Semiótica del Poder
Marzo 11 de 2001
La venganza de Quetzalcóatl en el DF
 
Por Pablo Espinosa Vera

¿El retorno de Quetzalcóatl-Marcos  a la Gran Tenochtitlan desafiando al poderoso Tezcatlipoca-Fox que todo lo ve en su ‘espejo negro’?. El mito y los símbolos lo permean todo, hoy, domingo 11 de Marzo cuando el EZLN “toma” el Zócalo capitalino de manera pacífica  apuntalado por millones de seguidores desde su arribo a la Ciudad de los Palacios (Humboldt) y hace realidad un sueño  casi imposible: el establecer y posicionar, en el imaginario social y simbólico de los mexicanos, la ‘presencia’  de carne y hueso de una población casi fantasmática e irreal que representa el 10% de la población total (10 millones de indios) y que ha logrado sobrevivir durante más de 500 años tras la masacre histórica y simbólica conocida como ‘Conquista de México’ con su secuela: la cruenta época Colonial que predominó durante casi 300 años donde las víctimas, por millones, lo fueron los ‘indios’ que tanto molestan e incomodan a las ‘buenas conciencias’ como la de preclaros intelectuales beneficiados por el ‘poder imperial’ (político y mediático) de la talla de Enrique Krauze, Jorge G. Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Adolfo Aguilar Zínzer y hasta al “Campeón de la Cultura Mexicana” Carlos Fuentes, que ha evitado manifestarse en torno al tema para evitar, quizás,  quedar mal con el Principe en turno (eso, en lenguaje llano, se llama actuar “políticamente” con toda su connotación de falsedad e  hipocresía y de dobles lenguajes, y es que no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo, ¿o sí?).

Desde el marco del tercer Congreso Nacional Indígena efectuado hace una semana en la comunidad purépecha de Nurio, Michoacán, el Sub Marcos fue contundente en sus intenciones en relación con la ‘Marcha de la Dignidad Indígena’ al enfatizar, durante la  clausura del Congreso que respaldó en forma unánime las demandas zapatistas y ante los 1,380 delegados de 40 pueblos  además de los 6,473 observadores nacionales y extranjeros  que “...vamos por el reconocimiento de nuestros derechos como indígenas y como mexicanos; vamos por lo que nos arrebataron, lo que nos han negado, lo que no tenemos y, sin embargo, queremos, necesitamos, merecemos”. En el mismo tono  entre poético y performativo, hizo una advertencia cargada de significados múltiples: “...marcharemos de nuevo por los siete días que nos llevarán a la tierra que crece para arriba, a la que hace leyes, temblarán con todos los indígenas que somos”.

Y, sí, el Distrito Federal tiembla y se estremece de emoción ante el arribo de los 24 guerrilleros, 23 Comandantes y un Subcomandante (y de los miles que integran la caravana incluyendo los casi 300 “monos blancos” italianos que los protegen celosamente) que cabildearán ante el Congreso, considerando una posible intervención de Marcos desde la principal tribuna de la Cámara de Diputados como lo comentó el perredista Martí Batres Guadarrama, la aprobación de la Ley de Derechos y Cultura Indígenas, una de las condicionantes para reiniciar el diálogo con el Gobierno Federal que, se espera, conducirá a la paz,  pero a una paz auténtica, como lo subrayó el Sup,  alejada de formulas retóricas y de la parafernalia mediática (“Unidos por la Paz” + 20 millones de “firmas” arrancadas vía la persuasión publicitaria, perpetrada desde Los Pinos, de la ‘caja perversa’ concesionada a Televisa y a TV Azteca) latente en las cabezas tanto de Fox como de sus ‘operadores televisivos’ (Emilio Azcárraga Jean & Ricardo Salinas Pliego): “...(los zapatistas) si queremos la paz y luchamos por ella, pero una paz con justicia y dignidad”. Es decir, interpretando a Marcos: se busca llegar a la pacificación pero en un contexto de ‘contenido’ más que de ‘forma’, como lo intentan Fox y sus incondicionales aferrados a una ‘paz’ enunciativa, arreferencial, de apariencia y escenografía que solo conducirá a impasses tanto a nivel semántico como pragmático. En síntesis, la ‘Pax del Inmovilismo Total’, la ‘Pax Imperial de Foxilandía’ donde conceptos como ‘justicia’ y ‘dignidad’ están de más. Esa ‘Pax’, de show-business, no es la que buscan los rebeldes y mucho menos el Sub Marcos, quien difícilmente se dejará engatusar por las triquiñuelas de sello ultraderechista o fascista instrumentadas por la nueva reacción de corte gerencial, como diría Gastón García Cantú en un capítulo final de su genial obra.

¿Los indígenas, detonadores del ‘desarrollo’ y de la ‘democracia foxiana?

Tras el espectáculo circense montado por las principales cadenas televisoras que no pueden arriesgar sus concesiones, y en uno de sus habituales ‘golpes de timón’ copado por la opinión pública nacional y mundial que mantienen sus ojos puestos sobre el affaire zapatista, el Presidente Fox persiste en su “bienvenida” al ejercito guerrillero incorporando, en su sincrético y posmoderno ‘discurso’ donde todo cabe (incluidas las contradicciones y el teatro del absurdo hecho gobierno), a la población indígenas, 10 millones conformados en 57 etnias,  como una entidad coadyuvante de la grandeza de ‘Foxilandia’ ostentando, por supuesto, un potencial productivo que nadie debería soslayar iniciando con el sospechoso Plan Puebla-Panamá que será “consensado” entre los indios del sur para darle un matiz democrático al  flamante proyecto neocapitalista : “...las expresiones del cambio que estamos viviendo nos hacen reconocer que el EZLN desea contribuir al desarrollo del país y apoya la Iniciativa de Derechos Indígenas (Ley Cocopa) que nosotros, que este Gobierno, ha puesto en manos del Congreso federal”. En este mismo tenor, el jefe de la Nación alabó el inminente arribo de los “hombres del color de la tierra” a la ciudad capital sin dejar de enfatizar que “...su  presencia nos recuerda que hay rezagos e injusticias que es urgente resolver” tras intentar acomodar las piezas del ‘modelo para armar’ cortazariano a su favor: “...nuestra democracia debe ser lo suficientemente fuerte para abrir, sin recelos, todas las puertas a los pueblos indígenas”, lo que suena a triquiñuelas de Tezcatlipoca.

El Sub Marcos, por su parte, arremetió contra la ‘Welstanchauung foxiana’ tras revelar,

desde Toluca que “...el PRI y Fox son lo mismo” advirtiendo que “...es la histeria de la derecha la que está convirtiendo esta movilización en una revolución” (la amenaza hecha por el Gobernador de Queretaro Ignacio Loyola, de fusilarlos en el Cerro de las Campanas por “traidores a la patria”, es un ejemplo), e inmediatamente después, en su mismo discurso en la Plaza de los Mártires enfocó  sus  ‘baterías’ contra los superricos a los que calificó de temerosos: “...los grandes señores del dinero en México tienen miedo de la marcha de la dignidad indígena...tienen miedo porque dicen que los pobres se van a alzar a nuestro paso, que se van a cobrar los agravios...tienen miedo, dicen, porque se puede agudizar la lucha de clases; ¿pues no que ya no había lucha de clases?”.

Y aquí, Marcos dejo entrever una de las ‘conquistas’ logradas por la marcha: el haber asumido, los zapatistas y el Sup como símbolo referencial, el liderazgo no sólo de las etnias indígenas sino de los más pobres de los Estados del sur y del centro o, como diría el extinto “Tigre” Azcárraga en términos coloquiales, el liderazgo de los ‘jodidos’, que en México superan al 60% de la población total. Y a esta nueva fuerza social organizada o ‘jefaturada’ es a la que temen, tanto el nuevo gobierno de centro-derecha como los partidos y organizaciones políticas que han hecho de los amolados su base clientelar por excelencia (¿PRI, PRD?). Ahora, solo basta esperar cómo se conformará esta nueva y espontánea fuerza que ha germinado y cuál será la respuesta del Estado y de todo el aparato institucional, ya sea para encauzarla democráticamente, o para reprimirla e intentar pulverizarla (en este escenario, hasta el  nuevo PRI antifoxista, en su críptica fase ‘contestataria’ y ‘guerrillera’, se puede sumar a la nueva ‘bola’ zapatista, sin descartar al PRD ‘cuauhtemista’ que no logra definirse ante el pleito de las ‘tribus’ por parcelas de poder).

¿“Todos somos Fox” o “Todos somos Marcos”?

Mientras The Financial Times ubica al líder guerrillero como el prototipo de la antiglobalización, The Economist resalta la abierta guerra de imagen generada entre Fox y Marcos enfatizando que ambos hombres están  “hambrientos” de publicidad, opinión con la que coincide la prensa internacional agregando lo subrayado por el diario español El País: “...los adversarios del EZLN observan en el ánimo y reclamaciones del grupo insurrecto, metas compartidas y viables, pero también egolatría y un oportunismo empecinamiento en la utopía y los imposibles” (como dirían los estudiantes franceses en el 68: “Seamos realistas; intentemos lo imposible”).

La polarización de opiniones y puntos de vista (más de 20 millones de ‘firmantes’ por la

Paz es el nuevo slogan difundido día y noche por las principales cadenas televisivas) ha permeado a la Nación entera estableciendo un eje semántico virtual que coloca, de un lado, al inefable sup Marcos y, del otro, al no menos indescriptible Vicente Fox enfrascados en una guerra mediática donde el rating principal lo detenta el enmascarado, símil simbólico de Quetzalcóatl que prometió regresar tras haber sido  engañado y derrotado por Tezcatlipoca, el del espejo negro y humeante (según el mito, ambos dioses, que procedían de la diosa madre, Coatlicue, quien también engendró a Huitzilopochtli, crearon el mundo y el universo).

Mientras el discurso del Sup se consolida y legitima vía el consenso social (el imaginario simbólico de las masas desposeídas, oprimidas y marginadas representan su mejor ‘capital político’), el del Presidente tiende a derribarse por efecto de una serie de actos fallidos previsibles o imprevisibles, incluyendo la malograda “Cumbre de San Cristóbal” que el Presidente Bush boicoteó al ordenar un artero ataque a Iraq que se convirtió en la noticia mundial. En este mismo contexto destaca la promesa foxista de reducir cargas impositivas a la población, promesa incumplida al anunciarse una reforma fiscal enfocada a ‘capitalizar al Estado’ a costa de los bolsillos de todos los mexicanos (Francisco Gil Díaz representa al ‘verdugo fiscal’ por excelencia, de sello priísta y salinista), a lo que hay que agregar (otra promesa incumplida)  la potencial ‘privatización’ camuflageada de PEMEX administrada, desde ya, por poderosos representantes de la oligarquía nacional (algo similar a poner la iglesia en manos de Lutero), y así por el estilo se impone el dicho popular de que “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. Pero a Fox lo aniquilará su doble lenguaje que la ‘social intelligence’ (en términos de Stevan Dedijer) ha empezado a ‘desencriptar’ y a develar. En fin, la gran disyuntiva sincrónica: ¿”Todos somos Fox-Tezcatlipoca”, o “Todos somos Marcos-Quetzalcóatl”?. Hagan sus apuestas, señores.

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