Semiótica del Poder
Abril 8 de 2001
La nueva "guerra" de Fox, ¡a muerte!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Desplegando las banderas justicieras para reivindicar y rescatar a los pobres de México (¿cuántos?; ni Julio Boltvinik ni el INEGI ni Josefina Vázquez Mota ni el Banco Mundial ni la CEPAL, se arriesgan a dar una cifra final algunos hablan de 70 millones), el gobierno foxista en pleno, recuperado del capítulo Marcos & Co. ha iniciado la nueva guerra tras enviar al Congreso la iniciativa de reforma fiscal integral que el zar de las finanzas públicas, Francisco Gil Díaz, ha bautizado metafóricamente como Hacienda Pública Distributiva y que el propio Presidente Fox enfatiza como ‘reforma redistributiva’ por aquello de la redistribución del ingreso y de la riqueza que desde hace décadas popularizó Ifigenia Martínez junto con otros econometristas del Colegio Nacional de Economía (en la lista hay que incluir a los exsecretarios David Ibarra, de Hacienda, y Carlos Tello y Ricardo García Sáinz, de Programación y Presupuesto).

Pero la nueva guerra no será fácil: aparte de los diputados priístas que se oponen a la reforma (están en contra de una aprobación de la misma al vapor, además de señalar que no aceptarán presiones ni consignas emanadas desde Los Pinos), está la propia fracción del PRD que exige olvidarse de nuevos impuestos enfocando sus baterías a gravar el capital especulativo cooptado a través de la Bolsa Mexicana de Valores (en un performance” clausuraron” dicha sede financiera), mientras que los exaliados de Fox, los verdes encabezados por el patrimonialista Jorge González Torres, ya anunciaron que votarán en contra de eliminar la tasa cero a productos de consumo popular (finalmente, los ricos y los superricos son los más beneficiados).

En contraparte, los administradores y dueños de la riqueza nacional agrupados en la ABM y en el CCE, así como los propios legisladores del PAN ya declararon su apoyo total a la nueva ‘cruzada recaudatoria’ (se prevén ingresos adicionales del orden de 125 mil millones de pesos) para “cumplir con los compromisos del Estado”, como lo declaró el diputado Francisco de Silva tras de la reunión que tuvieron los coordinadores de las fracciones panistas en el Congreso con el Presidente Fox para “amarrar” su propuesta fiscal: “...ambos (Diego Fernández de Cevallos y Felipe Calderón Hinojosa) hablaron de la necesidad de que había de que esta reforma se concretara, en términos de poder cumplir las obligaciones del Estado, para atender los programas de desarrollo social”, tesis reiterada por el presidente del blanquiazul, Luis Felipe Bravo Mena, quien expresó que “...nunca irá en detrimento de la población el que haya una mejor distribución del ingreso, el que haya más justicia social y el que los que tengan más pongan más para que esto sirva más a los pobres...No hay costos políticos en una política de distribución social, todo lo contrario, en una política de redistribución de la riqueza que le urge al País no puede haber más que éxito para todos”. ¿Será, o está recitando de memoria el nuevo credo neoliberal también repetido por el Jefe Diego: “Si no se da junto con la propuesta integral una serie de elementos que impliquen medidas compensatorias en dinero contante y sonante para millones de pobres, esa propuesta no pasará, al tiempo”? (¡Ah, la divina retórica!).

¿Será verdad tanto amor de los foxistas para los olvidados de Dios?

Lo enunciado por los dirigentes panistas resulta inverosímil y sospechoso, y más tras de su acendrada “indiofobia” exhibida durante la comparecencia de los comandantes del EZLN en el salón de Plenos del Congreso de la Unión, defendiendo los derechos y la dignificación de los miserables indios de México que ni la Constitución reconoce (el PAN, como un solo hombre, se autoexcluyó de dicho performance donde un puñado de encapuchados liderado por la comandante Esther ‘mancilló’ el sagrado recinto parlamentario).

En este mismo tenor de novela negra, el propio Fox contribuyó a aumentar la confusión general tras de expresar, durante su programa radiofónico “Fox en vivo, Fox contigo” que él no era un Robin Hood fiscal (sic) además de negar que su Gobierno tenga la intención oculta de gravar a los pobres: “...eso es falso, es una mentira, no fui elegido Presidente para fregar a los pobres, no lo voy a hacer ni ahora ni nunca”, lo que reiteró durante su brevísimo llamado a la Nación, de apenas cinco minutos por televisión nacional, una noche antes de enviar la iniciativa al Congreso: “En esta reforma los pobres no pagan, reciben, ¡no tengo por qué engañar a nadie! Mi propósito como Presidente es sola y exclusivamente luchar por los que menos tienen, distribuir el ingreso en el país y asegurar que nuestro querido México crezca y se convierta en una gran nación exitosa y triunfadora”.

Pero la realpolitik contradice al mandatario, igual que el frío tecnócrata que despacha en la Secretaría de Hacienda (así se autodefinió Francisco Gil Díaz ante la plana mayor de los banqueros), furioso defensor de toda clase de gravámenes incluyendo, además de los citados, los enfocados a la adquisición de nuevos inmuebles, a las colegiaturas y hasta ¡a los libros y periódicos!, lo que hizo expresar al Cardenal Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera: “Todos tenemos derecho a conocer en qué va a consistir...el pueblo necesita conocer si eso realmente va a ayudar a México, porque sería muy lamentable que una medida de esa naturaleza lastimara a los más pobres”.

El prelado le puso el cascabel al gato: ¿para qué, una reforma redistributiva, forjada a partir de retórica (el arte de la persuasión vía toda la megamáquina massmediática y enunciativa) y de estilística (atención a la forma, antes que al fondo)? ¿Podrán, Fox y sus aliados albiazules, convencer a las mayorías, en permanente estado de pauperización, de las bondades de su macrorreforma, empezando con los legisladores de la oposición que difícilmente aprobarán en este período de sesiones que concluye en abril, dicha iniciativa, según lo manifestaron los priístas haciendo eco de lo insinuado por el propio Gil Díaz ante los señores del dinero?: “...lo ideal es que sea discutida y analizada profundamente, y que se tomen (los legisladores) el tiempo para hacerlo. No se puede hacer una reforma de este tamaño al vapor, ni irresponsablemente”, lo que remite el posible visto bueno hasta los meses de junio o julio en algún período extraordinario de sesiones aunque en dicho tiempo pueden pasar muchas cosas, incluyendo el potencial aborto de la iniciativa  considerando la vox populi que ya está harta de invenciones gubernamentales y más cuando se trata de imponer nuevas tributaciones dirigidas a impactar, directamente, a las castigadas clases medias en franco proceso de extinción gracias al experimento de los fríos tecnócratas.

Tanto Fox como su Secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, y el pobretólogo zedillista y ahora flamante director del IMSS, Santiago Levy (creador del concepto de la pobrematic que no prosperó y fue sustituida por el Progresa, también de su autoría) defienden a capa y espada el argumento de que los nuevos recursos servirán para financiar el combate eficaz contra la pobreza. Y el ejemplo lo pone la titular de la Sedesol al anunciar el nacimiento de un nuevo programa antipobreza titulado, eufemísticamente, ‘Contigo’, mediante el cual los beneficiarios de este sistema de compensación (más de cinco millones de familias que representan a 27 millones de personas localizadas en los 2,200 municipios con peor marginación en el País), a pesar de pagar los nuevos impuestos, no perderán, sino ganarán: “...esta compensación no solamente les está devolviendo el IVA que van a tener que pagar, sino que en algunos casos hasta tres veces más de lo que están pagando por IVA” (Fox insiste en que “los pobres no pagan, reciben”), a lo que sumó otro concepto dominguero: “...y no solamente a través de este programa de compensación, un programa de transferencias directas de recursos, de aquellos sectores que tienen mayor posibilidad de vivir con mayor dignidad que aquellos que no la tienen”. ¿Muy claro, no?. Levy remató su intervención en el programa radial con una frase propia del Tractatus Logicus Philosophicus (Wittgenstein): “...a estas familias (cinco millones) se les devolverá el impuesto en su totalidad, más recursos adicionales” (¡viva la tautología!).

¿En Foxilandia, no hay ladrones? ¿O nueva versión de la ‘Ley de Herodes’?

Alberto Isaac, que en paz descanse, autor de “En este pueblo no hay ladrones”, se escandalizaría ante la nueva ofensiva redistributiva perpetrada por Fox y por sus neotecnócratas, que a toda costa buscan capitalizar las arcas públicas y sanear las finanzas gubernamentales aplicando, si es necesario, los nuevos códigos inspirados en la novísima “Ley de Herodes” (resemantizada, por supuesto) exhibiendo, con orgullo, el mayor instrumento legitimador de la flamante reforma fiscal: la Ley del Impuesto al Valor Agregado revisada y reformada hasta en sus más recónditos signos ortográficos.

Pero lo más escandaloso de todo es el hecho de que Fox no acepte, abiertamente, convertirse en una versión posmoderna de Robin Hood (al despojar de sus bienes a los ricos para redistribuirlos entre los pobres) y sí insista en que la nueva reforma es redistributiva cuando el valor agregado o producto que se redistribuirá es el proveniente de los bolsillos de las clases populares y de los escasos estratos de clase media aún existentes y nunca el de las clases altas, incluyendo las plutocracias y las oligarquías que están más allá del bien y del mal y se benefician, ampliamente, junto con inversionistas extranjeros que poseen papeles bursátiles (Cetes, Bondes, etc.) emitidos por el gobierno federal, de los intereses generados año tras año, tanto de la deuda externa que contrae el propio gobierno ($76 mil millones de dólares) como de la deuda interna ($62 mil millones de dólares), factor que analizan expertos bursátiles estimando una renta por dicho concepto del orden de $18,500 millones de dólares anuales para los tenedores de los títulos de deuda pública, como lo señala Enrique Quintana: “...solo considerando el monto de intereses pagados por concepto de la deuda interna, un grupo de 350 mil familias (mexicanas) recibirá el equivalente a $8,800 millones de dólares (anuales) por concepto de intereses reales de la deuda pública” (“El olvido de Hacienda”; El Norte, 2/IV/01). ¿Cómo logrará Fox gravar y redistribuir esta riqueza agregada, que es fácilmente camuflada y exportable, igual que los capitales golondrinos denunciados por el PRD?. Por supuesto que detalles como este no están incluidos en la flamante reforma fiscal que se busca instaurar aunque, como diría Alberto Isaac, “en Foxilandia no hay ladrones”.

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