Semiótica del Poder
Noviembre 5 de 2000
¿Nuevo mecenazgo cultural en la 'Era Fox'?
 
Por Pablo Espinosa Vera

Hace unos días Carlos Fuentes alabó al aún Presidente Zedillo sin medias tintas. Casi casi le confirió el título del “Demócrata del Siglo” por haber tenido las agallas de reconocer, adelantándose a todos, el triunfo de Vicente Fox la noche del 2 de julio por cadena nacional sin importarle el ser tachado de “traidor” por los propios priístas. Poco le faltó al escritor, que empieza a producir y a reproducir signos y significados propios de un ‘intelectual de Estado’ como lo hizo Octavio Paz al ser cooptado por el Poder  (metafóricamente, una ‘entidad’ o megamáquina pervertible  que todo lo atisba y contamina, lo que enfatiza Foucault, permeada por el mal, como la “Estrella de la Muerte” de George Lucas, y por toda clase de metalenguajes retóricos donde la Realidad es magistralmente sustituida , vía el formidable aparato enunciatario, por referentes virtuales y fantasmáticos coadyuvando al simulacro total), de conferirle el título de ‘Superhéroe’. ¿Necesita, Carlos Fuentes, que cuenta con un background crítico, analítico y creativo de primer orden, loar al Principe, duramente impugnado por su antecesor Carlos Salinas, y  más cuando está a un paso de la puerta de salida?.

     Quizás el paperwriter, tema de una canción de los geniales Beatles, actuó así en una señal y en un intento por penetrar, desde ya, la logósfera presidencial foxiana apoyado por incondicionales (¿¿??) como Jorge G. Castañeda a quien no se cansa de alabar, y como el

mediático  Héctor Aguilar Camín (éste último, denostador a ultranza de su viejo y entrañable “amigo” Carlos Salinas, fue “destapado” como el “novelista del milenio” según un punto de vista emitido por Fuentes en un programa televisivo), deslumbrado por la propia Weltanschauung que detenta su amigo Mario Vargas Llosa (neofoxista de corazón, lo que empata con el culturalismo global que profesa el genial narrador peruanoespañol defensor a ultranza del modelo de democracia capitalista “Designing in Washington”, modelo desenmascarado  por teóricos del nivel de Noam Chomsky, Susan Sontag y John Womack),  lo que resultaría desalentador y extraño para los millones de fans   del

prolífico escritor mexicano que a sus sesentaitantos años ha mantenido una sana distancia con el Poder, sin incluir la fallida experiencia protagonizada durante el sexenio Post’68 simbolizado por el slogan que Fernando Benitez inmortalizó desde la Zona Rosa y desde el suplemento México en la Cultura: “Echeverría o el fascismo” , período en el que Fuentes fungió como Embajador en Francia cuando, apenas dos años antes, Octavio Paz había renunciado al puesto de Embajador en la India como repudio y protesta ante la masacre perpetrada por el régimen de  Díaz Ordaz contra cientos de jóvenes iracundos que aspiraban a la democracia y a nuevas ‘reglas del juego interlocutivas’ (por cierto, acaba de fallecer un protagonista de dicho affaire, entonces director de la temible Policía Judicial Federal dependiente de la Secretaría de Gobernación, la que posteriormente encabezó en el sexenio de Salinas: Fernando Gutiérrez Barrios).

Un extraño ‘cóctel’ implosivo: “Fuentes-Zedillo-Fox-Televisa”

     Tras el deceso de Octavio Paz la nomenklatura cultural (¿culturosa?) ha entrado a un franco proceso de ‘reacomodamiento’ ubicando, de manera subyacente, al propio Carlos Fuentes como el heredero en línea directa del Poder Cultural detentado por el exdirector de Vuelta y Premio Nobel posicionado en el medio intelectual y creativo como el indiscutible  “Número Uno”, liderazgo que consolidó al establecer nexos con las élites políticas y mediáticas de primer nivel (de Los Pinos a Televisa). ¿Intenta, acaso, el autor de “La región más transparente”, “La muerte de Artemio Cruz” y “Los años de Laura Díaz” emular al insigne poeta en su peor fase: la del franco declive ideológico?. Esperamos equivocarnos, pero ya hay dos signos que hacen ruido: la relación  Fuentes-Zedillo-Fox  en el plano discursivo (el espacio del Poder por excelencia) y la presencia del propio escritor en el universo mediático de Televisa como conductor (no autor, que conste) de la serie histórica de diez capítulos producida por CONACULTA  “El alma de México” que inició sus transmisiones el pasado 1 de noviembre. ¿De aquí, seguirá un programa tipo talkshow político-cultural conducido por el propio Fuentes como ocurrió con Paz hace casi dos décadas?. Tras el triunfo de Fox y la debacle del PRI, aumentada con la segunda “expulsión” de Carlos Salinas acosado por la PGR y defendido por el empresario regiomontano y Presidente de Pulsar  Alfonso Romo, más el imprevisto deceso de Fernando Gutiérrez Barrios que iniciaba un nuevo capítulo en su vida política en la trinchera del Senado de la República, ya todo es posible. Hasta que Carlos Fuentes se convierta en el intelectual más aplaudido y admirado por Fox quien en una ocasión lo “destapó” como “Premio Nobel” en un arranque de emoción literaria pudiendo llegar al extremo, quizás (el pensamiento inferencial, como semiosis-in-progress, es ilimitado en la construcción de mundos posibles), de asumir  abiertamente una posición de mecenazgo cultural a cambio de ciertos favores semiopragmáticos (léase: alabanzas y defensas de Fuentes al Principe en turno para ‘legitimarlo’ y ‘engrandecerlo’, como lo hizo Vargas Llosa al declararse públicamente proFox,  ante la comunidad pensante nacional y global. Además, ¿quién, de prestigio mundial como Fuentes, podrá defender a Fox de los ataques provenientes de “inteligencias globales”, como ya ocurrió o está cerca de ocurrir, del calibre de John Womack, José Saramago, Rudiger Dornbusch, Michelangelo Bovero, Alain Tourainé, Regis Debray  y otros? ¿O se dedicará a rezarle al ‘Santo Patrono’ de los Políticos, San Tomás Moro, elevado a esa categoría por el Papa Juan Pablo II?). En fin, la vieja y eterna relación (siempre negada) de los intelectuales y el Poder, ampliamente analizada por estudiosos como Norberto Bobbio, Roderic Ai Camp, Peter H. Smith, Juan David Lindau, Pierre Bourdieu, Giovanni Sartori, Henry Lefebvre, sin excluir a ‘clásicos’ como Max Weber, Gaetano Mosca y Antonio Gramsci, y a mexicanos de la talla de Daniel Cosío Villegas,  Carlos Monsiváis, Julio Scherer, Lorenzo Meyer, Gabriel Careaga , Enrique Krauze y Jorge G. Castañeda,  et alt. (Octavio Paz hizo lo propio en Postdata y en El Ogro Filantrópico como Fuentes lo destacó en Tiempo Mexicano).

Semiótica de Clinton hace sinergia con la del’ Marlboro’s man’

     Aparte del respaldo contundente que recibirá Fox de los prominentes miembros de la ‘High Culture’  lidereados por Fuentes con la excepción de un sector contestatario (Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Guadalupe Loaeza, Roger Bartra, José Luis Cuevas, Pablo González Casanova, Gabriel Zaid, Homero Aridjis, la “China” Mendoza, Raúl Cremoux,

Néstor García Canclini, Francisco Toledo, Jesusa Rodríguez, Lorenzo Meyer, Pablo Latapí, etc.), el Presidente electo acaba de recibir cuatro ítems claves para gobernar de parte de su homólogo del Norte Bill Clinton emitidos a través de una entrevista en la cadena de habla hispana Univisión.

     Entre el recetario de la  gobernabilidad o “fórmula pragmática” a la Og Mandino destaca el tono coloquial, casi metafórico, resumido en un amplio enunciado donde Clinton exprime su masa gris al máximo: “(...) lo que Vicente Fox debe hacer para gobernar bien es formar un buen equipo (Dornbusch lo criticó por carecer del dream-team requerido), establecer una buena reputación de confianza (¿elevando impuestos y haciendo “venta de garage” con la industria eléctrica y la petroquímica?), desarrollar una especie de don para conseguir el apoyo de los otros dos partidos o sus representantes en el Congreso mexicano (¿estableciendo sospechosas ‘concertacesiones’ con los madracistas a expensas del PRD en Tabasco?), y mantener el apoyo de la gente (¿incluyendo a los casi dos millones de burócratas, contando al gremio magisterial en pleno, que se quedarán “chupando foros” mientras esperan el ansiado ‘bono sexenal’ más 3 meses de aguinaldo y aumento salarial?)”. Clinton concluye su ‘cátedra’ asemejándose con el nuevo Reagan mexicano, como lo califica The New York Times en un reciente artículo (“¿Puede de verdad el nuevo líder de México hacer maravillas?”, 29-X-2000) ilustrado con una foto de Fox montando a “El Rey”: “(...) yo me identifico con él, él vivía en un rancho y yo también vengo del área rural” (¿Será por ello que Ernesto Rufo Appel habla de la ‘americanización’ del equipo foxista cuyos signos reflejan, fielmente, la transculturización del american way of life?).

     En esta misma frecuencia se inserta la reciente visita relámpago realizada a la urbe de hierro para, por una parte, eludir el ‘encontronazo’ con la burocracia priísta en abierta rebelión (casi cien mil ‘servidores públicos’ se lanzaron a las calles exigiendo la prebenda del ‘bono sexenal’ que formaba parte de la política de masas operada por el partido tricolor) y, por la otra, ventanearse en un foro privilegiado como lo es la ONU ondeando la bandera de la “inmediata paz en Chiapas y el retiro del Ejercito de la zona del conflicto”, lo que le ofreció a Kofi Annan además de lucirse, como flamante ‘Presidente de los Pobres’ , en un evento mundialista convocado por la Grameen Foundation USA (parte del Grameen Bank de Bangladesh o “Banca de los Pobres”) donde alabó la política de microcréditos (sin aval) que le permitirá, a los pobres y a los marginados del desarrollo,  como lo ha experimentado la Banca Santa Fe de Guanajuato instrumentada en el Gobierno de Fox, salir adelante instalando “changarros” o echando a andar proyectos productivos caseros que van, desde pequeñas granjas de gallinas y talleres de costura, hasta talleres de carpintería o de fabricación de dulces, piñatas o chorizos. El problema, con Fox, en este filantrópico foro, lo representó el hecho de competir con la Reina Sofia de España, a quien se le hizo un reconocimiento por su labor humanista, vía el fomento de los microcréditos, a favor de los pobres que habitan la Madre Patria.

     En fin: Fox sumó a su causa a un intelectual de grueso calibre como Fuentes y a un Presidente de matices posmodernos como Clinton mientras mandaba a freir espárragos a la molesta burocracia a la que nada le debe, y mucho menos $5,400 millones de pesos, estratosférica cifra exigida por los sufridos burócratas a quienes desde el PRI y desde Los Pinos “ni ven ni oyen” (¡ahora sí, verdad?).

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