Semiótica del Poder
Enero 21 de 2001
¿Pierde, Fox, la "Guerra de Imagen"?
 
Por Pablo Espinosa Vera

Más de mil millones de pesos se tienen presupuestados en el 2001 para apuntalar una política de ‘marketing imagocrático’ propulsada desde Los Pinos que permita, por una parte, conformar una ‘imagen ideal’ del Presidente de la República muy cercana al utópico y virtualísimo ‘lector in fabula’ o ‘lector ideal’ imaginado por Umberto Eco en un libro con un título ídem y, por la otra, construir escenografías hollywoodenses y ‘realidades’ de science-fiction en torno al Gobierno y a las instituciones de la posmoderna y neogótica Foxilandia como la ilustra la nueva versión ‘supermundialista’ de la Secretaría de Relaciones Exteriores o la ‘humanísima’ Secretaría de Desarrollo Social que intenta transformar el malogrado término de ‘pobreza’ por el más asertivo y estimulante de ‘prosperidad’ (en este presupuesto no se incluye el 12.5% de ‘tiempo gratuito en televisión a que tiene derecho el Gobierno Federal como lo destacó Francisco Ortiz en forma fúnebre y prepotente: “Presidencia, sobre mi cadáver, no le paga a los medios electrónicos”).

Y son precisamente estos medios electrónicos los  grandes aliados de la nueva cruzada foxiana donde la TV mantiene una posición privilegiada y que han empezado a hacer su ‘tarea’ al pie de la letra para magnificar hasta el infinito (“¡y más allá!”, como diría el inefable Buzz Lightyear) al nuevo Mandatario cuyas modalidades histriónicas tienden a enriquecer la inextricable “Enciclopedia de la Imagen Presidencial del Tercer Milenio”donde sobresalen los nuevos iconos instaurados por un Presidente de ‘clase mundial’ como lo es el cosmopolita  “Hombre Marlboro” (Fox, victorioso, montando a su caballo “2 de Julio”, símbolo  que hizo  la delicia de los mass-media europeos desde las páginas de The Economist y la de  los estadounidenses lidereados, también, por un ranchero o  cowboy texano), además del amoroso “Superfather” idolatrando a sus “chiquillos” y “chiquillas”, sin dejar fuera al irreverente, inocentón, ingenuo y candoroso “Woody Fox Allen”, que cautivó a las audiencias teleadictas en el famoso ‘martes negro’ transformado en el ‘martes de la victoria’ gracias al reiterativo e  histórico “¡hoy!, ¡hoy!, ¡hoy!”.

 En esta galería no es posible ignorar a Fox en su rol de imprevisible “Showman” departiendo con toda naturalidad en el espacio de Adal Ramones ,“Otro rollo”, así como  en “El Noticiero” de Joaquín López Dóriga donde sustituyó, de facto, al popular comentarista en una mesa redonda rodeado de sus colaboradores  (el programa conclutó espectacularmente con una porra a México que Fox adaptó a su argot: “...¡México, México, ya, ya, ya!” esbozando una enorme sonrisa de satisfacción) ni a Fox en su rol de Gran Guadalupano’ y/o como neobarroco Juan Diego  aferrado a su tilma bendita antes de

protestar como Presidente de la República, ni en su papel de ‘Cowboy Entrepreneur’ enfrentando a mandatarios europeos y sudamericanos y a megaempresarios trasnacionales a quien les garantizó que su Gobierno sería, ante todo, de ‘business politics’’.

Fox llegó a la Presidencia por una estrategia de marketing inspirada en la Coca-Cola: se transformó, ni más ni menos, que en un ‘producto de consumo político’  dentro de la logósfera de la cultura de masas magnificando hasta el extremo la Forma sobre el Contenido (el factor ‘imagen’ caracterizado por el abuso de connotadores pedroinfantescos que matizan  la figura del ‘muchacho alegre’ y hasta la de su canción preferida: la del ‘hijo desobediente’ y rebelde quien se atreve a desafiar al Sistema en una reedición de David vs Goliat) . En este contexto se combinó magistralmente con el argot discursivo o coloquial más populachero y de mayor impacto massmediático (su propio lema de campaña, “hechar al PRI de Los Pinos” fue adoptado como una  consigna o modalidad simbólica  latente en el imaginario social que lo impulso a Los Pinos).

Ahora, posicionado en la residencia presidencial, el flamante Jefe de la Nación proveniente de una ‘oposición’ parapartidista’  (“Los Amigos de Fox”, antes que el PAN de línea ortodoxa y aristotélica y mucho antes que el PVEM o de la indefinible Alianza por el Cambio carente de background teórico-ideológico) busca ‘renovar’ y retroalimentar su

new look asistido por un poderoso pool de imagócratas comandados por Martha Sahagún y Francisco Ortiz Ortiz quien, sin ruborizarse, reconoce abiertamente que “...mercadotecnia es entender lo que la gente quiere, para darle lo que la gente quiere. Eso para nada es malo. Cualquier empresa exitosa es lo que normalmente va a hacer, satisfacer las necesidades de los consumidores” (Reforma, 14-I-01). Aunque si cambiamos el término ‘empresa’ por el de ‘Presidencia’, la idea cobra sentido: Fox le va a dar a la gente (consumidores simbólicos) lo que la gente quiere: imágenes candorosas (el “Superfather” compartiendo el pan y la sal con los ‘niños de la calle’), sonrisas ‘Colgate’ (el nuevo Tlatoani feliz de la vida exhibiendo, como niño con ‘juguete nuevo’, a los miembros de su Gabinete  en el Auditorio Nacional),  guiños enigmáticos (los movimientos de ceja en sus teatrales apariciones por televisión), frases desafiantes (“¡le tomo la palabra”!”, al sub Marcos), actitudes terminantes (al enfatizar que el Gobierno Federal “no anda de metiche”, al referirse al affair Tabasco), entonaciones caudillescas (Fox, paladín del ‘mundo democrático’), potencial de liderazgo (Presidente de ‘clase mundial’ y futuro “Superman Latinoamericano” cabildeado por Jorge G. Castañeda y Carlos Fuentes) y una serie de connotadores empatados con el imaginario simbólico del ciudadano medio y/o ‘homo videns’, en términos de Giovanni Sartori.

El sup Marcos: ‘sujeto de la enunciación’ de peso superpesado

Durante la campaña, Fox enfrentó a adversarios de ‘peso pluma’ o ‘peso semicolpleto’ como Francisco Labastida y Cuauhtémoc Cárdenas, respectivamente, y los hizo trizas en encuentros ‘téte-a-téte’ ante los ojos de toda la Nación (el primero y el segundo debate, televisados). El feeling del entonces candidato del PAN-PVEM superó a todos los contrincantes incluidos personajes familiarizados con el lenguaje mediático como Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solis que se vieron reducidos ante la presencia ‘majestuosa’ de Fox. Ganar las elecciones era mero trámite, como lo fue, a pesar de que la diferencia ante el priísta no fue abismal.

Tras el triunfo y la espectacular toma de posesión con todo y bendición de la Virgen de Guadalupe, el Presidente empieza a desgastarse por más que ‘cambie de piel’ o que inaugure nuevas campañas publicitarias como la del populoso ‘Mensaje de Año Nuevo’ rodeado de chiquillos y chiquillas además de futbolistas (¿¿??) y de discapacitados, spot  que no convenció a la teleaudiencia por lo obvio y rústico del reparto y de la escenografía (el ‘efecto de lo verosímil’ brilló por su ausencia sustituido por un  metalenguaje falso y acartonado). El “Superfather” falló, igual que el script, de un tono de telenovela cursi y barata (¿quién sería el autor de este decadente ‘acto fallido’ que sólo “comunicó” miseria retórica?).

Ahora, Fox como Presidente y sin un think-tank de imagócratas de alto nivel (¿contratarán a  un Jacques Seguela o a un Jean-Marie Floch?) tendrá que vérselas con un ‘peso superpesado’ a nivel de imagen que combina, sin presupuesto, las prácticas discursivas con las puestas en escena (dimensión semiopragmática del Discurso) a nivel de excelencia, muy al margen de si tiene o no razón en sus proposiciones, que conste: el Subcomandante Marcos, lider paradigmático del EZLN y que, en apariencia, es inferior en rango a los 24 Comandantes del EZLN que lo acompañarán en su travesía a la Ciudad de México a partir del 25 de febrero.

Marcos le está arrebatando los reflectores al egocéntrico inquilino de Los Pinos y eso no lo puede soportar ni Fox ni su gigantesco team dream de “comunicadores” ni los soberbios massmediócratas que detentan y ostentan la ‘propiedad’ de los medios electrónicos  que no logran digerir ni concebir que exista otro ‘mexicano’ capaz de hacer palidecer al ‘Gran Jefe’  como lo está logrando “El Guerrillero” (¿rola de Oscar Chávez?) quien se dispone, como lo hicieron Villa y Zapata en noviembre de 1914, a ‘tomar’ la Ciudad de México enarbolando la bandera de defensor o ‘súperabogado’ a ultranza, ante el Congreso, de la Ley de Derechos y Cultura Indígenas que legitimaría la teleología del movimiento zapatista-indigenista  desde el estratégico punto de vista jurídico-constitucional (en México, la ideología cartesiana del Estado de Derecho dota de sentido al Estado-Nación y a su consecuente: el propio principio de nacionalismo desde donde se articula la ‘idea de lo mexicano’; en este contexto, ser ‘cobijado’ por la Constitución Política simboliza el pasar, como diría Heidegger, de la condición natural del Sein al Da Sein: del ‘Ser’ en un sentido filosófico y conceptual, en estado ‘yecto, al ‘Ser en el Mundo’ en sentido de ‘in-yecto’ (el Ser es ‘lanzado al mundo: “nace” en el mundo como ‘Ser Social’), nivel que no ha alcanzado el universo de diez millones de indígenas “inexistentes” ante el Sistema y confinados a vagar en el México obscuro y/o ‘invisible’ revelado por creadores del nivel de Miguel León-Portilla, Mauricio Magdaleno,  Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Agustín Yánez, Fernando Benítez, Juan Rulfo, Gonzalo Aguirre Beltrán, Guillermo Bonfil Batalla, Néstor García Canclini y hasta Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, sin intentar agotar la lista de notables que sí le han hecho justicia a los ‘olvidados de la Tierra’.

Un ‘Discurso de Presuposiciones virtuales’ (el de Fox) enfrentado a un ‘Discurso de Referentes Reales’, además de brutales (el del sup Marcos): armados de estos ‘arsenales

enunciatarios’ ambos contendientes se enfrentarán a una impresionante megamáquina massmediática de cobertura planetaria, que es la verdadera artífice del ‘factor imagen’ que tanto le preocupa al Presidente,  intentando convencer y persuadir a sus imaginarios interlocutores (¿quién o quiénes son los ‘sujetos de la enunciación’ últimos dentro del laberinto de los mass-media?) de la lógica y del sentido de sus enunciados. Y, por supuesto, el ‘capital de verosimilitud’ y el de ‘veridicidad’ del líder zapatista es superior al del inquilino de Los Pinos que debe resignarse, desde ¡ya, ya, ya!, a ser el ‘gran perdedor’ en esta peliculesca “Guerra de Imagen”. Total, Fox sabe, por haberlo vivido en carne propia, que no siempre se gana...aunque detente el poder omnimodo de Tlatoani con todo y sus mil millones de presupuesto para gastos de “make up” (sic).

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