Semiótica del Poder
Diciembre 31 de 2000
El nuevo himno de Fox Scrooger: "¡no hay, no hay...!"
 
Por Pablo Espinosa Vera

El sueño ha terminado, como diría John Lennon. La ‘cuesta de enero’ del 2001 se ampliará a febrero, marzo, abril...y hasta el 2006. Es ilusorio depender de un discurso color-de-rosa que nos confinó a  una logósfera waltdisneyesca muy alejada de la fría realidad (o hiperrealidad) que tenemos que enfrentar día a día. Es como pasar de golpe de la dulce lectura de los poemas de Amado Nervo al incruento y gélido “Esperando a Godot” de Beckett  (por cierto, nunca llega a la cita el tan esperado personaje). Y para ilustrar lo anterior, nada mejor que tener muy presentes el aviso, dado con mucha anterioridad, por el gurú de la Fed Alain Greenspan, respecto a la inminente ‘desaceleración’ de la economía del Coloso del Norte que tendra graves repercusiones en las economías latinoamericanas como lo son el aumento del desempleo y de las tasas de interés así como el encarecimiento de los productos y servicios básicos ( a esto súmele una mayor carga impositiva, ya anunciada por los financieros foxistas,  y menores asignaciones al gasto social; en síntesis, un paso abajo en el proceso de ‘elevar’ la calidad de vida, nada más).

A un mes de haber arribado a la Presidencia de la República y ya instalado, de facto, en el tercer milenio (matemáticamente, inicia mañana, 1 de enero del 2001), el nuevo inquilino de Los Pinos se enfrentará a una sociedad de casi cien millones de mexican citizens (más del 70%  subsistiendo en condiciones de pobreza) ansiosos de ingresar a la posmoderna Foxilandía, universo análogo, según los cánones de la cultura visual y virtual que rige la cosmogonía del homo videns,, al mundo visitado por Pinocchio donde todo está permitido en un ambiente de  entrtetenimiento sin límites (la dramática factura final: ser transformados en borricos y ser vendidos como animales de carga). ¿Cómo enfrentará, el Presidente Fox, a esa supermasa de crédulos e incrédulos (que conste que sólo el 35% de los votantes, 15 millones de electores,sufragaron por él) que difícilmente aceptarán y digerirán las frías reglas del juego de la realidad a secas que les ofrece el nuevo Gobierno?

Y es que la nueva consigna, a partir de enero del 2001, dejará de ser “¡hoy, hoy, hoy!” para transformarse en el himno de Fox Scrooger: “¡no hay!¡no hay!¡no hay!” y, efectivamente, “no hay”: el presupuesto de egresos para este ciclo que inicia está más que ‘etiquetado’ sin dar margen a partidas secretas o extraordinarias (¿el petroleo a US$20 por barril?) que le permitan, al nuevo Mandatario, hacer milagros, aunque se cuente con ‘ingresos extras’ provenientes de las nuevas tasas con IVA a toda clase de alimentos y de medicinas además de lo captado por la potencial ‘venta’ o desregulación de la industria eléctrica y petroquímica a inversionistas extranjeros y otros activos o servicios que se incluirán en la casi ‘venta de garage’ a punto de instrumentarse.

2001, de “Odisea del Espacio” y “Blade Runner” a Foxilandia

Mientras Stanley Kubrick nos presentó un futuro utópico simbolizado en la irrupción del nuevo ‘hombre cósmico’ concebido en el espacio intergaláctico, Ridley Scott nos remite a un futuro de pesadilla asolado por una atmósfera neobarroca y violenta donde los ciborgs compiten con los humanos en condiciones superiores (el héroe, Harrison Ford, como un ‘pistolero’ del futuro, cubre con éxito su misión: aniquilarlos). En fín, mientras el director norteamericano, nacido en New York (1928) nos envuelve en un mundo de poética science-fiction, (¿’síndrome Fox’?) donde las computadoras hacen de las suyas, el  proveniente del Reino Unido (Northumberland, 1937) nos instala en la realidad de un porvenir kafkiano que no tiene nada de encantador (¿el México Inc. postfoxiano?). como lo revela otro film de gran manufactura: “Matrix” de los hermanos Washinsky donde la ‘realidad’ no es más que escenografía digitalizada: no existe.

“Foxilandia” es un sincretismo de ambas vertientes semánticas. Sí, es un País de las Maravillas (sin Alicia), pero también es una nación ‘balkanizada’ partiendo de la imagen ‘fractual’de Kosovo recurriendo al argot de Jean Baudrillard o al Aleph borgiano. Y hay que aprender a vivir con ambas visiones ideológicas que Karl Manheim denominaría ‘Weltanschauung Posmoderna’. Es decir, el nuevo mexicano tercermileniarista deberá acostumbrarse a transitar, con naturalidad, del espacio de la Poética Virtual (el mágico mundo de Fox enfocado con cámaras de Televisa) al mundo de la Pragmática Brutal (el escenario cotidiano o mundo posible en el que nos ha tocado vivir). Por una parte, se le permitirá al ciudadano medio deambular por la vida soñada de Calderón de la Barca (mientras no transgreda las reglas), contra la que se rebeló Dulce María Sauri al tachar a Fox de “mentiroso” y, por otro, se le exigirá caminar por la senda del iceberg trazada por la nueva generación de neotecnócratas guadalupanos que regirán la vida nacional. Aunque muchos insistirán en que dicha ‘sensibilidad dicotómica’ ya forma parte de la idiosincrasia del mexicano, gracias a las ‘aportaciones’ de los “Terminators” del final del milenio: Miguel De la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

Con esta gran visión pluriideológica regida por la lógica polivante donde el y el no adquieren el mismo valor relativista y que nada tiene que ver con la ‘ideología del fin de las ideologías’ propuesta por Daniel Bell y afinada por Francis Fukuyama, será más fácil y comprensible caminar por los linderos de Foxilandia donde el discurso ‘arreferencial’ y las ‘puestas en escena’ partirán de códigos contradictorios en sí mismo (una especie de ‘teatro del absurdo’ instaurado por el Poder, con mayúsculas, para posicionar la posmoderna ‘normalidad democrática’ que mucho le debe a su gran arquitecto, el expresidente Zedillo).

Hacía un ‘Nuevo Amanecer’ en el nuevo México ‘anti-Hamlet’

Vivir (para poder sobrevivir) de la mano de la contradicción misma será el gran desafío. Y es lo que no conciben ni acaban de entender tanto analistas políticos como teóricos ‘deconstruccionistas’, ni mucho menos los miembros del Congreso o las huestes del PRI, ¡del PAN! y del PRD que aún le rinden culto a la lógica tradicional (silogíostica) heredada de Aristóteles, de Kant y de Descartes (sólo algunos representantes de mass-media electrónicos empiezan a detectar los signos de nuevo cuño pero en forma totalmente perceptual y sintética, más que inteligible, como es el caso de Joaquín López Dóriga o de los conductores del pasado Teletón bendecido por el propio Fox desde su arranque).

Los dirigentes del partido del sol azteca, por ejemplo, no lograron decodificar las señales enviadas, de manera subliminal, desde el búnker foxiano y centro de Foxilandia (Hotel Fiesta Americana) cuando se les “invitó” (sin invitárseles, como lo hizo Alicia en la “fiesta de no-cumpleanos” de la Liebre de Marzo y del Sombrerero Loco) a formar parte del Gobierno asumiendo la Secretaría de Desarrollo Social (Amalia García), la del Medio Ambiente (Alejandro Encinas) y  la Contraloría General de la Federación (Rosario Robles), a lo que respondieron  negativa y visceralmente esgrimiendo códigos cuaternarios que no encajaron en la compleja logósfera foxiana más cercana a la visión profética de Marshall McLuhan (sólo Ricardo Pascoe, nuevo Embajador en La Habana, entendió las oscilantes ‘reglas del juego’ y fue cooptado ante la rabia y perplejidad de sus ‘coterráneos’).

Los priístas, por su parte, han corrido la misma mala fortuna, a excepción de algunos

‘supersensibilizados’ al universo y a la nueva Semiótica altamente Connotativa que rige

Foxilandia como lo son  Javier Moctezuma Barragán (hermano de Esteban, l’enfant

terrible), Santiago Levy (hombre de Fox a ultranza apadrinado por el mismo Zedillo),

Alfonso Durazo (aprendió con rapidez de correcaminos  la conformación del nuevo sistema

de codificación y logró “venderle” al nuevo mandatario un gadget simbólico llamado

‘Colosio’, ahora parte de los nuevos héroes posmodernos junto a  Madero, Vasconcelos,

Campa, Gómez Morín, Heberto Castillo, LombardoToledano, Castillo Peraza et alt.),

Florencio Salazar  (otro cronopio que logró sintonizar, a tiempo, las nuevas señales),

Alfonso Caso Aguilar (recibió toda la  “luz”desde la Compañía de Luz y Fuerza del Centro

para ser ratificado), Alfredo Elías Ayub (decodificó, en forma magistral, las intenciones

‘desregulatorias’ y privatizadoras  anunciadas por Fox desde meses atrás para quedarse en

su mismo despacho de la CFE), Victor Lichtinger (se coló en forma impredecible), Reyes

Tamez Guerra (otro ‘bendecido’ por la suerte, con escasos méritos propios,  quien hizo un

‘doble juego’), Francisco Gil Díaz (sus méritos: ser un Robespierre fiscal, ad hoc para las

intenciones pragmatistas imperantes en Foxilandia),  José Sarukhán (representante de una

Semiótica híbrida que puede funcionar en el nuevo reino del simulacro total) y Juan José

Bremer (otro pragmatista con amplias tablas y con suficiente background como para no

desarmonizar en la logósfera semiopragmática de Foxilandia). ¡Y párele de contar, aunque

ya se percibe, en este juego de contradicciones, que son más los priístas reclutados que los

propios panistas que aún no logran entender la flamante semiósfera articulada bajo sistemas

de significación de connotadores platónicos y relativistas ¡cuestión de que lean, entrelíneas,

las obras cumbres de Lewis Carroll donde están latentes todas las respuestas: “Alicia en el

País de las Maravillas”, “Alicia a través del espejo” y “La caza del Snark”. ¿Será mucho

pedir?. Aunque también se recomienda la lectura del Ulises (sic) y del Finegans Wake de

Joyce para asimilar, a plenitud, las nuevas reglas del juego imperantes en Foxilandia donde

el ser y el no ser dejan de ser matería de cuestiones tautológicas y definitorias, como lo

sugeriría el Principe Hamlet atrapado en la ‘cuadrícula’ kantiana de la razón pura.

    En fin, démosle la bienvenida al nuevo México del y del no recurriendo al cuadrado

semiótica de A:J:Greimas donde oposiciones, contradicciones y conciliaciones semánticas

pueden convivir armónicamente...con una amplia dosis de imaginación y creatividad como

lo recomendaría Edward de Bono. Así que, ¡Feliz Tercer Milenio, foxilandeses!

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