Semiótica del Poder
Julio 15 de 2001
¡'Super-Pacto' de Escenografía!
 
Por Pablo Espinosa Vera

El PAN tendió la trampa. El PRD ‘aparentó morder el anzuelo’. Y el Presidente se desgarró las vestiduras: “...si es Fox el que avienta por delante las ideas y el que lleva la pauta de esta Reforma del Estado, sé que va a ir para atrás” agregando, con su peculiar estilo de manipular las figuras retóricas y en un tono de humildad simulada que “...yo no soy dueño de la verdad ni mucho menos, ni tengo la capacidad de plantear desde mi punto de vista qué debe ser este país, necesitamos definirlo entre todos” (¿ahora sí, después de “niño ahogado”?).

La propuesta del PAN, lanzada desde el marco de su pasado Consejo Nacional, de construir un nuevo ‘pacto político’ entre todas las fuerzas partidistas representadas en el Congreso para consolidar la democracia y garantizar la gobernabilidad “apuntalando” al Gobierno de la ‘alternancia en el poder’, no es desdeñable ni deshechable; lo que sí lo es, es la actitud mesiánica, casi de ‘superhéroe’ asumida por el Primer Mandatario quien, haciendo uso de su recurrente ‘doble lenguaje’, a la vez que clama por pactar un gran acuerdo nacional, como lo propuso el pasado 2 de julio durante la ceremonia de “celebración” del primer año del “triunfo”en la nueva sede del PAN, se lanzó vía los micrófonos de “Fox en vivo, Fox contigo” a pedirles a las masas “pixelizadas” de mexicanas y de mexicanos que le sirvan de guía “...para que yo sólo ponga en práctica lo que me ordenan (¡ahora sí es ‘mandante’!) porque yo escucho al PRD y me manda pa’la izquierda (sic), me manda allá a perderme en un berenjenal que no tiene salidas ni definiciones claras; tomo sólo lo del PAN y tampoco me es completo para guiar; tomo lo del PRI y me regresa a un pasado doloroso y difícil”. Y, por supuesto, tras echar abajo el edificio de “sospechosa unidad”que empezaba a cimentar, eludió hablar del metafísico y simbólico ‘Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006’ que lo remite, directamente, al utópico “País de las Maravillas” o a la soñada  “Foxilandia” donde los mundos posibles, a nivel de escenografía, convergen. Y no se diga del neoliberal ‘Plan Puebla Panamá’ o de sus ‘pactos secretos’, que tienen prioridad sobre todo lo gobernable con las élites macroeconómicas nacionales y transnacionales; en ese contexto sí existe ‘gobernabilidad’ y consenso: business are business.

 Cuauhtémoc Cárdenas, como buen ‘aguafiestas’, hechó abajo los escenarios disneydescos de Fox y del PAN enfatizando que, más que un ‘pacto político’ que garantice el Vo.Bo. de las fuerzas políticas, económicas y sociales a los planes foxistas, deben diseñarse ‘Políticas de Estado’ enfocadas a reactivar la economía, a combatir la pobreza y a abrir oportunidades de empleo (“...pero si el acuerdo fuera para ir en contra de los intereses del país, que ha sido la política del Gobierno actual, si fuera para seguir afectando los niveles de vida, pues no sería un acuerdo que a mi juicio debería suscribir el PRD”) coincidiendo en parte con la visión de la líder del partido del sol azteca, Amalia García quien, tras subrayar que el proyecto era aceptable pero no “...para cuidar el rating del Presidente sino para construir la Nación”, enfatizó en que “...se necesita un pacto para la transición democrática, con un contenido social y hoy se requiere una Reforma del Estado que lleve sin duda una política económica que ponga el acento en enfrentar la enorme desigualdad que viven millones de mexicanos” (la “monstruosa desigualdad”, como diría, apasionadamente, Andrés Manuel López Obrador en el seno del foro convocado por Manuel Camacho Solis donde presentó su “decálogo” de temas candentes, de “insoslayable atención” el que seguramente le expuso al Presidente Fox durante su secretísima entrevista en Los Pinos)

¿El ‘Pacto’, sinergia de science-fiction para legitimar el ‘Metadiscurso Oficial’?

Mientras que el PRI descalifica dicha ‘estrategia reunificadora de criterios, visiones y sueños’ (¿”Operativo Blanca Nieves y los Siete Enanos en luna de miel?”)  rechazando la idea de un ‘pacto fundacional’ basado en  acuerdos fundamentales de la sociedad incluidos en la Constitución de 1917 aún vigente (Manuel López Obrador, como Porfirio Muñoz Ledo, apuestan por una nueva versión para garantizar un Estado de Derecho real y efectivo), Dulce María Sauri subrayó el hecho de que  Fox está confundiendo la gobernabilidad del país con su propia popularidad personal en franco declive tras preguntarse: “Un pacto, ¿por qué? ¿para qué? ¿con quiénes?”, agregando que “...en el caso del PRI estamos abiertos al diálogo y a la necesidad de construir acuerdos. Esta no es la excepción, pero obviamente necesitamos la respuesta a esas preguntas”a la vez que el  PAN se obstina en construir este ‘gran acuerdo o diálogo nacional’ interpartidista para comprometer a las fuerzas políticas a la toma de decisiones consensuadas en el ámbito del Congreso de la Unión que permita, según ellos, encarar los graves problemas nacionales que exigen de ‘acuerdos de Estado’ (en este discurso ‘filantrópico’ y de altruismo kantiano  los panistas omiten sus propios intereses centrados en la aprobación de la nefasta “Reforma Hacendaria Distributiva” olvidándose del boicot que promovieron en torno a la ‘Ley Cocopa’ sustituida por un remedo jurídico rechazado por el Congreso Nacional Indígena y por el EZLN hecho a la medida de los “nuevos conservadores”, ahora “Superunificadores”, de la talla de Diego Cervantes de Cevallos, Carlos Medina Plascencia, Felipe Calderón Hinojosa, Ricardo García Cervantes y sus ‘pares’ del PRI y del PRD Enrique Jackson, Manuel Bartlett  y Jesús Ortega).

Como lo inquiere Adolfo Gilly en un texto publicado en La Jornada  (6-VII-2001), una sinergia de ese tamaño, ¿cómo contribuiría a consolidar la democracia, al estar anulando las divergencias, las discusiones , las negociaciones y los acuerdos que dotan de sentido a la lucha partidista misma? ¿No significaría, un ‘pacto’ así, una traición a la sociedad, en especial a los más desvalidos,  por parte de los propios partidos que, se supone, la representan en el Congreso?. El texto hace especial énfasis en el rol del PRD cuya vocación ideológica no está a discusión. En el mismo tenor, Carlos Monsiváis, participante en el pasado foro titulado “Diálogos Nacionales ¿Es posible un Pacto Nacional?” destacó en su ponencia que “...un Pacto admisible por el Gobierno sólo podría ser una carta de rendición a lo inexorable” antes de enfatizar, aplicando el sentido común, que “...no se necesita ser un pesimista de oficio para ubicar los escollos de un pacto de las fuerzas  económicas, políticas y sociales de México en pos de la fluidez democrática” (Reforma, 8-VII-2001).

Legitimar el ‘Metadiscurso Oficial’  unificando la difference (J.F.Lyotard) partidista, empresarial y de organizaciones de la sociedad civil parece ser la intención subyacente en esta escalada política impulsada desde Los Pinos vía el PAN pero, ¿a cambio de qué? ¿Por qué razón van a legitimar las fuerzas políticas, económicas y sociales la actual ‘ingobernabilidad -in -progress’ instaurada desde Los Pinos? ¿Para construir la “maravillosa nación” a nivel virtual de que nos habla Fox reiterativamente sin modificar un ápice su visión de política económica-empresarial?. La intentona parece emanada de un proyecto de science-fiction, pero el Presidente debe de contar con un “as” bajo la manga para atreverse a soltar este “león” que podría formar parte del stock de estratagemas enfocadas a la distracción de la opinión pública mediante el artificioso ‘sistema de producción de sentido’ donde se instalan la mayoría de prácticas significantes posicionadas por la publicística oficial que no llegan a nada (en este contexto la “boda del milenio” rebasó todos los escenarios y expectativas como un genial golpe massmediático a favor de la causa foxista; ¿sigue la telenovela “ Happy Year End  en el 2006 con el Pacto más insólito del planeta”?).

¿Un ‘Pacto Político’ real, o “Escenográfico”?

Un ‘Pacto Político’sin simulaciones ni artimañas, conformador de un auténtico México Democrático al margen de escenografías, impulsado por todas las fuerzas nacionales debe coadyuvar para dar respuestas lógicas y ‘científicas’ a interrogantes que permean el imaginario simbólico y el inconsciente colectivo de las mayorías como las siguientes: ¿Con el Pacto se lograrán  erradicar los alarmantes niveles de pobreza dinamizando el aparato productivo generador de riqueza, incluido el fortalecimiento de toda una infraestructura de Pequeñas y Medianas Empresas aún en el limbo para impulsar el empleo, y se definirán políticas de Estado para lograr una ‘derrama’ equitativa de la riqueza y del ingreso que contrarreste la “monstruosa desigualdad”? ¿Se coadyuvará a la edificación del nuevo Estado de Derecho como meta y objetivo medular de la Reforma del Estado postulando, incluso, la redacción de una nueva Constitución adecuada a la realidad del tercer milenio? ¿Se diseñará una ‘reforma fiscal’ orientada a gravar la especulación y las ‘rentas’ subrepticias antes que al consumo de productos y servicios de los que dependen los más pobres y las mayorías nacionales? ¿Y a las ‘privatizaciones’ subyacentes del petróleo, del gas, de la electricidad, de los servicios de salud, de la vivienda popular y de otros rubros potenciales, se les pondrá un “hasta aquí”?.

¿Con el “Super-Pacto” se consolidará la transición a la democracia, que nada tiene que ver con la alternancia en el poder como lo reveló el propio Presidente José María Aznar y como se ha consignado en los hechos (sólo fue un “cambio de piel”)? ¿Habrá, tras la instauración del “Gran Acuerdo Nacional” una nueva actitud para enfrentar la ‘causa indígena’ (léase: aprobación de la Ley Cocopa escamoteada en el Congreso) incluyendo la revisión a fondo del depredatorio ‘Plan Puebla Panamá’? ¿Se llevará a efecto una “revolución educativa” al margen de retóricas y de dobles discursos “engañabobos” emanados de la SEP que insisten en vender el “cuento” de estarse aplicado en educación un 6% del PIB, discurso denunciado de “mentiroso” por el SNTE? ¿Se instrumentarán acciones y estrategias de seguridad pública y de combate al crimen organizado al margen de simulaciones y simulacros y de componendas con los grandes capos y con la mafias en pleno? ¿Se enfrentará el fenómeno de la corrupción sin actitudes discrecionales incluyendo el destapar la ‘cloaca’ configurada por el Fobaproa, ahora transformado en IPAB? ¿Se diseñará una política exterior ‘horizontal’ que permita la participación de la opinión pública en el diseño del país que se pretende que nada tiene que ver con “Foxilandia” y se acotará la política expansionista y postcapitalista de connotadores ‘globalizadores’ en abierta alianza con los intereses monopolistas y de control ostentados abiertamente por el Coloso del Norte? En fin, son preguntas en el aire que difícilmente encontrarán respuestas reales en el contexto de la realpolitik foxiana que sólo espera un “Pacto de Escenografía” negociado a espaldas del pueblo mexicano con organismos cautivos de membrete  tipo PRI, PAN y PRD. ¡Para qué arriesgarse gratuitamente! 

 

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