Semiótica del Poder
Octubre 22 de 2000
La 'teoría de los pactos' en Semiótica de Fox
 
Por Pablo Espinosa Vera

El “Huracán Salinas” se transformó en lluvia tropical tras la “bomba mediática” que le estalló en la cara al exPresidente,  de efectos imprevisibles. El éxito augurado a su obra maestra “México un paso difícil a la modernidad” se vino, momentáneamente, al traste al escenificarse un performance filial no previsto ni por el más agudo novelista que podría titularse “Salinas el difícil paso a la posmodernidad” protagonizado por dos egregios miembros del clan: Raúl Salinas (el famosísimo “hermano incómodo” amigo de narcotraficantes, de quien la CNN divulgó su ‘suicidio’) y Adriana Salinas (la viuda del extinto José Francisco Ruiz Massieu y fans número uno de su hermano Carlos) quien, festejando el retorno triunfal del exPresidente vía llamada telefónica a Almoloyita

(intervenida por el CISEN y/o Gobernación aunque lo haya negado rotundamente Dionisio Pérez Jácome)  provocó la katharsis (sic) de Raúl, explosión pasional  que haría palidecer

al propio Shakespeare orgulloso de su Macbeth, cuento infantil comparado con la novela negra puesta en escena que nos recuerda lo dicho por Mario Ruíz Massieu durante su kafkiano proceso que lo llevó a la tumba: “...los demonios andan sueltos...”.

     Pero Carlos Salinas no se da por vencido tan fácilmente y espera el segundo round, que no tardará mucho en pactarse, para enfrentar a su odiado enemigo quien aún despacha en Los Pinos desde donde, se rumora, surgió la orden para hacer pública la grabación dentro del popular Noticiero de Joaquín López Dóriga, quien acababa de entablar un pleito enunciatario con el propio exPresidente  (un desafío para ver quién de los dos sujetos de la enunciación era capaz de “tragar más saliva y comer más pinole” en su rol actoral de dueños de la palabra, del micrófono y de las cámaras)   dentro del programa Zona Abierta conducido por el (hasta ese día) salinista Héctor Aguilar Camín (éste último, como Pedro, ya renegó de “El Mesías méxicoirlandés” tras disiparse sus dudas acerca de la naturaleza corrupta del exMandatario que le prodigó riquezas y privilegios a granel a él y al grupo que presidía).  Por supuesto, en dicho lance mediático, Salinas derrotó a su interlocutor con su estilo avasallador, pero éste se cobró el agravio 48 horas después al pasar al aire la grabación del milenio erigiéndose como el ‘héroe massmediático’ de la noche aunque, como se pregunta Paolo Fabbri en su libro El giro semiótico: “...¿Quién es el sujeto de la enunciación de un telediario? ¿El locutor’ ¿La redacción? ¿La cadena que lo transmite? ¿El grupo televisivo al que pertenece la cadena? ¿Las fuerzas políticas que están detrás del grupo televisivo? Es como si hubiera un enunciador cada vez más atrás, y el telespectador siempre es consciente de su presencia...” (Gedisa, Barcelona, 1999, p. 122). En síntesis: ¿Carlos Salinas intentó “manipular” y “montarse” sobre Televisa para denostar a Zedillo a sus anchas, y le salió el tiro por la culata?.Cuestión de preguntarle a Emilio Azcárraga Jean.

     Además de provocar, con la grabación al aire, un  alud de opiniones adversas en contra de Salinas, de proporciones colosales, que difícilmente logrará remontar el exMandatario, una nueva amenaza se cierne sobre su cabeza (y la del propio Raúl): el de ser acusado de ‘narcopresidente’ acudiendo a toneladas de pruebas que permiten inferir los vasos comunicantes existentes, durante su gestión, entre los Cárteles del narcotráfico y la residencia oficial de Los Pinos utilizando como “puenteo” al hermano incómodo, lo que

llegó a revelar el propio representante de la DEA en México Milke Vigil desde 1996 en un documento remitido a la PGR y como lo acaba de reconfirmar el excomandante de la policía judicial y ahora protegido de la DEA Guillermo González Calderoni en el programa Frontline de la cadena de televisión pública Public Broadcasting Service de los Estados Unidos donde acusó a Salinas de mantener nexos con el excapo del ‘Cártel del Golfo’ Juan García Abrego, a quien le pidio el “favor” de mandar asesinar a los operadores políticos de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, Francisco Xavier Ovando y Román Gil. Esta acusación, que puede representar el ‘as’ bajo la manga guardado celosamente por el Presidente Zedillo, significaría la ‘muerte política, ideológica y financiera’ del exMandatario al provocar el repudio de la opinión pública internacional en su contra y el de ser considerado persona non grata en la mayor parte de las naciones  que visita regularmente, aparte de las demandas legales que tendrían que enfrentar él y sus allegados (de Raúl, ya ni hablar).

¿Existe un ‘pacto’ de Fox con Salinas...o con Zedillo?

     En este doble  affaire “Salinas vs Salinas”y “Salinas vs Zedillo”  el Presidente Fox se ha mantenido al margen a pesar de ser un apasionado de toda clase de juegos enunciatarios donde ha demostrado ser un experto, al extremo de haber hecho pedazos el discurso de los priístas y de haberlos sepultados, fácticamente, “hechándolos de Los Pinos”, como lo prometió. Y la pregunta obligada es: ¿Por qué Fox guarda silencio en un tema que le ha de estar quemando los labios?. Quizás por dos ‘razones’ que superan sus ansias de gran torero enunciatario: por una parte, el posible  ‘pacto estratégico’  entablado con Salinas en La Habana o hasta por vía telefónica Guanajuato-Dublín  para lograr el apoyo de la clase política y empresarial de signos ‘salinócratas’ (el principal grupo de presión está conformado por élites leales a Salinas por ‘razones’ de complicidad, como en las mafias)  y, por el otro, el ‘pacto político’ adquirido con su par, el Presidente Zedillo. Algo para analizar dentro de la posmoderna ‘teoría de pactos’ de manufactura foxista.

     Con relación al ‘pacto’ con Salinas, el Presidente Fox le debe algunas ‘facturas’, aunque sean indirectas al escritor más prolífico del 2000, y conociendo sus rasgos de nobleza y de lealtad (por encima de su carácter bronco y de sus exabruptos coloquiales), difícilmente lo dejará caer en el vacío, amén de poder capitalizar la inmensurable red de relaciones que mantiene el exPresidente con los macroinversionistas del planeta y con el sistema nervioso macrofinanciero posicionado en Wall Street cuyas corredurías y principales brokers saben quién es Carlos Salinas en materia de altas finanzas. Por algo, hasta los quisquillosos head-hunters contratados por Fox y por Pedro Cerisola lo podrían proponer en el Gabinete como flamante ‘Superasesor Macrofinanciero Global’ considerando que, en dicho ámbito, y a excepción de genios financieros como Pedro Aspe, la  “caballada está flaca”.

    Pero, además,  Fox le debe a Salinas el haber contribuido a la reforma constitucional que permite que mexicanos, hijos  de padres extranjeros,  pudiesen arribar a la Presidencia de la República, reforma que se pensó estaba endosada para Carlos Hank González aunque Fox fue el gran beneficiado como parte del plan transexenal salinista de apuntalar al PAN para acceder a posiciones de poder hasta llegar a Los Pinos gracias a las tristemente célebres ‘concertacesiones’ instauradas en la época de Salinas como lo describí  en mi artículo anterior (“La venganza de Salinas en The Global Village; 15-X-2000). Y para cerrar con ‘broche de oro’, existe una deuda implícita de Fox hacía Salinas tras reconocer, éste, en su libro, al referirse a la lucha de Cárdenas contra Fox , que el perredista  “...dedicó las últimas semanas de su campaña a combatir a Vicente Fox, el candidato que representaba la alternativa real para derrotar al partido gubernamental” (pág. 1025), ampliando este último enunciado en la pág. 1349 con un guayabazo que no deja dudas: “México arribó al final del siglo XX con una población agraviada por razones de peso: la inseguridad y la ilegalidad; el deterioro de las instituciones; la caída de los niveles de vida de la inmensa mayoría de los mexicanos; la cancelación de programas que alentaban la organización independiente de los pobres y el descrédito internacional, entre muchas otras. En esas circunstancias, el 2 de julio de 2000, por una aplastante mayoría, los votantes quisieron acabar con el dominio del PRI en la presidencia de la República. La victoria del candidato del PAN, Vicente Fox, significó mucho más que un episodio de alternancia en el poder: fue un cambio de régimen y el fin del Partido Revolucionario Institucional como maquinaria electoral del Gobierno” (las cursillas son mías). Y como dicen en el pueblo, al buen entendedor, pocas palabras.

       Con relación al aún Presidente Zedillo, el ‘pacto político’ de Fox radica en un aspecto determinante que no es posible soslayar: en el hecho, casi factual, de que el candidato de Zedillo y el  de los tecnócratas de cepa no era el burócrata gris y retrógrado Francisco Labastida  quien tuvo que hechar mano de lo peor de la ‘nomenklatura’ ‘para levantar su campaña generando el efecto contrario quizás “aconsejado” por el mismo Presidente para darle el jaque-mate,  sino el propio Fox, garante del neoliberalismo en boga, a lo que se suma la práctica significante protagonizada por Zedillo la noche del domingo 2 de julio:  irse a la cargada y reconocer, por cadena nacional y  antes que el IFE, provocando la indignación y la ira de los priístas, el triunfo del panista. Aunque, finalmente, Zedillo no tenía alternativa ante el avance demoledor de Fox y se adelantó a los hechos capitalizando lo que para él representaba un gran triunfo en lo personal y en lo institucional: el trascender como el ‘Campeón de la Transición a la Democracia’ al operar la alternancia en el poder sin resistencia alguna por parte de la ‘ nomenklatura’ y de los ‘neoliberales’, como califica Salinas a la clase política zedillista que “traicionó” al liberalismo social. .

     Pero, finalmente, Fox, como Presidente electo, no tiene compromiso con ninguno de los dos si así lo decide, como reconoció no tener compromiso con ninguno de los coordinadores de su ‘gabinete de transición’ (sólo dos quedarán en el gabinete final, según Pedro Cerisola y los feroces ‘head-hunters’) ni con Roberto Madrazo como lo especularon muchos analistas citando la ‘concertacesión’ pactada entre ambos políticos. Y si  Fox  desconoce cualquier compromiso o ‘pacto’ con Salinas o con Zedillo, no queda más que decirles a ambos: “¡Aguas!” mientras se cierne, sobre ellos, la sombra inquisidora de Francisco Barrio, potencial zar anticorrupción que viene con el hacha al hombro, además de hechar  por la borda la flamante ‘teoría de pactos’  dirigida a “enriquecer” la críptica e inextricable Semiótica de Fox. ¡Uf!.

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