Semiótica del Poder
Julio 1 de 2001
2001, 2 de Julio: el 'desplome' de Fox
 
Por Pablo Espinosa Vera

Como diría John Lennon: “the dream is over”. Un año, y se acabó el milagro. Las esperanzas y los sueños volaron como mariposas. Se acabaron, de golpe, las expectativas y las ilusiones. Como en una tormenta de arena, todo desapareció: era pura escenografía que no resistió la prueba de la verificación. Los grandes réclames de luz neón que anunciaban, como en Las Vegas, el arribo a la Democracia (sic), se han apagado. Finalmente el país, como un viejo pueblo del Oeste está allí: perdido y abandonado, sin ningún rumbo ni destino. Como diría Jacques Derrida, navegando a la deriva, como un barco de locos.

Y no son las toallas bordadas ni los cojines de plumas de ganso ni las sábanas de seda ni los puff lo que desilusiona: son las mentiras a granel, las gigantescas promesas incumplidas, la inmensa irresponsabilidad del Presidente de la República que insiste en gobernar a golpe de “efectos massmediáticos”, regido por una semiótica de las presuposiciones (mundos posibles y utópicos) y por una semiótica del simulacro (‘puestas a escena’y prácticas discursivas a la medida de un sujeto de la enunciación)   y asumiendo actitudes de actor de tercera que no convencen a nadie, y sí irritan y molestan. “¿A este señor es al que elegimos para gobernarnos? ¿En qué estábamos pensando? ¿Tan hartos estábamos del PRI que al menos aparentaba hacer las cosas bien?”. Y, sí, la fría realidad, un año después, es ésta: como reza el título del libro de Guillermo H. Cantú (“Asalto a Palacio, la historia de una guerra”), el Poder cambió de manos para retornar al punto de partida según la visión escéptica de Octavio Paz y de Mircea Elíade que nos remite al mito del eterno retorno: el PAN asume los códigos del  PRI y basta de preocuparse en inventar el ‘hilo negro’.

Pero no fue sólo volver a lo mismo, a la metarrealidad construida por los tecnócratas. Fox ha ido más atrás: a la reedición misma del Neoporfirismo más brutal incluyendo, en forma subyacente, el discurso agazapado de la ‘reelección presidencial’ que está a la vuelta de la esquina y que politólogos como Lorenzo Meyer consideran casi inminente confiando en que solo sea de dos períodos como en EE.UU. aunque allá son cuatrienios. A un año de haber triunfado en una de las contiendas más cerradas y espectaculares, el Presidente Vicente Fox empieza a perder el piso o lo que es lo mismo: el sentido de la realidad, lo que lo mantiene malhumorado y perplejo como lo demuestran ciertas actitudes extrañas en él (el domingo pasado, en su rancho de San Cristóbal, arrió a los periodistas hacía afuera, impactado por el “toallagate”, a la vez que repetía, aplaudiendo y chiflando: “¡Vámonos, vámonos, jóvenes!...¡es día de descanso hoy! ¡Orale, orale!”), incluyendo lo que les dijo a los niños discapacitados atendidos en el CRIT de Televisa y a medio centenar de personas allí reunidas cuando lo aplaudieron: “...muchas gracias, muchas gracias ¡porque sí que hacía falta ese aplauso!”.

Ante una Presidencia deslegitimada, ¿qué sigue, dónde está el piloto?)

Pero lo que necesita el Jefe de la Nación no son ovaciones estimulantes o palmadas convencionales que a cualquiera se le brindan. Necesita, urgentemente, un ‘cambio de piel’, una renovación de todo su ‘stock de significados’ que se han tornado obsoletos, un discurso sustentado en enunciados más verídicos y realistas, un ‘hacer’ más que un ‘parecer’. A estas alturas, donde está en juego la Nación misma, el Presidente debe asumir su rol y su investidura y dedicarse, con seriedad y sin payasadas ni trucos de ilusionista, a enfrentar la realidad en blanco y negro que el propio Banco Mundial acaba de exhibir sin escenografías: 58 millones de pobres pueblan este país que clama por condiciones de equidad (10 millones de indígenas viven confinados en situación de pobreza extrema) y por un desarrollo humano y social sustentable que nada tiene que ver con escenarios color-de-rosa tipo Foxilandia ni con sueños guajiros de un Canciller que sueña con lanzar a México a la órbita de grandes potencias (de allí, sus afanes por posicionarse de una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU reservada para los dominicanos aunque el país tenga que “vender su alma” como lo proclamó Fox ante los coreanos, los japoneses y los chinos: “¡Por favor, voten por nosotros!”).

     En esta “Comedia de las equivocaciones”, el “toallagate” fue la gota que derramó el vaso, considerando que la gente se nutre de simbolismos (modalidades simbólicas, como dirían Umberto Eco y Jacques Lacan) que conforman la raíz misma o el rizoma de prácticas significantes diversas. En este contexto, determinante para generar credibilidad y confianza, factores imprescindibles para gobernar, el “capital de verosimilitud” del Presidente  descendió a niveles abismales, lo que hasta el propio Diego Fernández de Cevallos reconoció con timidéz (“...Cualquier desgaste es preocupante; decir que no sería un error. Pero tampoco dramático. ¿O sí?”) igual que lo percibió Luis Felipe Bravo Mena al declarar que “pegarle al Presidente” se ha  convertido, ya, en el deporte nacional favorito con lo que coincidió la  plana mayor del PAN concentrada en el Consejo Nacional donde decidieron, en masa, apuntalar al “Primer Panista del País” que empieza a tambalearse peligrosamente por su “incompetencia para gobernar” (cosa de aplicar el popular “Principio de Peter” o la visión del genial filósofo de Guemes: “Si puede gobernar, es que puede; si no, es que no”). Y Fox, lamentablemente, ya demostró que no puede con el paquete: el ‘saco’ le queda extremadamente grande, a pesar de su estatura.

¿Por qué está fallando el Presidente Fox en su rol de conductor de la Nación?. Quizás porque aún no se convence, a sí mismo, de haber ganado la máxima investidura el pasado 2 de julio (su actitud de ‘candidato en campaña’ y su obsesión por acudir a la ‘mercadotecnia política’ así lo consignan) y por estar abusando del poder con toda frivolidad (antepone su vocación de “turista de clase mundial” –140,000 kilómetros recorridos en nueve meses igual a tres veces la vuelta al mundo- antes que atender responsabilidades de Estado con el argumento de Perogrullo de “atraer inversión extranjera”), a lo que hay que agregar su falta de puntería para elegir a sus colaboradores, los que mantienen semiparalizada a la megamáquina políticoadministrativa (léase: Gobierno) por pleitos internos y connatos canibalistas que rebotan sobre su jefe, además de la incapacidad demostrada de la mayoría de ellos al frente de sus responsabilidades.

Un ‘Gabinetazo ISO 9000’ virtualmente “hecho bolas”, como diría Salinas

Una breve revisión de las ‘cualidades fallidas del ‘gabinete de supergerentazos’ destaca  algunas de las garrafales pifias por las que merecerían ser despedidos: Carlos Rojas Magnon, autor intelectual del “Toallagate” (en la mira de Francisco Barrio) que mantiene a Fox en la cuerda floja;  Jorge G. Castañeda, más que Canciller,  un dinámico  promotor de la agencia de viajes “The Pine’s Tourisme Inc.” además de líder del “Grupo antiChiapas” por su aversión personal contra el Sup Marcos; Adolfo Aguilar Zínzer, configurado como el potencial jefe de la “antiseguridad nacional” por sus actitudes protagónicas y por su ego gargantulesco (como Joseph  Marie Cordoba Montoya, él mismo se ubica como “vicepresidente” de facto y como el único capaz, por encima de Santiago Creel, de operar los ‘servicios de inteligencia’); Alejandro Gertz Manero y Rafael Macedo de la Concha, arquetipos de la ‘guerra intestina’ y del canibalismo feroz que ha generando un espacio privilegiado de maniobra al crimen organizado ante el resquebrajamiento de los cuerpos de seguridad; Carlos Abascal Carranza, “Enemigo Público No. 1 de las Mujeres Trabajadoras” y de los textos de Carlos Fuentes y de Gabriel García Márquez además de  ferviente y ciego fan de la Virgen de Guadalupe y de todo lo que huela a ‘golpes de pecho’.

Y sigue el listado de ‘macrotropiezos’ que tienden a conformar una verdadera ‘arquitectura de significantes insólitos’: Josefina Vázquez Mota, símbolo de la  personalidad ‘motivadora’ preocupada por desmitificar la ‘pobreza’ para dar paso a la ‘esperanza’ en un juego de palabras tautológico (sus 250 microrregiones más marginadas a atender en el 2001 para beneficiar a más de cinco millones de seres dentro del Programa “Contigo manos a la obra” se redujeron a 17 por ‘arte de magia’); Ernesto Martens, negociando a ultranza la entrega de energéticos (y la potencial privatización de PEMEX y de la CFE) a los EE.UU. y a Canadá al margen de marcos legales; Francisco Gil Díaz, “frío tecnócrata” que ha fracasado brutalmente como “materia gris” de la impopular ‘Reforma Hacendaria Distributiva’; Luis Ernesto Derbez, principal ‘globalifílico’ del dream team que funge como ‘correa de transmisión’ de los dictados del Banco Mundial, del FMI y de la comunidad de ‘inversionistas globales’.

Otras “perlas japonesas” de este ‘catálogo de superlíderes’  forjados por Fox  incluiría a Martha Sahagún, vocera presidencial obsesionada con imponer a los medios una visión de la realidad o ‘weltanschauung’  contraria a la realidad misma; Florencio Salazar, operador del depredatorio y neocolonialista “Plan Puebla Panamá” el que prometió consensuar con la población indígena, la misma que se intenta aniquilar; Carlos Flores, autor de textos oníricos que interpretan en forma magistral  “el sueño de los mexicanos” (PND 2001-2006); Reyes Tamez Guerra; autor de la “propuesta revolucionaria” (inspirada en Francisco Labastida) de equipar al sistema educativo de computadoras con un gasto superior a los 70 mil millones de pesos cuando el gobierno clama por reducciones del gasto público; Santiago Levy, principal opositor de una política expansiva de seguridad social enfocada a  beneficiar a derechohabientes y jubilados del IMSS, institución que se intenta privatizar; Juan Hernández, director intelectual del concepto de la “cajita feliz” para migrantes ilegales que hizo enfurecer al Canciller y a los gringos,  y la lista se puede ampliar a, por lo menos, veinte “colaboradores” más que están a punto de hundir al flamante “Titanic” heredado por Zedillo. Con un “equipo” así, balcanizado, descontrolado y perturbado, ¿cómo exigirle a Fox “capacidad para gobernar”?. Sería como pedirle peras al olmo.

El desafío que enfrenta el Presidente Fox es similar al de James Joyce antes de escribir el “Ulysses”: ¿cómo empezar, cómo continuar y lo más complicado: cómo concluir?. Por fortuna, el escritor irlandés logró solucionar lo irresoluble y hasta consiguió un editor francés convencido de su estilo que revolucionó las letras. Pero, Fox, que ya agotó su “capital creativo” y su “baúl de triquiñuelas”, ¿a qué artimañas recurrirá para recobrar la confianza de cien millones de personas, estupefactas y perplejas por lo que les ha tocado vivir y experimentar?. Cuestión de consultar al genio de “Aladdin”, ¿o no?.

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