Semiótica del Poder
Abril 1 de 2001
"¡El'sup Marcos', a la hoguera, ya,!"
 
Por Pablo Espinosa Vera

Los nuevos ‘inquisidores’ del PAN capitaneados por “Barbagris” Fernández de Cevallos son implacables ante la nueva consigna que el propio Fox elude, en su papel de “gran conciliador”: “¡Marcos, a la hoguera!”, consigna que empieza a revertírseles ante un receptor cada vez más inteligente y en ‘estado de alerta’ que empiezan a preocuparse por la regresión neomedievalista de que dan muestras los panistas. En este contexto aniquilador, uno se pregunta: ¿cuál es la ‘visión de los vencidos’ después de 500 años? El Subcomandante Marcos y sus zapatistas tienen la respuesta: ¡No más humillaciones ni agravios! ¡No más ‘indios olvidados’! ¡No más crímenes! ¡No más genocidios y masacres impunes como la de Acteal! No más explotación irracional e inhumana! ¡No más actos de poder indignos y bestiales! Quinientos  años después los ‘indios’ del México oscuro y profundo se sublevan, en plena era ‘neocortesiana’(arquetipo del ‘nuevo’ PAN y de su “líder moral”, el inefable Jefe Diego) y llegan hasta el corazón de la posmoderna Tenochtitlan y hasta la máxima tribuna parlamentaria para hacer resonar su “¡Ya basta!”, con el que iniciaron su insólita rebelión que asombró al planeta entero.

Pero el “¡Ya basta!”no es suficiente. Los nuevos “conquistadores”, que connotan el hedor de sus ancestros del infierno, están iracundos ante la descabellada ‘revuelta’ de sus eternos súbditos y esclavos y exigen, a gritos destemplados, la cabeza de los  facciosos insurgentes encabezados por una nueva versión de Morelos, Hidalgo, Allende y Abasolo: el Sub Marcos quien, insolente y descastado, se atreve a la herejía suprema: pedir respeto y ‘derechos’  para los olvidados ‘indios’ que insisten en transitar de la región connotativa de los ‘fantasmas’, al universo deíctico de la ‘realidad’ asumiendo toda clase de riesgo, como lo enfatizó el Sup antes de iniciar la explosiva ‘Marcha por la Dignidad Indígena’: “...saldremos aunque nos maten”, sin más armas que la ‘palabra’ y que la ‘poesía’, que son la base de su poder enunciatario para “nombrar al mundo” y para interpretarlo desde su muy particular ‘intenciónalidad’ y ‘punto de vista’, conceptos estos últimos inspirados en las definiciónes que hacen  A.J. Greimas & J. Courtés localizadas en la páginas 145 de su Diccionario de Semiótica, Vol. 1 (Gredos, Madrid, 1982) y  en la 208s  del Vol. 2 (1991).

Son las ‘palabras’ y los ‘símbolos del no-ser’ (el pasamontañas que oculta la invisibilidad del rostro), más que las armas o los códigos guerreros, los que han elevado la ‘presencia’ (antítesis de la ‘ausencia’ en el sentido de Henry Lefebvre) de los inefables “fantasmas zapatistas” que difícilmente pueden ser derrotados con las viejas armas de la clase política (retórica más estilística que no produce más que detritus), esgrimidas brutalmente por mercenarios de la enunciación de la talla del ‘Jefe’ Diego (el mismo que vendió su alma al ‘diablo’ Salinas de Gortari por un pedazo de tierra, nada despreciable, en ‘Punta Diamante’), de Ricardo García Cervantes (¡antítesis grotesca del  humanísimo autor de El Quijote!), de Felipe Calderón Hinojosa (¡auténtico ‘lobito’ con piel de oveja!), de Ignacio Loyola Vera (remake de Miramón y Mejía resemantizado asertivamente como “Firulais” por el propio Sup), de Luis Felipe Bravo Mena (otro xenófobo que se la pasa siempre ‘surfeando’ entre la ambigüedad y la indefinición) y de priístas de estirpe reaccionaria como Manuel Bartlett y Enrique Jackson que no lograron reprimir su profunda  y delirante “Marcofobia” que, afortunadamente, no ha permeado a muchos de los tricolores.

Como lo reconoció el Sup ante Gabriel García Márquez en la entrevista para la revista ‘Cambio’ de Colombia: “Estámos en el terreno de ellos, el de la sede del poder político, donde la clase política está en el medio en donde se desarrolla. Estamos con una organización perfectamente ineficaz a la hora de hacer política, al menos esa política. Somos torpes, balbuceantes y con buena voluntad. Del otro lado están los que manejan bien esos códigos”. Pero también hace referencia a su más formidable elemento de ataque: “...como nuestras armas son las palabras, tenemos que estar pendientes de nuestro arsenal a cada momento”, tras resaltar que “...es cuando llegamos a las comunidades indígenas, cuando el lenguaje llega como una catapulta. Te das cuenta de que te faltan palabras para expresar muchas cosas y eso obliga a un trabajo sobre el lenguaje. Volver una y otra vez sobre las palabras para armarlas y desarmarlas”. Y con estas palabras, como diría Michel Foucault, “...tenemos que construir al interlocutor (refiriéndose a Fox). Tenemos que construirlo como un hombre de Estado y no como el producto de la mercadotecnia y del diseño  de los especialistas de imagen” (Reforma, 24-III-01).

El ‘arma invencible’ de Marcos: las ‘palabras’ y el ‘orden del discurso’

El triunfo de Marcos y del EZLN, por su propia naturaleza connotativa (evocadora) y simbólica (multiinterpretativa) representa, también, su potencial debacle y derrota. ¿Qué sucederá tras la inminente aprobación, por el Congreso, de la controvertida “Ley

Cocopa’  que defendieron a muerte en el Congreso y que les reconoce derechos constitucionales a los indígenas así como “autonomía” a los pueblos indios dentro de una muy vaga definición que se presta a futuras batallas interpretativas en todos los frentes?. Por una parte, al ascender los indígenas a la ‘logósfera’ del homo juridicus dentro del corpus de la Ley Suprema, la existencia misma del EZNL quedará afectada y minada al perder, como ‘Ejercito de Liberación’, su ‘razón de ser’; por la otra, el Estado-Gobierno consolidará su ‘raison d’Etat’ al ostentarse como un régimen democrático que cooptó y dotó de ‘vida institucional’ a diez millones de fantasmas que seguirán deambulando como espectros vivientes a pesar de todas las leyes que a nivel de fríos ‘enunciados’ los “amparan” y los “dignifican”, sin llegar nunca al nivel de los hechos, como ha sucedido con los campesinos (la Ley de la Reforma Agraria) y con la clase trabajadora (la Ley Federal del Trabajo)  tras la “revolución institucionalizada” (ya lo destaca Alain Berrendonner en su tratado de pragmática lingüística al enfatizar la paradoja donde el ‘decir’ sustituye al ‘hacer’ remitiéndonos al ámbito de las ‘sustituciones’: la ‘palabra’ contra el ‘acto’. El universo, en sí, de lo ilocutorio, de las terribles “leyes de discurso” que permiten prescindir de los referentes –la ‘realidad’ de los indígenas, en este caso-  gracias a los ‘actos de lenguaje’. Finalmente, todo se reduce a los procesos de semiosis-in-process que Kafka ilustró, en forma genial, en sus novelas “La Condena” y “El Proceso”).

En este contexto de relatividades la lucha de Marcos y del EZLN se les puede revertir en un juego semántico además de tautológico: palabra poética vs palabra jurídica (sin valor real), desbalanceando los platillos a favor de la segunda (el gobierno gerencial foxista se escudará, férreamente, en el concepto mítico del Estado de Derecho y forjará un ‘discurso’ de “misión cumplida” ante las exigencias zapatistas), situación que Umberto Eco analiza, con ejemplificaciones geniales en una de sus últimas obras de: “Entre mentira e ironía” (Ed.Lumen, Barcelona, 2000), donde sobresalen las ‘trampas de sentido’ perpetradas vía los ‘pantanos de la interpretación’ y vía las ‘sustituciones de la realidad’ y otras modalidades semiopragmáticas (por ejemplo, negar lo evidente y lo obvio, como lo analiza Eco en el segundo capítulo del libro citado, historia similar al clásico cuento infantil del ‘traje (invisible) del emperador’ que solo los tontos no lograban distinguir...y los niños, muertos de risa ante el ridículo hecho por el ser supremo desfilando en ropa interior).

El ‘téte-a-téte’ Marcos-Diego: antípodas del sentido

Mientras el Jefe Diego fué aclamado en el espacio de la XVIII Asamblea Nacional del PAN en Guadalajara (acababa de declarar que el mejor publicista de l jefe guerrillero era Fox: “...nunca se imaginó (Marcos) poder tener un promotor, un publicista como el que tiene en la Presidencia de la República”), a donde el propio Fox fue a pedirles “apoyo” (¿¿??) y tras la consigna de la dirigencia albiazul de ‘boicotear’ a los zapatistas durante su pasarela en la máxima tribuna del Congreso no asistiendo a dicha sesión, , lo que no afectó el performance de los jefes guerrilleros o ‘rebeldes’ quienes se lucieron ampliamente, el Sub Marcos arremetió contra la nueva versión de “Hernán Cortés” en su moda de Frankenstein

con un enunciado de manufactura massmediática y publicitaria: “...es oficial, el EZLN pone como cuarta condición (para reiniciar las negociaciones de paz) que el Supremo (Fox) le mande una dotación razonable de antiácidos y calmantes a los que, como Don Diego, han hecho todo lo posible por reventar el diálogo y por volver a usar a los soldados para perseguir, encarcelar y asesinar indígenas”, agregando  en otro comunicado que “...no va a haber perdedores ni en los zapatistas ni en el Gobierno y que los únicos que van a perder son Don Diego y sus patrones”.

Airado y furibundo, el esquivo jefe panista desafió a su contrincante verbal a que “...identifique a mis patrones para cobrarles mis quincenas porque ni en el Senado las cobro”, destacando en una entrevista radiofónica que “...no es muy chistoso el comentario, yo estoy trabajando como legislador, estoy atendiendo mis responsabilidades, realmente no me quita nada la ironía de Marcos”. Pero la furia del excandidato presidencial era más que notoria, como lo reflejó su cabildeo con la dirigencia de su partido y con los propios legisladores blanquiazules de ‘boicotear’ el ‘show talk’ de los zapatistas en el Congreso,  tras arremeter contra los esfuerzos realizados por el propio Presidente Fox teniendo que entrar al quite el líder del PAN Luis Felipe Bravo Mena asegurando que la relación entre Diego y Fox era “fraternal” tras aceptar que “...hay una diferencia de opinión respecto al matiz táctico que se le debe dar al problema con el EZLN, pero por otro lado no hay ninguna ruptura, ninguna enemistad ni mucho menos”, tras agregar, para no dejar ‘cabos sueltos’ y para evitar ‘indicios’ en torno al abierto deslinde de los jerarcas del PAN con el Primer  Mandatario, lo que ya es público, que “...en reuniones que tenemos continuamente en el Partido, ambos se dicen las cosas con toda claridad y el propio Presidente también contesta”. En fín: mientras las razones de Marcos se ubican en el espacio de lo real y verdadero (con su pequeña dosis de pragmática lingüística para que los mensajes penetren), las ‘razones’ del Jefe Diego y de su pandilla de neohernáncortesistas no escapa de los límites de la retórica y de la demagogia visceral sin lograr camuflagear su amplia dosis de xenobofia y de racismo que llega a lindar con el odio étnico que caracteriza la guerra en los Balcanes, boleto éste último que se ha negado, inteligentemente, a adoptar Fox aunque él mismo sea un indiófobo más sutil y maquiavélico pero lo sabe disimular. ¿o no?.      

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