Semiótica del Poder
Noviembre 24 de 2002
Fox y el ‘marketing semiotics
 
Por Pablo Espinosa Vera

El próximo 1 de Diciembre el  Presidente Fox cumple dos años al frente del Poder Ejecutivo, un tercio de su período  caracterizado por una tendencia a la reinvención y a la experimentación que mantiene a la Nación en permanente ‘suspense’ (¿ejemplos?; el reciente ‘golpe de timón’ de la política exterior la cual, de detentar una muy pragmática ‘Doctrina Fox-Castañeda’ conexionada con los intereses del Coloso del Norte, protagonizó un giro imprevisible tendiendo puentes con referentes antípodas a los representados por los ‘Halcones de Washington’, como lo fue la alianza subyacente con Francia y Rusia, naciones opuestas dentro del Consejo de Seguridad de la ONU a apoyar acciones unilaterales del Imperio USA en sus intenciones aviesas de lanzar una guerra contra Irak; en el mismo tenor se ubicó el voto en el seno de la ONU en contra del embargo  económico operado por los EE.UU. contra Cuba –Fox empieza a cabildear una futura reunión con el Presidente Castro para limar ‘asperezas’- sin soslayar la potencial alianza con el recién elegido Presidente de Brasil Luiz Inacio ‘Lula’ da Silva, aliado de Castro igual que Hugo Chávez y procedente del izquierdista Partido de los Trabajadores al que Washington observa con reservas, por no decir que con abierto desagrado por su abierta obsesión ‘antiglobalizadora’ y por su fobia antiestadounidense. Por supuesto, este ‘gran viraje’ simboliza la inminente salida de la Cancillería de Jorge G. Castañeda, quien apostó su raquítico capital político al ‘Imperio USA’ manteniéndose en la antesala para sustituirlo desde el Subsecretario de Relaciones Exteriores y de Asuntos de Europa Enrique Berruga hasta los flamantes y ‘disidentes’ Embajadores Adolfo Aguilar Zínzer y Porfirio Muñoz Ledo, ambos contrapunteados con el ahora molesto Canciller identificado, desde su arribo a Tlatelolco,  con la centro-derecha ideológica).

En el ámbito nacional los tropiezos se han sucedido, interminables, por falta de un eficaz sistema de cabildeo o lobbying (la Secretaría de Gobernación aplicará $ 178 millones de pesos para tal fin en el 2003) aunado a un severo ‘rompimiento de lanzas’ con instancias de poder como lo son el bloque de gobernadores de la Oposición (PRD y PRI) integrados a la CONAGO (Conferencia Nacional de Gobernadores) o las propias Cámaras que conforman el Poder Legislativo, denunciadas por Fox en una reciente conferencia impartida en la Universidad de Oxford durante su reciente visita a Gran Bretaña, por no citar las malas relaciones con partidos políticos como el  PRD y el PRI (la amenaza del ‘Pemexgate’ pende sobre la cabeza de los labastidistas-zedillistas como la ‘Espada de Damocles’, lo que ha puesto nervioso hasta al ex Presidente Zedillo que intenta, desesperadamente, congraciarse y lograr el apoyo de Fox) con los que no ha logrado construir consensos que resistan “pruebas de fuego” (las ‘reformas estructurales’, como la energética y la fiscal,  permanecen en tierra de nadie por la incapacidad de negociación demostrada por los foxistas destacando el pobre papel representado por las huestes de Santiago Creel, Francisco Gil Díaz y Ernesto Martens, entre otros secretarios’ triple A’.

Contundente fracaso de  la política económica

En el ámbito de la política económica el Presidente y su ‘think tank’ de macrofinancieros no han logrado consolidar grandes objetivos (la recaudación tiende a descender ante el fracaso de una mal visualizada ‘reforma fiscal’ mientras las exigencias de recursos, priorizados en gasto corriente a expensas de la inversión pública y de partidas asignadas a los estados, aumentan día a día) a pesar de presumir que se mantiene la estabilidad macroeconómica ante las turbulencias del exterior lo que se refleja en el control de la inflación (a un dígito) , bajas tasas de interés, una paridad cambiaria regida por las fuerzas del mercado y un déficit fiscal de 0.65% del PIB proyectado a 0.5% para el 2003 incluyendo en el contexto de las ‘cuentas alegres’  las expectativas de crecimiento de un 3% del PIB para el mismo período, lo que se antoja difícil (en los dos primeros años de gobierno foxista  el crecimiento del PIB a oscilado entre 0.0% y 1.3% aunque Eduardo Sojo, responsable de Políticas Públicas, insista en que se llegará al 2% en el 2002).

En el primer tercio de la ‘Era Fox’ el gasto social ha resentido un grave retroceso (educación, salud, programas de combate a la pobreza), escenario que parece se prolongará hasta el 2003 partiendo de la conformación del paquete económico remitido por el Ejecutivo al Congreso donde el gasto corriente representa más del 85% (iniciativa de Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos de la Federación), depresión aunada a una negativa generación de empleos (se ha perdido más de un millón de puestos de trabajo en el período ante la falta de estímulos y de recuperación del mercado interno) por efecto de la recesión económica y la reducción de la planta productiva (consecuencia, en gran parte, por  la desaceleración de la economía estadounidense) ligado a la propia falta de inversión pública y a la ausencia de las ‘reformas estructurales’ en eterno ‘stand by’.

Los efectos de este impasse económico, que han repercutido severamente en sectores como el rural (amenazado, por su falta de competitividad a pesar del publicitado ‘blindaje agropecuario’,  por la apertura total de las fronteras a productos alimentarios provenientes de Estados Unidos y Canadá en enero del 2003 como lo especifica el TLCAN), el laboral (la propia reforma laboral, promovida por los estrategas de Carlos Abascal desde la STyPS se enviará al Congreso hasta el 2003 por falta de consenso entre trabajadores, empresarios y sindicatos), el energético (PEMEX intenta ‘filtrar’y legitimar  los famosos ‘Contratos de Servicios Múltiples’ para dar cabida a la inversión privada en la explotación de la petroquímica y de extracción de gas en la Cuenca de Burgos –lo que promovió el Presidente Fox ante empresarios británicos en su pasada gira por Gran Bretaña- mientras la industria eléctrica se mantiene paralizada, en el ámbito de las inversiones requeridas  ante el bloqueo de resoluciones legislativas ligadas con la ‘reforma eléctrica’), de la construcción y de otros rubros simboliza el fracaso de la política económica del régimen, escenario que tiende a complicarse ante la renovación de la Cámara de Diputados en el 2003 donde difícilmente logrará el PAN hacerse de la mayoría para facilitar la aprobación de las iniciativas de Fox, ante el imprevisible avance de los partidos de la Oposición: PRI y PRD.

Gravemente deteriorada, a nivel de ‘crack’, la imagen presidencial

En el caso específico del Presidente Fox los efectos del ‘marketing político’ tienden a perder efectividad a pasos abismales. El estilo de ‘hacer política’ y de ejercer el poder supremo por parte del Tlatoani en turno ha generado desencanto y frustración en las grandes mayorías que confiaron en Fox y que apostaron a una transición democrática sin adjetivos (Krauze). Pero, a dos años de la alternancia en el poder, por ninguna parte se perciben signos y efectos de la tan cacareada ‘transformación radical’ que llevó al ‘Candidato del Cambio’ a Los Pinos. En su lugar, se ha instaurado un régimen de corte aristocrático cuyos principales protagonistas, emulando a sus ‘odiados’ antecesores priístas, se dan una vida más que principesca entre viajes ostentosos, salarios estratosféricos, bodas palaciegas, espectáculos de primer mundo, oficinas versallescas y demás cosas por el estilo. Las ‘delicias del poder’, sin más.

Ante dicho escenario de frivolidad y de ‘hoguera de las vanidades’ (Tom Wolfe) la reacción de la ciudadanía no se ha dejado esperar y el referente más espectacular de este ‘golpe de timón’ protagonizado por la sociedad es el insólito repunte del PRI en el ánimo de los electores destacando, entre espectaculares ‘performances’, el factual ‘revival’ del PRI en Nuevo León en cuya reciente elección interna del pasado 17 de noviembre acudieron a las urnas casi 400,000 votantes con credencial del IFE en la mano cuando los líderes locales estimaban una afluencia no mayor a 100,000 sufragantes. El triunfo de Natividad González Parás como candidato del PRI y como potencial gobernador en los comicios de julio del 2003 simboliza, como lo dejó entrever el propio presidente Fox al brindarle su apoyo al panista Mauricio Fernández, el fin del ‘proyecto foxista’ y un severo ‘voto de castigo’ contra el PAN que en dicha entidad desilusionó a los millones que se volcaron en las urnas a favor del panista Fernando Canales Clariond en 1997 y que no encontraron en el gobierno blanquiazul el tan esperado ‘aparato de respuesta’ a sus demandas y expectativas, lo mismo que está sucediendo con el gobierno federal presidido por Fox divorciado de la ‘Weltanschauung’ ideológica (Karl Manheim) que permea a la posmoderna sociedad mexicana del tercer milenio cuya ‘visión de la realidad’ se rige por el escepticismo y por actitudes eclécticas y desmitificadoras ( ‘hermenéuticas’, dialógicas, partiendo de la interpretación filosófica de Gadamer) volcadas en la arena de la comunicación pública (Wolton, Verón, Ferry).

El ‘aggiornamento’ del PRI y de su líder Roberto Madrazo, cuyas probabilidades de arribar a la Presidencia de la República en el 2006 suenan cada vez más viables, es la resultante más significativa de la debacle del gobierno foxista que no ha logrado empatar su discurso con el imaginario mítico y simbólico de las grandes mayorías por la notoria ausencia, dentro de los ‘think tankers’ vigentes, de expertos en el análisis y estudio de las expectativas simbólicas del ciudadano medio, ámbito del ‘marketing semiotics’ (el elector, en sí, es un potencial ‘consumidor’ de signos políticos), el que se ha menospreciado en aras de un deslumbrante ‘marketing politics’ que todo lo reduce a ‘productos a vender’ (desde el Presidente hasta las Políticas Públicas y el ‘anecdotario de Estado’) sin reparar en que dichos ‘productos’ ya perdieron su feeling (poder de seducción) ante una ciudadanía harta de enunciados ‘arreferenciales’ (promesas color-de-rosa). Los ‘semiopolíticos´(expertos en semiótica política o en ‘semiótica del poder’, como se titula esta columna) se concentran y se preocupan por las expectativas y visiones del receptor, como lo han destacado teóricos como Umberto Eco, Paolo Fabbri, Augusto Ponzio, Harry Pross, Herman Parret y Teun A. Van Dijk, entre otros, antes que por el emisor, cuyas prácticas discursivas acompañadas de faraónicas ‘puestas en escena’ en nada contribuyen y nada tienen que ver con lo que espera el destinatario último de sus gobernantes en quienes confió y a los que impulsó para arribar a posiciones de poder. Y en esto se sintetiza el fracaso del “Gobierno del Cambio” cuya élite en el poder ha resultado la única y la gran beneficiaria en este negro período (2000-2002).

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