’) que lograrán esta hazaña, que involucra la propia transformación de la Constitución Política, ante la ausencia de un ‘think tank’ donde sería imprescindible la participación del extinto don Jesús Reyes Heroles?. Ese es el gran desafío del PRI para retornar al poder.

Al margen de la ‘semiopragmática’ (puestas en escena y rol de sujetos de la enunciación estableciendo prácticas discursivas de todos los bemoles), la élite tricolor requiere, urgentemente, de un ‘pool’ de ‘semiopolíticos’ (semiótica política) que conformen la nueva arquitectura discursiva que les permita empatarse con el imaginario simbólico de los electores y de las grandes mayorías, y el tiempo apremia.

¿Retornarán, al expartidazo, pensadores y ‘exrevolucionarios’ que ya militan en otras organizaciones políticas como Manuel Camacho Solis, Enrique González Pedrero o Porfirio Muñoz Ledo? . Es de dudarse (aunque no descartable). Y mientras, el PRI deberá echar mano de sus activos los que difícilmente lograrán, como Hércules, salir avantes del gran reto que significa resucitar y resemantizar a una fantasmática y nebulosa “Revolución Mexicana” transformada en una ‘Gran Metáfora’ (Ricoeur, Derrida)  confinada al reino de la enunciación pura donde los referentes (la realidad en sí) brillan por su ausencia.

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