Semiótica del Poder
Diciembre 3 de 2000
¡Presidente habemus...en ausencia del know how!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Han concluido las batallas; ahora, como en “Gladiator”, el extraordinario film de Ridley Scott, es la hora de cambiar de escenario e iniciar el insaciable goce de ejercer el Poder “a la mexicana” por mucho que se hable de un Gobierno democrático legitimado en las urnas por la escasa diferencia de una tercera parte de votantes. Y es que no es posible erradicar arquetipos, en el concepto de Mircea Elíade y de C:G: Jung, como lo es el del Poder Tlatoánico con todos sus lastres y excesos  heredado de los mayas y de los aztecas y que ha logrado sobrevivir durante varias centurias en sus diferentes modalidades, desde virreinatos y presidencias imperiales (Agustín de Iturbide en su rol de  “Alteza Serenísima”) hasta dictaduras ‘populistas’ y ‘positivistas’ (Santa Ana, Porfirio Díaz, los 70 años de priato),  monarquías borbónicas (Maximiliano), democracias liberales (Juárez, Madero), gobiernos revolucionarios (Carranza, Obregón,), maximatos (Calles), el Estado-Nación en sí  (Cárdenas), el Estado-Moderno detonador del  capitalismo pequeñoburgués y de la “corrupción planificada” (de Alemán a Zedillo), burocracias institucionales (Ruíz Cortínez, López Mateos), totalitarismos salvajes (Díaz Ordaz, Echeverria),  regímenes mesiánicos (Echeverria, López Portillo, ¿Fox?), tecnocracias depredadoras  (De la Madrid, Salinas, Zedillo) y, ahora,  la era del Estado Global y de los  ‘businessmen politics’ que inicia su ciclo con Vicente Fox en Los Pinos. Como se ve, los mexicanos hemos tenido de todo, hasta una Revolución que acaba de expirar para dar paso al México Inc. del tercer milenio.

Fox llega al poder tras una larga y desgastante lucha que empezó a desplegar desde la Gubernatura de Guanajuato y que formalizó a partir de 1998 anunciando sus aspiraciones y obsesiones sintetizadas en un objetivo de science-fiction:  hechar al PRI de Los Pinos..Y lo logró tras permear de su ‘misión’ a una población regida por signos mediáticos y antipriístas que empezaron a confiar en el nuevo  l’enfant terrible  quien, como el Quijote, se atrevía a desafiar al Sacrosanto Imperio Priísta, ya minado por los tecnócratas y desacralizado por la furia de panistas y de perredistas quienes empezaron a conquistar posiciones de poder desde el inicio de los noventas (alcaldías, gubernaturas, el Congreso, el Gobierno de la Ciudad de México) contando, por una  parte, con el apoyo de los tecnócratas (las históricas concertacesiones concebidas por las cúpulas del PAN desde 1989)  y, por la otra, por la de una sociedad civil asumiendo responsabilidades políticas en concordancia con el discurso promovido por el Frente Democrático Nacional y por su posterior instancia representativa: el Partido de la Revolución Democrática comandado por dos disidentes del PRI: Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo quienes, después, se despedazaron entre sí y por las tribus creadas al interior del partido (de allí, y por efectos de un caudillismo mal concebido,  la debacle del partido del sol azteca en los comicios del 2000 al perder credibilidad y consenso  ante el Ser Social que lo había dotado de sentido).

La dimensión diacrónica en la ‘victoria de Fox’

Pero retomando el punto sobre la victoria de Fox, hay que dejar muy claro que dicho triunfo no le pertenece sólo a él, no fue una victoria pírrica ni un milagro de Dios; es, más bien,   la conclusión de un movimiento democrático que nace en 1985 tras el desastre generado por los sismos que demolieron distintos puntos de la Ciudad de México, provocando la movilización de la sociedad, quien rebasó a un Estado paralizado y perplejo, en  el  rescate de sus coterráneos y que después, en ansias democráticas, se volcó a favor de la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, apuntalado por el Maquío Clouthier y por Rosario Ibarra de Piedra, para la Presidencia de la República en 1988 intentando evitar el arribo de Carlos Salinas como cabeza de playa de la tecnocracia, ante  lo que el Sistema echó mano de todos sus recursos y artimañas (incluyendo la inverosímil “caída del sistema informático” ordenada por el entonces Secretario de Gobernación Manuel Bartlett y la posterior “legitimación” de Salinas vía el Colegio Electoral de la Cámara de Diputado) coadyuvando, con ese “fraude del siglo”, al fortalecimiento de una nueva sociedad que, desde entonces, sólo se concentró en buscar al ‘sujeto de la enunciación’ que cubriera el perfil para aplastar al sistema priísta  y a la tecnocracia presidencial, y lo encontró en Vicente Fox más que en un agotado Cárdenas o en un desubicado Manuel Camacho, por no hablar del camaleónico Muñoz Ledo como principales alternativas reales.

Haciendo sinergia con lo anterior, Fox sumó el potencial de marketing político (él mismo, asumiendo el papel de un ‘producto de consumo’ como la Coca-Cola), ademas de explotar su carisma campechano y  su feeling massmediático a la par de utilizar a  medios de amplia penetración como la TV y la radio donde su discurso, que siempre oscilo en el ámbito de la indefinición total,  se fragmentó en chispazos coloquiales y en prácticas significantes de verdadero show-man que hicieron la delicia del televidente medio quien desde entonces decidió su voto (en este contexto,  Labastida estába  más que perdido, tanto en el plano lingüístico-discursivo como en el paralinguístico: el reino de la retórica de la imagen

con toda su parafernalia esquizofrénica).  En síntesis: la condición posmoderna coadyuvó al triunfo del cowboy entrepreneur, pero esa misma logósfera se le puede revertir en cualquier momento al estallar la ‘esfera de lo verosímil’ o de las apariencias bien montadas a nivel de discurso o de puestas en escena  (léase: promesas, expectativas, compromisos, juramentos, soluciones de “15 minutos” y hasta bravatas) que son las que mantienen su estatuto semiopragmático virtualmente colgado de alfileres. ¿O cree Fox, acaso, que será suficiente con haber construido un  Gabinete eficientista de ‘ISO 9000’ para satisfacer las expectativas creadas en el imaginario simbólico y social de millones de almas suspirantes?.

La megamáquina foxiana al filo,de la navaja

Así como el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Genaro Góngora Pimentel arremetió contra sus pares del Poder Ejecutivo y del  Legislativo exigiendo ampliar el presupuesto asignado al Poder Judicial o enfrentar el posible cierre de tribunales, y así como los indígenas chiapanecos dijeron sentirse defraudados con el nuevo Gabinete por sus connotadores neoliberales, así diferentes segmentos y nichos de la población exigirán paulatina o simultáneamente al Gobierno del Presidente Fox el satisfacer demandas y expectativas creadas, más al corto que al mediano o largo plazo, tanto en la campaña como en el largo trecho del 2 de julio al 1 de diciembre,

¿Y como piensa el Presidente Fox enfrentar ese clamor nacional que amenaza con desbordar la frágil capacidad de respuesta de un gobierno sin experiencia y sin ‘tablas’, como lo enfatizó Héctor Aguilar Camín (sólo palomeó la designación de Francisco Gil Díaz como avezado político hacendario) tras la espectacular presentación en “El Noticiero” del mismo Fox flanqueado por Joaquín López Dóriga y por casi todos los miembros de su ‘equipazo de calidad total’ (sólo faltó Leticia Navarro en la ‘pasarela mediática’ más ‘mega-asesores’ como Adolfo Aguilar Zínzer y los miembros del ‘Gabinete de la Defensa Nacional’). La respuesta no es fácil, por más que el Primer Mandatario presuma de supereficiencia  y de proyectos innovadores y sofisticados en todos los rubros que difícilmente podrán aterrizar y concretizarse al nivel enunciativo propuesto como, por ejemplo, acabar con la corrupción y con la impunidad, lograr un crecimiento de 7% anual; “cambiar la forma de hacer política” retroalimentando el “diálogo interno”; poner a México como ejemplo de paradigma a seguir a nivel mundial; hacer vigente el Estado de Derecho; comprometerse con el cumplimiento de los Derechos Humanos; revolucionar la educación media superior y superior; hacer efectivos los ideales de justicia para los pueblos y comunidades indígenas; impulsar a los pobres para que instalen ‘changarros’ mediante microcréditos provenientes de una Banca Social; hacer efectivo el ‘derecho a la salud’ para la población abierta; proveer de nutrientes a los millones de chiquillos que subsisten en condiciones infrahumanas; elevar los salarios a niveles dignos; combatir la inseguridad y el crimen y enfrentar al narcotráfico con eficiencia y efectividad; racionalizar la administración pública, y mil cosas más que sería imposible ennumerar en este espacio.  Aunque, quizás, en el peor de los escenarios, se podrían contratar los servicios del “Chapulín Colorado” o de “Superman” para impulsar estas buenas intenciones.

Priorizar el know what eludiendo el know how es algo suicida para cualquier experto en planeación y logística de políticas públicas. Y el gran impasse de Fox es haber abusado de este recurso sin contar con respuestas mínimas, y  no me refiero a ‘respuestas convencionales’ a las que cualquier político novato puede recurrir sino a soluciones posibles e inteligentes incluyendo a los propios magicians, artífices u operadores como es el caso, en cuestiones fiscales y financieras, de Francisco Gil Díaz, pero como no es el caso, en políticas energéticas, de Ernesto Martens, ni mucho menos en políticas de combate a la pobreza (ahora transmutado en “prosperidad para todos”) a cargo de una inexperta Josefina Vázquez Mota. Quizás en el rubro de seguridad pública Alejandro Gertz Manero sea la solución, pero en el de relaciones exteriores, ¿qué tiene que hacer un politólogo caracterizado por su fobia a las relaciones públicas, incluyendo a periodistas monolinguis  y a zapatistas?. Y en el ámbito del turismo, ¿una cosmetóloga? ¿o un exitoso megaempresario agrícola conocido como “el rey del ajo” lidiando con los pobretones campesinos que no cuentan, ya, ni con un mínimo pedacito de tierra para sembrar teniendo que ‘alquilarse’ como jornaleros al servicio de latifundistas y terratenientes millonarios?. ¿Y el exRector Reyes Tamez, cómo va a instrumentar una “revolución educativa” a nivel nacional, la que no logró detonar ni en el campus de la UANL en varios años?

Es un hecho que el ‘equipazo ISO 9000’ está, desde el principio y como se percibió en la TV (la mayoría se notaba vacilante y nerviosa) en el filo de la navaja; se ubica en el umbral de la inexperiencia y del aprendizaje cuando el Presidente afronta, ya, soluciones y respuestas a pequeños y grandes problemas nacionales. Pero él se puso la soga al cuello y sólo Clint Eastwood podrá librarlo.

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