Semiótica del Poder
Julio 2 de 2000
Presidente habemus, ¡democracia o muerte!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Hoy, 2 de julio del 2000, al filo de las 00:00 horas, los mexicanos sabremos quién nos gobernará (¿o 'desgobernará?)  hasta el 2006. El 'suspense' habrá terminado, al  igual que la hiperretórica y toda clase de metalenguajes (desde los gestuales o kinésicos hasta los 'onomatopéyicos' y deícticos: "¡Ya!¡Ya!¡Ya![", "¡Hoy! ¡Hoy! ¡Hoy!") que nos mantuvo en estado hipnótico durante casi un año considerando la etapa de la precampaña que rayó en la histeria y en la katharsis más incruenta, como lo interpretaría Jacques Lacan y Gilles Deleuze. Y, por supuesto, incluimos en esta etapa tanto a la mesiánica imposición de Vicente Fox y de Cuauhtémoc Cárdenas erigidos en  "candidatos únicos" (¿¿??) tras el hostil takeover o toma del poder de sus respectivos partidos, como a la inverosímil 'elección primaria' o 'carnicería' a secas instrumentada por el PRI para elegir, democráticamente, a su abanderado.

El segundo capítulo no fué menos caótico y estruendoso: de enero a junio, etapa oficial de las campañas, los candidatos, decididos a irrumpir triunfalmente en la logósfera onírica de Los Pinos se dieron hasta con la cubeta como lo ilustra el último 'affair antifoxista' donde se intentó crucificar al panista tras descubrirse sus 'técnicas', propias del "lavado de dinero" que utilizan los narcos,  para hacerse de recursos en dólares (Fox interpuso una demanda legal contra sus "difamadores" y "calumniadores"),  En este escenario de 'muerte súbita', y  partiendo de la 'ley del más efectista' (tipo el 'Gran Houdini' o del inefable David Copperfield), se fueron configurando las imagenes de cada uno de los contendientes, colocandose Vicente Fox en primer lugar por su hábil manejo de los mass-media y por la reingeniería de marketing aplicada a su propia causa, 'capital connotativo' del que abusó por llevarlo al nivel del  sobrecalentamiento, sin soslayar su potencial de fascinación sobre grandes segmentos sociales regidos por signos propios de la posmodernidad, como los jovenes.

Francisco Labastida, por el contrario, fué creciendo paulatina y gradualmente. De iniciar sus acciones detentando una personalidad unidimensional (léase: gris y acartonada) junto con un 'discurso' predecible y reiterativo (la summa del Discurso de Estado más los fragmentos deshilvanados del propio 'corpus argumental priísta'), empezó a generar sinergia con una multiplicidad de ideologías latentes en todos los grupos sociales logrando conformar una imagen original con un alto grado de credibilidad y un discurso más realista,   lo que parecía una  misión  imposible.Del "primer Labastida" al "último Labastida" (hábilmente coucheado por su esposa, de una inteligencia y de una sensibilidad fuera de lo común en las "Primeras Damas") hay un abismo de 'significación' en su dimensión semántica y pragmática:  del priísta mimético y lineal, que rayaba en lo patético  (el estereotipado "candidato oficial" controlado por sus asesores más cercanos) irrumpe un priísta 'reevolucionado' (sic) que hace estallar los moldes y los códigos ideológicos que lo mantenían encorsetado para pasar a un estadio de mayor libertad y frescura, más espontáneo y verosímil, como lo demuestran sus enfrentamientos con Fox sin  "pelos en la lengua", muy bien vistos por sus partidarios y por un gran target de indecisos de naturaleza televisiva.

La impredecible 'resemantización' de Cárdenas

Con Cárdenas sucedió algo similar a Labastida:  tras partir de una plataforma pulverizada  y endeble (el canibalismo interno dentro del PRD generado por la lucha entre facciones coadyuvó a producir un 'shock simbólico' y un 'desfase mítico' , mas un desencanto en la opinión pública, perdiendo gran parte de  su base de legitimidad sustentada en el consenso social, a lo que hay que agregar el fallido proceso  de gobernabilidad ejercido por el propio Cárdenas en la Ciudad de México que fué  publicitado hasta el exceso por sus enemigos políticos)  empezó a remar a contracorriente hasta lograr, faltando dos meses para concluir la campaña, impactar a la Nación con 'golpes de timón' sorprendentes, como lo fué su asertivo protagonismo en la famosa 'semana de la TV'  (20 a 26 de mayo) que prácticamente lo resucitó y lo "metió al juego", afianzando su renovada imagen al instaurar una 'semiótica beligerante' que llegó al cenit con su triunfal arribo al espacio sagrado e intocable de la UNAM coronándose en un cierre de campaña sin precedente en el Zócalo capitalino que hizo sudar frío a sus principales adversarios del PRI y del PAN.  Hay que destacar (honor al que honor merece) que gran parte de la recuperación de Cárdenas se la debe a dos amazonas que podrían competir con 'Super-Woman': Amalia García y Rosario Robles, además de la discretísima Celeste Batel y de doña Amalia Solórzano de Cárdenas. Pero esta es otra historia.

Manuel Camacho y Gilberto Rincón Gallardo lograron, cada uno con su estilo e instaurando modalidades simbólicas (aquí, el gran triunfador lo fué el candidato del Partido Social Demócrata), posicionarse de minorías estratégicas, aunque el gran perdedor lo fué el exRegente capitalino, quien generó caudales de expectativas que se esfumaron en el espacio de la 'semiosis social' (lectura o interpretación que hace el ser social del multidiscurso producido por un Emisor incluyendo la propia respuesta del Receptor quien, así, se transforma en 'sujeto de la enunciación' o 'dueño del Discurso', como lo señala A.J.Greimas). Camacho, como el famoso "Gordo" Valenzuela, no logró estar por encima de sus bateadores, quienes le "encontraron" la pelota en los primeros intentos.

El nuevo inquilino de Los Pinos (en tres actos)

Primer Acto: Fox ganó la Presidencia. El sueño dorado del cowboy entrepreneur se materializa. Los panistas se vuelcan a las plazas públicas y toman por asalto el Zócalo capitalino  aún anonadados por los anuncios de los conteos del IFE (Televisa fué "ponchada" en su intento de instrumentar un albazo telecrático vía sus 'exit polls'  por la denuncia de Jorge G. Castañeda, a quien despidieron ipsofacto al grito de "get out!",  pero ahora, éste,  celebra su propio triunfo al arribar al despacho principal de la SRE; TV-Azteca, por su parte, festina la victoria con un "súper-especial" conducido por ¡Javier Alatorrre!). Fox, por su parte, se desplaza al Zócalo, tras hacer un stop en el Angel, para 'autofelicitarse' frente a una muchedumbre incontenible que empieza a rendirle culto al "Nuevo Mesías del Tercer Milenio" (más categoría que ser un simple "Salvador de la Patria") como lo califica el maestro de ceremonias (¿Adolfo Aguilar Zínzer?). La comunidad financiera internacional y los brokers de Wall Street están de plácemes, igual que los dueños de las "7 Hermanas" (¿¿??) y los  prohombres del mundo de los negocios mexicano, más un ejercito de metálogos (léase: "intelectuales de Estado") que trabajan arduamente, asesorados por Francis Fukuyama, para conformar 'The New Discourse' al margen de ideologías chabacanas repudiadas por Fox (se incluyen  las acuñadas por Gómez Morín y por González Morfín). Entre las primeras iniciativas: erigir una estatua en la 'Plaza del Caballito' al Maquío Clouthier y dar "luz verde" a la inclusión de educación religiosa en las escuelas públicas, además de agendar una reunión con el sup Marcos para "solucionar en 15 minutos" el problema de Chiapas (¡¡!!).

Segundo acto: Labastida es elegido como el 'Primer Presidente Priísta del Siglo XXI'. La 'furia tricolor' invade calles y plazas. Las ciudades se paralizan.El caos cunde por doquier (por la alegría de proseguir la magna obra de la Revolución Mexicana). La 'Nueva Nomenklatura'  irrumpe, todopoderosa, al margen de inhibiciones de cualquier tipo. La legendaria 'Familia Revolucionaria' estrecha lazos fraternales con la 'Elite Tecnocrática' a través de un emotivo encuentro entre Luis Echeverría y López Portillo  con Carlos Salinas de Gortari, Miguel De la Madrid y Ernesto Zedillo. En su primera aparición por TV como 'Presidente Electo' Labastida felicita a los derrotados y lanza un ofrecimiento a Cárdenas para consolidar la 'Nueva Democracia', oferta que el perredista rechaza sin miramientos, consolado por el aplastante triunfo conseguido en la Ciudad de México donde Manuel López Obrador es elegido Gobernador apalancado por una Asamblea Legislativa de mayoría perredista. Algunos consejeros de Labastida le aconsejan "expulsar del país" a Fox por apátrida, pero la sugerencia no prospera ante el riesgo de provocar un levantamiento nacional (en este escenario, Fox pierde por un márgen de 5%, impugnando ante el Trife la victoria del priísta y pidiendo anular las elecciones).Juanga, por su parte, convoca a un magno concierto en el Zócalo.

Tercer acto: Ante una inusitada reacción de la "minoría silenciosa" (los indecisos), Cuauhtémoc Cárdenas logra la victoria con el mínimo márgen sobre sus adversarios. El país se paraliza ante el hecho mientras la 'marea amarilla' se desborda, incontenible, por todos el país. Los candidatos del PRI y del PAN no dan crédito a lo sucedido ("¡Pero si estába noqueado de antemano!") y analizan posibles impugnaciones para sabotear al perredista por los conductos legales. Los gobiernos de'centro-izquierda' europeos felicitan, por los mass-media, al nuevo estadista (así lo califican), mientras que Televisa celebra el triunfo con amplia cobertura a todos los detalles.Pero también hay tristeza: Adolfo Aguilar Zínzer anuncia su "exilio voluntario" durante el sexenio mientras que Jorge G. Castañeda desaparece del nuevo espacio público y hasta el mismo Fox insiste en que volverá a sus negocios en Guanajuato. De Labastida, nada se sabe. En fin: ¿cuál de estos tres 'actos' le gustó más?. Porque uno se tornará real, hoy mismo.

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