Semiótica del Poder
Junio 25 de 2000
De la 'significación', al 'caos del sentido'
 
Por Pablo Espinosa Vera

El 'Gran Discurso'  generado en las campañas electorales tiende a declinar. El día de hoy, 25 de junio, Cuauhtémoc Cárdenas escenifica en el Zócalo capitalino su performance de fin de campaña  animado por María Rojo como Fox lo protagonizó el día de ayer conducido por Eric del Castillo,  a casi una semana de que el candidato del PRI hiciera lo mismo ante una desangelada muchedumbre calculada en cien mil almas que ni el popular Juanga logró animar tras los intentos infructuosos de Carmen Salinas y del propio Labastida que nunca lograron "prender" a la gran masa allí concentrada.

El desgaste de las prácticas discursivas, tras 180 días de retroalimentar enunciados de toda clase, es un hecho natural, y más considerando que todo 'Discurso' (como diría J:F:Lyotard) está construido con elementos retóricos (la metáfora, ampliamente analizada por Jacques Derrida y por Umberto Eco, en primer plano) y simbólicos, los que difícilmente pueden sobrevivir al desafiar a la Realidad (sic) días tras día. El 'habla' (la otra cara de la 'lengua'), punto de partida de la locutio, operada por cada candidato, se mueve sobre las crestas de lo real a nivel de apariencia, de simulacro, pero difícilmente llega al status de una auténtica representación de la realidad misma, por lo que no es 'reconocida' ni aceptada por los destinatarios, aunque simulen estar en la misma frecuencia del 'sujeto de la enunciación' y lo aclamen y le aplaudan a rabiar.

La 'teoría de los discursos sociales' nos muestra el camino a recorrer, el que inicia en los umbrales de la producción discursiva vía los artífices de metalenguajes o 'metálogos' (el insumo de todo 'Gran Texto', que hasta terminan editados en libros: la ideología en sí, que el emisor pretende -la intención o el 'punto de vista' es lo que matiza las prácticas discursivas- instaurar en el inconsciente colectivo o en el imaginario simbólico de grandes auudiencias). Conformado el 'producto', éste se transmite por diferentes vías a un emisor o, en este caso, al 'Gran Elector', quien descodifica el mensaje, lo 'reconstruye' a nivel de representación y lo acepta y asimila o lo rechaza en el espacio de lo 'identificable'.

En este proceso, el destinatario o 'consumidor final' tiene la última palabra: ya sea el "permitir" que la mecánica persuasiva prospere (aunque sea consciente de que los escenarios que le muestra cada candidato se instalan en el ámbito de lo 'verosímil' o entimemático, según Aristóteles, más que en el espacio de lo verídico, que nos remite a lo verdadero), o ya sea generando una 'lectura aberrante' del mensaje -en argot de Umberto Eco- produciendo, a su vez, un 'contramensaje' que tiende a revertirse contra el mismo emisor en un efecto de 'boomerang discursivo' (aquí, el Discurso, ya 'deconstruido' por el Receptor, cobra un nuevo sentido que el Emisor nunca previó ni mucho menos, adivinó).

En fin, al margen de toda esta mecánica subyacente o semiótica, la realidad es que los mexicanos dejarán de padecer esta 'catarata de información vacía' para poder reflexionar y decidir, con tranquilidad, su apuesta para el sexenio 2000-2006, lo que no es fácil. El 2 de julio 60 millones de votantes (¿42 millones de votantes reales, si sufraga el 70% promedio?) elegirán al primer Presidente de la República del tercer milenio, y lo más seguro es que podrá ser...¿Fox?¿Cárdenas?¿Labastida?, aunque el primero es el más viable por estar identificado con la naturaleza sintética y analógica que caracteriza el pensamiento posmoderno y neobarroco de grandes mayorías urbanas, del cual Cárdenas y Labastida se encuentran alejados un año-luz.

Fox en Los Pinos, el 'coup-de-dés' mallarmeano

El candidato de la 'Alianza por el Cambio' baila a todos los sones que le pongan, como lo demostró en San Pablo del Monte donde, al fallar el sonido,  se dedicó a tocar la tuba y a sonar los platillos emocionando a los más de tres mil tlaxcaltecas allí reunidos que lo festejaron escandalosamente, performance similar (a nivel de significación) escenificado en Nueva Rosita al colocarse, sobre la cresta, un enorme penacho originario de la tribu Kikapú que fué del agrado de los miles de coahuilenses allí reunidos. En Morelia, ante una muchedumbre formada por más de 25 mil michoaquenses, cerceno la cabeza de un dinosaurio de juguete mientras la multitud coreaba, en referencia a Cárdenas, un estruendoso "¡Unete!¡Unete!¡Unete!" a la vez que el panista exclamaba, refiriéndose al cambio hacía la democracia, que éste "...ya no lo detiene nada, ni el viejo, ni el nuevo PRI, ni los mapaches, ni los dinosaurios; no lo detendrá Zedillo, Labastida ni sus secuaces...".

Fox le apuesta todo a su Discurso coloquial, metafórico, emocional, pletórico de enunciados performativos que estimulan a sus oyentes y los hacen reaccionar vívidamente. Pero en la soledad de las urnas, cada panista-en-acción hará un ejercicio de discernimiento (la semiosis subjetiva que nos permite diferenciar en último momento); allí, el estruendo sensible ejercitado por Fox hasta el hartazgo se convertirá en silencio mortal. Es el mismo efecto tras ver un film de Stallone (Rocky 3) o de Schwarzenegger (Terminator 2): en la fase perlocutiva no queda nada: no hay feedback: la emoción por la emoción es el "juego cero": el in-put se transforma en out-put: no hay retroalimentación inteligibleUn 'coup-de-dés', ni más ni menos.

Sí, Fox se burla de Labastida, como lo hizo en el Puerto de Veracruz rodeado por miles de jarochos: "...¡el cambio no lo detendrán ni Zedillo ni Labastida!¡Este cambio no lo detiene Juanga ni con sus cancioncitas mamilas!", además de invocar (su frase demodé en los cierres de campaña) condiciones metereológicas tempestuosas provocadas por Zeus: "...hay vientos huracanados de democracia, de progreso, que soplan en nuestro país, vientos alegres de cambio, alegres hacía el futuro, vientos que hoy han despejado las dudas, que hoy nos dejan ver con claridad el México que queremos...". Pero no las tiene todas consigo, aunque ideológos como Jorge G. Castañeda,  erigido en el 'Gran Oráculo', auguren su triunfo (ver su artículo donde convierte a Cárdenas en el gran villano de la historia: "Enseñanzas y conjeturas"; Reforma, 16-VI-2000): su Discurso está plagado de literatura, de enunciados irreales, fantasmáticos, metafóricos. Y aquí puede irrumpir la "guerrilla semiótica" de que nos habla Eco: el ' efecto boomerang' que acabaría con los sueños de Fox.

La 'semiótica connotativa' de Labastida vs Cárdenas

El juego de Francisco Labastida es igual de temerario que el de Fox sin diferenciarse en el fondo. Su cierre de campaña en el Zócalo capitalino fué un fiel reflejo de los signos que caracterizan su Discurso: metáforas, lugares comunes, ídolos populares y hasta 'cha-cha-chás. convertidos en armas de batalla (las cancioncitas mamilas de Juanga, como diría Fox).

La 'gran frase' de la oratoria labastidista se centró en tildar de loco a su oponente ante una multitud que no lo escuchaba: "...sólo quienes ya se sienten derrotados pregonan fraudes anticipados que sólo existen en su imaginación o desesperación...sólo a un irresponsable o a un loco se le ocurre descalificar a quienes han recibido el honor de estar en las casillas y contar los votos..." (800 mil ciudadanos elegidos al azar por el IFE).

Dentro de la misma frecuencia 'connotativa' (el imperio de las evocaciones detonadas por un referente), el priísta, acompañado de su esposa María Teresa Uriarte, visitó la casa del Arzobispo de la Ciudad de México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, quien negó haberles dado la bendición a ambos cónyuges presidenciables, lo que ningún receptor mediático estuvo dispuesto a creer: "...tampoco fué el tema si era bendición o no...", a lo que agregó para curarse en salud: "...el señor Cuauhtémoc Cárdenas me pidió que lo recibiera en la Basílica de Guadalupe; el señor Vicente Fox fué recibido en la Curia Metropolitana, y Tere y Francisco, que son grandes amigos, quisieron venir a esta que saben es su casa...". ¿Así de 'inocentonas' operan las ideologías? ¡uf!..

Cárdenas, por su parte, está instaurando modalidades simbólicas de alta significación: desde los impresionantes cierres de campaña en plazas como Villahermosa, Morelia o Guanajuato, hasta su desafío, jugándose el pellejo (léase: intención de voto capitalino), de ir a la UNAM  a enfrentar a un beligerante Consejo General de Huelga quien, a la hora de escribir esto, ignoramos el trato que le dió. Sea como sea, la actitud es lo que cuenta: tras el éxito de la gran "semana massmediática" (argot que empiezan a 'piratear' otros editorialistas, que conste) del 20 al 26 de mayo, el abanderado de la 'Alianza por México', quien acaba de crear un 'Gran Frente Antifraude' promovido por Manuel Camacho y aceptado por el mismo Fox y por Muñoz Ledo, empieza a repuntar peligrosamente sin dejar de lado su ánimo combativo (A Fox lo llamó "pollero" en Guanajuato, y a Madrazo le advirtió, en plena Plaza de Armas de Villahermosa,  que aún tenía cuentas pendientes refiriéndose a las "cajas de documentos" exhibidas en el Congreso para probar el grado de corrupción del gobernador tabasqueño). En este mismo tenor, el candidato de la 'Alianza por México' denunció al gobierno panista de Alberto Cárdenas en el Instituto Cultural Cabañas de Guadalajara: "...a ustedes les consta más que a nadie que éste ha resultado un Gobierno que reprime las ideas, que reprime las costumbres, que va hacía el pasado, que no orienta el que la gente pueda mostrar sus diversidades...".. Pero, en fin, se acerca la hora cero, y lo realmente importante lo es la actitud del 'Gran Receptor' que ha dejado de creer en expresiones fútiles y en promesas alegóricas, ademas de en los grandes récits o 'historias monumentales' que han nutrido la campaña, como diría el propio Lyotard.

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