Semiótica del Poder
Septiembre 30 de 2001
¡Pierde Canciller a 'Big Brother'!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Jorge G. Castañeda está más que preocupado tras el atentado terrorista ocurrido en New York y en Washington D.C.. pero más que preocupado, está aterrado: toda su estrategia de política exterior está fincada en la relación de México con el país del Norte y sus propias ambiciones que apuntan hacía Los Pinos para el 2006. Pero la ‘teoría del caos’, desarrollada por René Thom, volvió a cumplirse al pié de la letra y en forma más que catastrofista e imprevisible rompiendo el frágil equilibrio de la política internacional con la que contaba el Canciller.

     Desasosegado, el artífice de la agresiva política exterior mexicana, quien se adhirió de inmediato a la política de la ‘ley del talión’ preconizada por los halcones de Washington justificando la actitud vengativa asumida por el establishment en pleno, clama a gritos por el “¡ahora o nunca!” en pos del tan soñado proyecto de integración México-Estados Unidos exigiendo acciones contundentes (“...no regatear apoyo”)  por parte del Gobierno de Fox hacía el de su homólogo estadounidense incluyendo el casi llamado al enlistamiento voluntario de los millones de inmigrantes radicados en el Coloso del Norte al Ejercito de EU como ‘prueba moral’ del sentimiento de solidaridad ante la enorme tragedia, la que empieza a tornarse en leyenda ante el despertar de la megamáquina del entretenimiento que reduce las conciencias a comportamientos lúdicos y fantasiosos bajo el slogan imperativo de “el show debe seguir”.

 El imperio de las industrias culturales nutre, a nivel de ‘contenidos’, el imaginario de los norteamericanos, que fueron sometidos durante más de 48 horas contínuas, sin interrupciones comerciales (lo que generó pérdidas de miles de millones de dólares a las cuatro grandes cadenas televisivas –ABC, CBS, NBC, FOX, -, sin excluir a la penetrante CNN fundada por Ted Turner y ahora en manos de AOL-Time Warner)  a los efectos incesantes e implacables del ‘terror massmediático’ ante la reproducción, con ferocidad y durante secuencias interminables, del instante en que el avión de United Airlines, transformado en un misil, perforaba las entrañas de la segunda torre gemela provocando una pavorosa explosión que ha devenido en un icono de la posmodernidad del tercer milenio y en el  símbolo del ‘fin de la invencibilidad’ de la superpotencia número uno del planeta, que parecía infalible en torno a ser agredida por un enemigo ‘invisible’ como Osama Bin Laden, cuya cabeza está cotizada en $25 millones de dólares.

El ‘acuerdo migratorio’ soñado por Jorge Castañeda, que legalizaría a más de tres millones de indocumentados,  se ha vuelto humo ante la nueva política belicista que permea al gobierno de Bush y que ha confinado a nivel secundario infinidad de asuntos de política exterior, en especial los relacionados con América Latina (con excepción de la política petrolera), para voltear los ojos al otro lado del planeta donde abrirán ‘frentes de guerra’ en territorios del Medio Oriente contra naciones que abrigan al terrorismo mundial como Líbano, Siria, Sudán e Irak de origen árabe y los fundamentalistas islámicos Irán y Afganistán.

La Cancillería, sin ‘modelo para armar’ 

A pesar de que el Presidente Fox insista, como lo hizo en su programa radial ‘Fox en Vivo, Fox Contigo’ (“...George Bush me dijo que el acuerdo migratorio seguía delante”) la verdad es que dicho asunto ha dejado de formar parte de las nuevas prioridades del gobierno norteamericano cuyos tambores de guerra resuenan en los cinco continentes y cuya ‘guerra prolongada’ contra el terrorismo mundial, como la han definido Ronald Rumsfeld, Secretario de Defensa, y Colin Powell, Secretario de Estado, absorberá por completo los esfuerzos, las energías, las negociaciones, los cabildeos y las agendas .

Dicha realidad mantiene en virtual estado de suspense a la Secretaría de Relaciones Exteriores que, de golpe, perdió su telos y su ‘misión institucional’ al difuminarse el objeto que la dotaba de sentido (el Imperio USA), el que concentraba toda su atención y todos sus esfuerzos incluyendo, como prioridades de su agenda, la relación en el ámbito de lo energético (crear una ‘coordinación energética regional’ con base al espíritu del TLCAN), de la inversión extranjera directa (es estimaba alcanzar una inversión extranjera directa, la mayoría proveniente de EU, del orden de $20,000 millones de dólares),  de la cooperación en la lucha antidrogas (tema de alta prioridad que pasará a un segundo plano), del ‘Plan Puebla Panamá’ (espacio de recursos inagotables  para ser explotado por megainversionistas globales con toda impunidad y protección gubernamental), y otros temas estratégicos que, de golpe, se han relativizado.

Por supuesto, el Canciller Castañeda, un ser inteligente y de sangre fría, como lo demuestra el ‘gran viraje’ ideológico protagonizado por él mismo que lo lanzó, en un ‘coup de dés’ indescriptible propio del odiado protagonista de “Dallas”,  J. R. Ewing, del espacio de la izquierda más crítica e incisiva a la derecha recalcitrante desde donde saborea las mieles del poder y el ensueño de despachar en Los Pinos dentro de cinco años, no tirará la ‘toalla’ ni se desanimará tan pronto. Tras haber construido un ‘discurso’ centrado en la relación con los EU que consolidaría su capital político y lo proyectaría a la Presidencia, como lo intento en 1942 el entonces Canciller Ezequiel Padilla,  exclamó ante la prensa, ante la decepción y el resentimiento que se respira en Washington, New York y otras capitales del país del Norte por el nulo apoyo y por el desinterés demostrado por México, el país “favorito” de Bush,  ante el brutal atentado terrorista en comparación con estadistas, presidentes, reyes y primeros ministros de otras naciones: “...lo que sí es muy difícil, es decidir que queremos una relación muy estrecha con Estados Unidos, un Tratado de Libre Comercio, más turismo, más inversión, más crédito, más transferencia de tecnología, más cooperación en la lucha contra el narcotráfico, pero cuando ellos nos piden algo, eso sí no”, haciendo eco a lo publicado por The Economist en tono de reproche tras revisar el escepticismo latente en el imaginario social de amplios segmentos de la población de raíz antiestadounidense, que se alegraron por el ataque: “...México debe concluir si quieren que los EU sean más que un amigo en los buenos tiempos, ellos tienen que ser recíprocos”.

Jorge G. Castañeda, ¿un ‘Rambo’ mexicano?

La actitud beligerante del Canciller mexicano no es un secreto, como no lo es el haber instaurado la “Doctrina Fox-Castañeda” , de línea dura e intervencionista en perjuicio de la pacifista “Doctrina Estrada” que duerme el sueño de los justos. Ante dicha realpolitik,  el diputado del PRD y Coordinador de la Comisión de Relaciones  Internacionales del grupo parlamentario del PRD en la Cámara baja Jorge Acosta Salazar informó en tribuna, el pasado 20 de septiembre, que el PRD le solicitará al Presidente Fox la destitución de Jorge G. Castañeda por representar los intereses más conservadores y proestadounidenses del país, incluyendo el poner en riesgo la seguridad nacional con sus declaraciones desafortunadas, de las que hizo un breve recuento: ofrecer que México se sumara a las fuerzas de los ‘cascos azules’; descalificar las negociaciones con el EZLN; influir para que la Cruz Roja Internacional retirara su apoyo a la marcha zapatista; promover el voto de censura contra el gobierno de Cuba en el marco de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (después tildó de “ardidos” a los cubanos); recibir al ultraconservador Jesse Helms, viejo enemigo de Castañeda y de México, como a todo un héroe; justificar el bombardeo de EU a Irak (durante la estancia de Bush en el rancho de San Cristóbal); promover activamente a México para ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU, y pedir que no se ‘regatee’ el apoyo de México a las represalias de EU contra Osama Bin Laden y Afganistán, incluyendo a países que alberguen o estimulen el terrorismo, ignorando olímpicamente el Derecho Internacional que no aprueba la ‘Ley del Talión’.

Dejando a un lado su atavio de posmodero ‘Rambo’, y ante la censura del Senado por su excesivo protagonismo y por comprometer la seguridad nacional con proclamas temerarias, el Canciller tuvo que reconocer que el Gobierno de México no participará en la aventura bélica en la que se ha embarcado el Presidente Bush enfatizando que “...no nos han pedido apoyo militar, no les vamos a dar apoyo militar, no necesitan nuestro apoyo militar y no va a haber participación militar en ninguna acción bélica de los Estados Unidos, punto...ni siquiera le pediría al Senado el permiso, porque es una decisión del Ejecutivo, no queremos trasladarla a otros” (Reforma; 21-IX-01)..

Posteriormente, Jeffey Davidow, Embajador del país del Norte, durante un evento realizado en la Universidad de Guanajuato, confirmó que su país no solicitaría apoyo militar: “Quiero decir con toda franqueza que no conozco a ninguna persona en México o Estados Unidos que piense en la actuación militar de México en la lucha contra el terrorismo. Yo creo que el debate que existe aquí es nada más una distracción, quizás alentada por algunas personas, algunas fuerzas políticas por sus propios propósitos políticos”, tras agregar que “...México sí puede participar en la guerra contra el terrorismo, creo que la gran mayoría quiere hacerlo, pero no hay quien esté pensando en una participación militar. Hablar de eso, debatir eso, es una distracción desafortunada”. Por supuesto, Davidow no mencionó los 112,861 hispanos que militan en el Ejercito estadounidense ni los 64,753 ubicados como ‘reserva disponible activa’, todos ellos provenientes de los más de 35 millones de hispanos que viven en EU, de los cuales 20 millones 640 mil son de origen mexicano según la Oficina del Censo de dicha nación (El Norte; 21 y 25 IX-01).

     En esta ‘comedia de las equivocaciones’ promovida por Jorge G. Castañeda (aludiendo a Moliere), el principal damnificado lo es el propio Canciller quien, aparte de haber sido conminado a respetar al Senado, sirviendo de ejemplo la actitud republicana asumida por el secretario de Gobernación Santiago Creel ha perdido, de golpe, su ‘modelo para armar’ sustentado en un proyecto integracionista con la superpotencia del Norte recudiendo, gravemente, su propia capacidad de maniobra para hacerse de una base de poder que le permitiera competir en el 2006 por la Presidencia junto a poderosos aspirantes como Francisco Barrio Terrazas y Santiago Creel, dos auténticos miembros del PAN que no tienen nada de advenedizos.

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