Semiótica del Poder
Julio 22 de 2001
El 'Gobierno Fantasma' de Fox
 
Por Pablo Espinosa Vera

A unas cuantas semanas de rendir su Primer Informe, el Presidente Fox ha de estar sudando la gota gorda para hacer “verosímil” su ¿histórico? mensaje a la Nación vía el Congreso de la Unión. Y es que la ‘Gran Interrogante’ que permea el inconsciente colectivo es: “¿Y de qué va a informar si no ha hecho nada?”. Y, sí, en efecto, Fox y su Dream Team (“Gabinetazo ISO 9000”) se han dedicado a surfear sobre las encrestadas olas de la realidad nacional eludiendo y burlando, de manera nada elegante y a través de absurdas prácticas enunciatarias, los grandes problemas nacionales que el actual Presidente emanado de la Oposición  Civil (Los Amigos de Fox) se comprometió a enfrentar y a resolver destacando  la promesa de solucionar la “Guerra de Chiapas” en 15 minutos...¿del 2010?.

Cuando un film, incluyendo los de caricaturas de ciencia ficción tipo “Titán A.E.” o los infantiles como “Pinocho” no se esmera por alcanzar un “efecto de lo verosímil” a niveles de calidad total, difícilmente acaparará la atención de los espectadores y, mucho menos, convencerá al público de la “simulación de verdad” o de certeza. Ese “efecto”, intentado vía todas las técnicas de marketing por los grandes ‘discursos’ como lo es el publicitario, el religioso y el político, enfocados a vender un producto (tangible o inasible) deviene a representar la condición sine qua non para ‘ser’ o ‘no ser’ en el reino de la simulación y del simulacro. Y es que si logra que sus ‘verdades retóricas’ o “verdades a medias” sean aceptadas por el destinatario (lo que no significa que asuman el estatuto de ‘verídicidad’, que es otra cuestión), el emisor o artífice del discurso habrá alcanzado gran parte de sus metas: penetrar en el imaginario del cada vez más complejo mercado de “consumidores” de toda clase de símbolos, fetiches, clichés y arquetipos’ como diría McLuhan.

El PRI perdió la Presidencia de la República tras haber agotado su capacidad de simulacro que logró extender durante  más de siete décadas declinando en forma dramática su propio ‘potencial de competitividad’ ante el arribo de nuevos protagonistas en el escenario político, a los que logró contener en los noventas hasta toparse con el “Fenómeno Fox”, quien arrasó con la obsoleta semiopragmática de la  exmegamáquina priísta, pero Fox está perdiendo en forma acelerada su nivel de credibilidad al abandonar los ‘referentes reales’ esgrimidos en su campaña y al abusar de la ‘arrealidad fantasmática’ donde predominan los lenguajes analógicos y simbólicos en detrimento de los deícticos que permiten decirle “al pan, pan, y al vino, vino”. Olímpicamente, el nuevo Gobierno ha adoptado sin sonrojarse una “Semiótica del Simulacro” antes que enfrentar el ámbito de los referentes reales.

El Presidente Fox ha perdido el piso, como se dice coloquialmente y flota en la ‘lógósfera del Poder’ al margen de centros gravitacionales (él presume de dicha situación para subrayar su “vocación democrática”). En realidad, lo que sucede, desde una perspectiva semiótica, es que Fox elude y escamotea la realidad navegando cómodamente en el reino de las ideas, de las sustancias, de lo abstracto, de lo cualitativo, de las modalidades simbólicas, del pensamiento y  de los conceptos, es decir, dentro de la Iconocidad  y el Simbolismo,  reinos que Charles S. Peirce ubica dentro de una amplia  categoría de los signos (una teoría de la semiosis y del signo-acción)  conexionándolos a tres niveles:  en relación consigo mismos (Cualisignos, Sinsignos, Legisignos), en relación con su Objeto (Icono, Indice, Símbolo) y en relación con su Interpretante (Rhema, Dicent, Argumento).

En la Semiótica de Peirce, el Presidente sale perdiendo

En la ‘lógica foxiana’ predomina el favoritismo hacía lo Icónico (espacio de los cualisignos, de rhema, de la palabra en sí) y de lo Simbólico (ámbito de los legisignos, del discurso, de lo argumental, de la lógica, del pensamiento, de la interpretación) en menosprecio de la  segunda categoría de esta tríada: el Indice o Representamen , que es donde el signo se relaciona con su Objeto dinámico refiriéndonos a un referente real, a un objeto singular, particular, específico (es el campo de los sinsignos, de dicent, de las proposiciones, de los pronombres demostrativos y personales, de la experiencia)  el que es evadido o burlado  por Fox en forma constante para evitar compromisos deícticos (poner el dedo en la llaga) con los diferentes grupos sociales y con los problemas a afrontar,  para lo que fue elegido titular del Poder Ejecutivo, cargo que está en una relación de contiguidad con lo indexical aunque aún no le “caiga el veinte”, como se dice en argot popular ¿Se deberá, dicha actitud, a la marcada conformación de homo videns  (Sartori) y de homo symbolicus (Cassirer) desarrolladas por Fox a lo largo de su vida –quince años inmerso en el mundo fantástico y festivo de la Coca Cola-  así como a concebir la política y el Poder como universos de lo simbólico-fantasioso, es decir, de ‘mundos posibles’ , poéticos y fantasmáticos como ‘Foxilandía’, pero no reales?. Puede ser.

Peirce tambien se refiere, en su modelo semiótico regido por las tricotomías  a tres conceptos o categorías universales que remiten al sentido y a modos de ser en el nivel fenomenológico: la de Primeridad (“Presentness”) que se instala en el espacio de lo imaginario, de lo cualitativo, de la “apariencia pura”, del “ser o existir independientemente de cualquier cosa”, del espíritu, de la cosa en sí, de las cualidades del sentimiento, de la pura  posibilidad; la de Secundidad (“Struggle”) que nos remite al universo del mundo sensible,  de la experiencia del esfuerzo, a “la concepción del ser  relativo a otra cosa”, a los hechos, a los fenómenos existentes en bruto, a los eventos singulares (“...un evento es perfectamente individual: ocurre aquí y ahora”), a la realidad fáctica ‘en blanco y negro’, al orden de las leyes a que están sometidos los hechos; y la de Terceridad (“Thirdness”, “Representation”, Semiosis”) relacionada con el pensamiento, con las probabilidades, con el orden de la razón y de la ley, con el sentido, con las predicciones,  con la representación. ¿Dónde se ubica la Weltanschauung o visión semiótico-ideológica de Fox dentro de esta red de redes interrelacionadas?. Por supuesto, en el nivel de Primeridad (las monstruosas generalidades; el Poder como utopía perenne) y en el de la Terceridad (la locutio interminable y el ‘súperdiscurso’ donde, a nivel de representación, la realidad está resuelta en una dimensión argumental y futurológica: predecible, como lo enfatizó durante su conferencia “México: A Vision for the Future”  que presentó en el Foro Anual Allen & Company en Sun Valley, Idaho  durante su reciente visita a la Unión Americana enfocada a promover el “México, Inc. de ensueño” para potenciales inversionistas megamillonarios.

¿Qué produce un ‘Hombre-Signo’,  fantasmático?

     La orientación o ‘vocación semiótica’de Fox, que Umberto Eco “deconstruiría” a nivel de  ‘unidades culturales’, sememas o ‘marcas semánticas’ dentro del Espacio Semántico Global,  mismas  que caracterizan su morfología y definen su personalidad o sus  contradictorios “modos de ser” en el contexto y en la relación significado/significante y en el contexto de la propia ‘función semiótica’ que Hjelmslev define como la “correlación de dos funtivos: el plano de la expresión con el plano del contenido”, generan interrogantes como las siguientes que deberían contener una mínima respuesta: ¿De qué códigos se nutrió el ahora Presidente y cómo los revierte? ¿Cuál es su  intencionalidad  y sus particulares ‘puntos de vista’ cómo emisor de mensajes o como ‘interpretante final’? ¿Cuál es su  capacidad y nivel de competencia para producir signos y sistemas de significación que afectan e impactan a grandes mayorías? ¿Cómo segmenta, con base a su ‘cultura’ y a su ‘experiencia’, el continuum o ‘materia’de la Expresión y del Contenido en el plano de la ‘forma’ y de la ‘sustancia’?. Estas son sólo algunas preguntan que nos pueden dar luz y comprender el  ‘por qué’ de la actitud y del comportamiento “fantasmático” de Fox, y conste que nos estámos refiriendo al Presidente en singular porque, como hombre-signo-símbolo, fue elegido para gobernar a una nación constituida por cien millones de seres indefensos y vulnerables que hasta la fecha, un año después,  no logran entender ni decodificar los extraños códigos y las surrealistas prácticas significantes de su Mandatario.

Fox, como ‘Jefe de la Nación’, ha impuesto un modelo de Gobierno de tipo ‘virtual’,  desfasado de la realidad. Y difícilmente una “gerentecracia” , regida por códigos de productividad, de eficiencia, de desarrollo organizacional, de “justo a tiempo”  y de business interminables (México, Inc., en primer plano) podrá asumir compromisos éticos y sociales de corte humanitario que son “improductivos” en un contexto neoliberal y eficientista donde carecen de sentido práctico e utilitario grandes interrogantes que flotan en la logósfera presidencial: ¿Combatir la pobreza extrema y la pobreza a secas que impacta a 60 millones de mexicanos aplicando fondos en un barril“sin fondo”? ¿Redimir y reivindicar a diez millones de indígenas que han sobrevivido 400 años para fortalecer al EZLN como fuerza social y al sup Marcos como líder nacional? ¿Aumentar el salario de los trabajadores sin indexar el trabajo a la productividad? ¿ Generar 1.4 millones de empleos al año sin mano de obra barata y capacitada? ¿Instaurar una “revolución educativa” de calidad y gratuita? ¿Combatir al narcotráfico y al ‘crimen organizado’ a costa de romper el débil equilibrio de las finanzas  nacionales y del PIB? ¿Dejar pasar la oportunidad de brillar como “potencia mundial” aunque sea a nivel de escenografía ocupando un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Abrir la cloaca del Fobaproa-IPAB para satisfacer el morbo popular? ¿Promover una democracia real y participativa acotando el ‘Poder Imperial’ del Presidencialismo que sigue más vigente que nunca?

Ante la falta de voluntad política para enfrentar la ‘realidad indexical’ y para responder a las interrogantes que orbitan, como molestas moscas, en torno al Poder, la mejor opción radica en instaurar un “Gobierno Fantasma” (¿con el apoyo de Industrial Light & Magic del genial George Lucas?) especializado en la ‘construcción de mundos posibles’, en la producción de  ‘acontecimientos virtuales’ y de  ‘metarrealidades ideales’ para alimentar a las masas ‘massmediatizadas’ con modalidades simbólicas de todos colores y sabores. Si el hombre es un ‘devorador de signos’ nato (‘Semiófago’)  partiendo de su naturaleza de Homo Symbolicus, los “Nuevos Demócratas” pueden hartarlo de elementos ficticios vía la megamáquina massmediática  y propagandista, saturarlo de toda clase de ilusiones y de sueños, de promesas y de expectativas, de escenarios y de ‘puestas en escena telenoveleras’, de clichés y de arquetipos para satisfacer el irrefrenable apetito gargantulesco de la “sociedad posmoderna”. Finalmente, es más cómodo y placentero “conducir” un ‘gobierno de fantasía’ propio de la Era de la Ilustración (el Despotismo Ilustrado) que devanarse el seso intentando dar respuesta a preguntas irresolubles.

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