Semiótica del Poder
Marzo 18 de 2001
'Fox Garrett' frente a 'Marcos The Kid'
 
Por Pablo Espinosa Vera

El virtual ‘duelo bajo el sol’ protagonizado por ‘Fox Pat Garrett’ (el comisario) contra ‘Marcos Billy  The Kid’ (el muchacho rebelde) no es a muerte. Es, más bien, un simulacro hollywoodense con todo y pueblo del oeste (el DF) más un sinfín de efectos digitales contratados por Martha Sahagún y por Francisco Ortiz a alguna empresa del nivel de  Industrias Light & Magic (George Lucas) o a  los propios estudios DreamWorksSKG (Spielberg, Katzenberg & Geffen) para lograr que el efecto de lo ‘verosímil’ resulte creíble, aunque sea a nivel de apariencia efímera en el ámbito de lo mediático (el circense festival “Unidos por la Paz” forma parte de esta parafernalia del simulacro).

La impresionante puesta en escena montada por los zapatistas en pleno Zócalo capitalino apuntalados por la “inexistente” sociedad civil (¿cuántos millones de ‘extras’ se hubieran tenido que contratar para llevar el performance a niveles de superproducción tipo ‘Ben-Hur’ o ‘Los 10 Mandamientos’?) sirvió para legitimar y fortalecer, ampliamente, la personalidad mítica y simbólica del legendario Sub Marcos así como su discurso contestatario, heterodoxo y contracultural que connota signos de Libertad y Democracia, sin adjetivos ni trampas semánticas,  por encima de cualquier guión partidista que se las dé de muy ‘ideologizante’, sea de izquierda, de derecha o de ‘centro’.

Fox, por su parte, no se ha querido quedar atrás, y además de articular una política massmediática enfocada a abrir todos los espacios a los guerrilleros (¿cómo explicarse, sin el aval de la Presidencia de la República, el hecho de que Televisa transmita una insólita entrevista al Sub Marcos, de casi dos horas de duración realizada por un megacrítico del sistema político como lo es Julio Scherer?), ha mantenido una postura y una estrategia de “Operación Brazos Abiertos” que le ha dado óptimos resultados ante la opinión pública nacional y mundial, a pesar de que se percibe un halo de hipocresía y de falsedad en dichas prácticas significantes que a Fox no le hacen mella (el fin justifica los medios, ¿no?) mientras le permita sostener una ‘imagen’ acorde a su ‘política imaginaria’ donde pesa más la forma que el contenido (los dos factores requeridos en toda función semiótica para convertir e interrelacionar la ‘significación’ en ‘comunicación’ –‘acción comunicativa’- y enriquecer los procesos de ‘lectura’ o de interpretación).

El Presidente está demostrando su potencial para generar sinergia (léase: aprovechar la fuerza y el impulso del contrario, exactamente igual que en el karate-do o en el judo) y no le importa llegar a los niveles más surrealistas posibles con tal de confundir a la opinión pública al enfocar sus ‘baterías’ contra el propio imaginario social y simbólico del ‘hombre-comunicación’ (Gianni Vattimo) que no logra discernir ni diferenciar, en forma analítica, lo que está sucediendo (“¿por fin, quién tiene la razón?”). Un ejemplo de lo anterior: la reiterativa invitación de Fox a Marcos para deleitarse con un cafecito en Los Pinos bajo la sombra de los árboles del paradisíaco jardín: “....¡Es sin compromiso de nada! Está invitado a venir aquí a Los Pinos a platicar...Yo lo he invitado cordialmente a Los Pinos. Aquí, en estos jardines, nos podemos sentar a platicar. A platicar del futuro, a platicar de los indígenas, a platicar de su causa, a platicar de México...”.

Estrategia semiótica de “Fox Pat Garrett” para liquidar a “Marcos The Kid”

Tras el rotundo triunfo social ostentado por el Sup y sus 23 Comandantes que inició con la ‘Marcha de la Dignidad Indígena’ y que culminó en el Zócalo capitalino  con la espectacular ‘semiosis democrática’ protagonizada en pleno corazón de la Gran Tenochtitlan donde el ritual se consumó al ser acogidos los guerrilleros como virtuales ‘líderes del pueblo’ donde el propio Marcos se erige como el “Primer Jefe Independiente del México Democrático” (el jefe institucional lo es Fox), al Presidente de la República no le quedó otra que sumarse a la ‘cargada de los búfalos’ mientras prepara el terreno y las condiciones propicias para ‘liquidar’ al sumamente hábil, inteligente, peligroso, astuto y artero “Marcos The Kid”, siempre en el ámbito de la logósfera discursiva y de las puestas en escena de toda clase y nunca, en el contexto de un killer o un sicario.

 En sí, nos referimos a una ‘muerte semiótica’ que nos remite al fin de la significación y a la consecuente pérdida del sentido de todo lo que hieda a zapatismo (para la nueva derecha, por supuesto) que es a lo que le apuesta Fox  adoptando una actitud de ‘tolerancia total’ y de ‘libremercadólogo ideológico’ montado sobre los principios del lassez-faire, lassez- passer que incluye el hilvanar una serie de ‘prácticas significantes’ de alto impacto ante la opinión pública incluyendo acciones como las siguientes: aprobación por el Congreso de la ‘Ley Cocopa’ para quitarle ‘armas enunciatarias’ a Marcos y a la Revolución Zapatista; permitir que los jefes guerrilleros hagan lo que quieran, declaren  lo que se les antoje, lo critiquen a él en forma inmisericorde y se paseen por todos los puntos de la República incluyendo los jardines de Los Pinos si se animan;  retirar al Ejercito de los tres cuarteles pendientes de la zona de conflicto; liberar (¡hasta Carlos Slim ya le entró a la coperacha en grande para cubrir las fianzas!) a todos los zapatistas y presos de conciencia; consensar con los pueblos indígenas el impugnado  ‘Plan Puebla Panamá’ el que, según Marcos, balcanizaría a los estados del Sur y correría, virtualmente, las fronteras de Centroamérica hasta el DF en beneficio de los “neocapitalistas globalizadores”; abrir todos los espacios massmediáticos para hartar a las audiencias con el ‘discurso contestatario’ de los rebeldes (según la visión de Fox y de su ‘thing-tank’, que conste); aplaudir las intenciones de Marcos de permanecer en el DF, y muchas ‘concesiones’ más enfocadas a debilitar, siempre en el campo de lo ‘verosímil’ (Aristóteles define como ‘entimema’ al efecto de engañar con verdades a medias), la base discursiva y beligerante que dota de sentido a la gran cruzada “villista-zapatista”, como la visualizó el propio jefe rebelde en la larga entrevista con Julio Scherer reconociendo su admiración por el Centauro del Norte.

“Fox Pat Garrett” necesita acabar con “Marcos The Kid” en un duelo intermediático y de golpes políticos estratégicos para posicionarse de la opinión pública adversa y para apuntalar su tan necesaria dosis de gobernabilidad así como a la propia logósfera democrática que lo ascendió a las alturas, pero la misión es más que imposible ya que se enfrenta a un ‘pistolero’ de cinco estrellas al que difícilmente podrá derrotar frente a frente, por lo que requerirá el recurrir a “terceras vías” como un golpe a traición o un tiro por la espalda. En la ecuación Marcos-Fox, el primero lleva la delantera y Fox es consciente y hasta lo reconoce con humildad  que su “Enemigo Público No. 1” es casi invencible ya que lo ha superado tanto en la dimensión discursiva como (resultó un genial sujeto de la enunciación) como en la dimensión semiopragmática  (dicho sujeto de la enunciación  en escena es un ‘seductor potencial’ de la talla de Woody Allen) como se vió durante la histórica Marcha o al comparecer ante el millón de fans  concentrados en el Zócalo donde escenificó, además de un neobarroco ‘retorno de Quetzalcóatl’, el  inesperado ‘regreso de Godot’ que los capitalinos, hartos de la leyenda, esperaban con ansiedad y desesperación.

¿Cómo vencer a una ‘megamáquina mítico-simbólica’?

¿Cómo vencer al mito y a las modalidades simbólicas que permean al odiado adversario quien, como The Phantom de Lee Falk, es de naturaleza inmortal a pesar de su condición humana?. Para lograrlo, Fox requiere de los servicios de un Nostradamus posmoderno además de un exorcista desmitificador que no está a la vista. Y es que, tanto en el plano analógico como en el simbólico las cualidades del guerrillero superan a las del inquilino de Los Pinos. Por ejemplo, a  nivel iconico, Marcos posee mucho mayor feeling que el Tlatoani en turno más por lo que connotan los diferentes ‘signos’ y ‘marcas semánticas’ que lo conforman a nivel de ‘imagen’ (desde la pipa vangoghesca, el traje de colores pardos y beligerantes , las cananas villistas, el pasamontañas que lo confina al universo mítico del ‘no-ser’, los dos relojes cargados de simbolismo, el imprescindible teléfono celular, hasta las botas de viejo soldado ruso, la mirada lacónica y profunda, la deforme gorra castrense, y

las armas ) que por lo que denota: ser un ‘rebelde social’ que no aspira al poder o un ‘guerrillero romántico’ con el único telos de reivindicar a los de ‘abajo’ olvidados, marginados, explotados y humillados por los de ‘arriba’ que aún no aprenden a cohabitar con los “hijos bastardos de Pedro Páramo” a pesar de vivir en el mismo país y de estar definidos con la misma denominación eufemística: ‘mexicanos’ aunque, como diría el Filósofo de Guemes, “juntos, pero no revueltos”.

Ante esta versión posmoderna y de mass-culture de Robin Hood nada puede hacer Fox, ni aún detentando los signos cosmopolitas y globalizadores del popular Marlboro’s Man que tanto fascina y divierte a los auditorios europeos y anglosajones pero que empieza a desgastarse con velocidad ante sus propios fans que ya están hartos de los destellos  histriónicos de su ‘locutor-comediante-Presidente’ exigiéndole resultados concretos y soluciones viables e inteligentes ante la compleja problemática que azota a la gran mayoría de la población. En este impasse, el match “Fox-Marcos” genera desproporciones abismales. Mientras el primero insiste en enfrentar la realidad con palabras y con enunciados reiterados hasta el cansancio (su ‘banda de información’ está, fácticamente, agotada en los primeros ‘100 días’ manteniéndose el discurso sobre una frágil ‘banda de redundancia’ saturada de ruidos y de transmisiones caóticas generadoras de entropía), el segundo accede al nivel del mito, de la alegoría, de la metáfora y del ritual para penetrar en el inconsciente colectivo además de manipular los símbolos (¡toda la historia de México, nada más!) con destreza magistral, actitud que lo eleva ante los demás a nivel no sólo de héroe sino de virtual superhéroe conformado por un sincretismo de figuras míticas extraídas de la historia, del cine, de los movimientos guerrilleros, de las rebeliones estudiantiles, de las leyendas sobre bandoleros populares, de filósofos y poetas  contraculturales, de la lucha libre y de los comics  (Emiliano Zapata, Francisco Villa, El Santo, Lucio Cabañas, Spawn, Che Guevara,  Kalimán, Pedro Infante, El Fantasma, Quetzalcóatl, Batman, José Revueltas, El Zorro, Evtushenko, Billy The Kid, Julio Cortázar, Herbert Marcuse, Pedro Armendáriz, Blue Demon,  Genaro Vázquez Rojas, Cisco Kid, Martín Luther King, El Capitán América,  Fantomas, Daniel Cohn-Bendit,  El Avispón Verde, Juan Nepomuceno Cortina,  Rambo, Valclav Havel,  El Hombre Invisible,Flash, etc.). Queda por ver cómo juega Fox sus cartas ante esta ‘megamáquina mítico-simbólica’ que, según él, no le quita el sueño. ¿Será?

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