Semiótica del Poder
Junio 24 de 2001
¿Control 'massmediático' total?
 
Por Pablo Espinosa Vera

Nueva versión del film “Juegos de Guerra”, qué más. Ahora, desde Los Pinos vía el Congreso se intenta desatar una ‘conflagración simulada’ enfocada al control planificado y total de los mass-media dentro del ámbito de los ‘contenidos’ (léase: censura, para no andar por las ramas priorizando medios impresos ‘independientes’ que tanto escozor le causan al Gobierno por meter las narices en asuntos que, según el Poder, no son de su incumbencia). ¿Qué motiva a la nueva ‘nomenklatura’  a erigirse como ‘Gran Jurado’ de la industria de la comunicación?. Nada que no sea posible inferir: todo es cosa de revisar los códigos que rigen el comportamiento y las prácticas significantes de la nueva clase gerencial que se ha apropiado del poder para entender su obsesión “controladora”, exactamente igual que los tecnoburócratas de gabinete que intentaban manejarlo todo  desde un escritorio equipados con sistemas informáticos de punta  y jugando con  ‘realidades digitalizadas’ nada comparables con la fría realidad en blanco y negro.

Algunos analistas han externado su preocupación por dicha ‘conducta compulsiva’ característica de managements y de presidentes de consejos de administración  (¿México, Inc.?) que se sienten usufructuarios únicos del ‘ajedrez político y financiero’ sin permitir la mínima oportunidad a ‘jugadores subalternos’ para participar en el juego (en este caso, la sociedad civil y los protagonistas del nuevo espacio público menospreciado por los todopoderosos) y que, además, se sienten agredidos por la propia y aberrante  “interpretación” que hace la ciudadanía de sus mensajes y discursos (¿Fox y su ‘bondadosa’ iniciativa de ley para gravar alimentos, medicinas, libros y transportes?).

En un ‘mercado democrático’ regido por las fuerzas de la oferta y la demanda no es necesario implementar ni ‘sembrar’ legislaciones sospechosas como las llamadas “ley mordaza”, cuando es la voz libre y la voluntad ciudadana la que terminará imponiendo las ´reglas del juego’ al margen de trampas y de estratagemas perpetradas desde las esferas del poder para tener “domesticado” al tigre, la propia opinión pública. Y eso sucede aún asumiendo el riesgo de que la semiosis sociopolítica, inmersa en una logósfera de respeto a la libertad de expresión y de manifestación de las ideas, ha protagonizado severos ‘golpes de timón significantes’ que las más de las veces no logran comprenderse, como es el ejemplo de los nuevos gobiernos de centro-derecha  (algunos profascistas) elegidos libremente en países democráticos como Austria, Italia, España. EE.UU., y hasta Rusia para sólo partir de algunos ejemplos. ¿Qué hubiese sucedido con una maquinaria mediática, en cada uno de estos pueblos, controlada y planificada desde las alturas del poder?. Aunque en el caso de Italia así sucedió: Silvio Berlusconi, propietario de las tres grandes cadenas de TV nacionales, llegó al Palacio de Quirinale gracias a la manipulación ejercida desde la ‘pantalla chica’ sin oponentes’mediáticos’ a la vista.

Pero, ¿existe en México “libertad de expresión” massmediática?

Vicente Fox, como Berlusconi, logró hacer realidad su eufemística misión de “hechar al PRI de Los Pinos” gracias al apoyo subyacente que recibió del expresidente Zedillo (su verdadero benefactor) y de los principales mass media electrónicos que entendieron la ‘señal’, a lo que se sumó el  propio ‘proceso de interpretación’ o de semiosis social que la mayoría de televidentes y radioescuchas (el viejo ‘lector-de-periódicos’ queda al margen por representar una abrumadora minoría) generaron, hartos de la dictadura priísta como diría Carlos Monsiváis y permeados por la mercadotecnia foxista aprobando el ‘discurso contestatario’ del nuevo caudillo de connotadores mesiánicos. Esta reacción puede ubicarse, por supuesto, como parte del ‘juego democrático’ de tendencia mediática aunque no puede soslayarse que los medios electrónicos dependen, en línea vertical por aquello del ‘sistema de concesiones’, de las decisiones discrecionales tomadas bajo la mesa, vieja práctica que beneficia tanto a los usufructuarios del poder como a grandes y pequeños moguls nacionales que, ahora,  nada quieren saber de modificaciones a la obsoleta Ley Federal de Radio y Televisión ni a la peligrosa y ‘globalizadora (gracias a Zedillo que abrió el rubro de la telefonía y de los satélites a la inversión extranjera)  Ley Federal de Telecomunicaciones que incluye el capítulo de las ‘concesiones’ ni mucho menos están interesados en  ‘revivir’ un ciudadanizado Consejo Nacional de Radio y Televisión. “¡Para qué distraerse con nimiedades si todo funciona tan bien!”, como diría Emilio “El Tigre” Azcárraga quien se hizo famoso en EE.UU. cuando declaró en el hotel Waldorf Astoria que “...mi jefe es el Presidente de la República”, o lo que es lo mismo: “¡Fuera máscaras!”.

Simulación y simulacro son los códigos imperantes en la relación Medios-Estado; transgredir esta relación significa poner a los mass-media electrónicos en el paredón y al Estado-Gobierno en una posición de legitimidad democrática, lo que no buscan ni  ambicionan los ‘Nuevos Conquistadores Neocortesianos’. Lo mejor para ellos y para el sistema: que el statu quo permanezca intocable o, a lo mucho, para confundir al ‘enemigo’ (léase: la sociedad) jugar al gato y al ratón o al ‘viscontiano gattopardismo’ donde se  aparenta que se modifica una realidad para retornar a la misma lo que no resultará nada difícil involucrando en el “debate” a parlamentarios ‘revolucionarios’ (Javier Corral), a  instancias de la sociedad civil contestatarias (ONGs y universidades), a representantes de medios y  a actores gubernamentales en un ‘talk show tautológico’de “suma cero. Finalmente, las puestas en escena más sofisticadas se planean y diseñan en los centros cupulares del Poder  empezando con la instancia suprema: el Poder Ejecutivo. El Congreso  no es más que el foro de discusiones bizantinas que le pondrá sabor al caldo como lo ha hecho en repetidas ocasiones. Y ni modo, ellos son ‘mediadores’, no ‘decisores’.

Mientras el control o “autorregulación” vía metafísicos ‘códigos de ética’ instaurados por diferentes medios (en especial los impresos) prosigue en la tierra de nadie (¿quién quiere imponer sus propios ‘auto-ombudsman’ que operen como una especie de “asuntos internos” u oficina de “policía de periodistas”?)  el Estado se divierte con el jueguito de “Pedro y el Lobo” amenazando con acotar y controlar a la megamáquina massmediática mediante una nueva legislación acorde a las expectativas y exigencias sociales y democráticas, que mantiene nerviosos a los concesionarios obligándolos a asumir actitudes más sumisas (menos cuestionadoras del rol del Gobierno en diferentes escenarios), aunque el propio ‘Gobierno Neotecnocrático’ no ve con malos ojos el lograr el control total de dicha máquina enunciataria enfocando sus baterías legales, sobre todo, a medios impresos de tendencia contracultural que representan el alterego de la ciudadanía y de la sociedad civil corporativizada aunque ellos no representen un ‘peligro de  seguridad interna’ para el nuevo leviathán político comandado por el Presidente Fox, principal promotor y publicista de los medios audiovisuales (él mismo es conductor y locutor de un programa radiofónico y se prepara para arribar a la pantalla chica con el mismo rol) que lo llevaron al poder y a los que casi rinde pleitesía mientras sigan a su servicio. Y podemos estar seguros que lo estarán, como siempre, ¿o se harían el hara-kiri, ‘moguls’ de la talla de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego contraponiéndose a la voluntad y a los deseos del  Ejecutivo quien de un ‘plumazo’ puede ordenar la cancelación de las concesiones otorgadas? ¡Por supuesto que no! Antes que idealistas y filántropos, son businessman, semejantes a Fox y a los miembros del nuevo Gabinete gerencial , en el más estricto sentido del término.

La ‘nueva legislación mediática’, utopía propia de Walt Disney

Las tres vertientes de legislación mediática-informacional (Ley de Imprenta, Ley Federal de Radio y Televisión, Ley de Derecho a la Información) que han enriquecido la polémica en el espacio de la ‘comunicación pública’ revivirá, seguramente, el ‘paradigma Farías’: imposible encontrarle la ‘cuadratura’ al círculo. Con relación a la Ley de Imprenta, derivada del artículo 7º. Constitucional y que impacta directamente a los medios impresos, ahora se pretende ‘resemantizar’ la interpretación en torno a salvaguardar la vida privada de las personas y la paz social como dirían ‘eminentes’ juristas aunque el Código Penal incluye el concepto de ‘difamación’ (de allí surge la inquisitorial “espada de Damocles” que podría pender sobre periodistas y medios abocados a desentrañar los misterios  subyacentes en torno a actos de corrupción o affaires políticos y financieros tan de moda).

La Ley Federal de Radio y Televisión fue  promulgada en los sesentas y reformada bajo la presidencia de Luis Echeverría aunque no deja de ser un documento neoiluminista construido a base de enunciados ‘bondadosos’ y ‘justicieros’ a favor del consumidor simbólico del discurso massmediático, enunciados plagados de  retórica barata imposible de ‘aterrizar’ lo que permitió el crecimiento macrocefálico de un monopolio como Televisa al que se sumó, con la coadyuvancia del propio Gobierno (Carlos Salinas de Gortari), otro ‘pulpo comunicacional’ que empieza a crecer de manera desproporciona y en actitud arrogante: TV Azteca, emporio este último a quien el Presidente acaba de otorgarle la propiedad de tierras de agostadero en el Cerro El Chiquihuite  para instalar estaciones repetidoras con la única condición de “indemnizar” a los afectados con $260,680. pesos.

 Y la ley reglamentaria del  ‘enunciado final agregado al artículo 6º. Constitucional el 6 de diciembre de 1977  por iniciativa del “último presidente revolucionario” José López Portillo (“...el derecho a la información será garantizado por el Estado”) aún duerme el sueño de los justos aunque se sabe que ya hay tres ‘versiones’ de dicha ley cocinadas en la Secretaría de Gobernación y que pronto serán remitidas a la Cámara de Diputados para que el Gobierno, en pleno, simule el abrir sus “vasos cumunicantes” y la “memoria histórica” o “caja negra oficial” (archivos de Gobernación, de la Sedena, de la PGR, del Cisen, etc.) al escrutinio de la sociedad en sí y de toda clase de estudiosos e  investigadores sociales incluyendo a  los molestos mass-media que han hecho de la investigación seria su principal insumo comunicante. Pero, en general, todo el perfomance de ‘reformas’ y ‘contrarreformas’se ubica en el ámbito de la ‘semiopragmática foxiana’ como utópico elemento de distracción social e ideológica (así operan los sistemas de “construcción de sentido”)  inspirado, por supuesto, en las geniales prácticas significantes instauradas por Walt Disney, artífice de la ideología capitalista en su versión color de rosa que tan bien le viene a Fox.

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