Semiótica del Poder
Noviembre 18 de 2001
¿Retorno del PRI a Los Pinos?
 
Por Pablo Espinosa Vera

Nada resulta más desalentador y patético, que predecir el retorno de la exmegamáquina político-electoral a Los Pinos, pero el propio Fox & Co. le está endosando el camino a la ahora intocable Oposición. Ante el gobierno fallido del “Campeón de la Democracia” (¿?), el PRI operará como partido-beneficiario sin ‘despeinarse’, mismo rol asumido por el PAN durante la última década en que, al ciudadanizarse los mecanismos electorales vía el IFE, el partido blanquiazul capitalizó palmo a palmo el descontento popular (en especial el de las clases medias o sociedad urbana) haciéndose de posiciones de poder nunca antes soñadas (la Presidencia fue la gota que derramó el vaso, aunque Fox haya utilizado al PAN para arribar al poder y después desecharlo en operación ‘kleenex’).

Y dicho triunfo lo logró el PAN, que quede claro, actuando con viejos clichés, con una ‘ideología’ de pedacería y con códigos pasados de moda, es decir, compitiendo como partido carente de ‘discurso’ y de  ‘símbolos’ empatados con el imaginario semiótico del electorado. En todo caso, las nuevas modalidades simbólicas y los signos de posmodernidad (balcanizados por provenir de criterios de marketing político donde Fox representaba el ‘producto a vender’) estuvieron connotados en la figura de Vicente Fox, nunca del PAN.

En un contexto similar el PRI, con un candidato ‘caudillista’, que aflorará en el marco de la XVIII Asamblea ya en puerta  (¿Roberto Madrazo, José Murat, Beatriz Paredes, Rodolfo Echeverría?), y contando con el ‘factor desencanto’ que permea a la sociedad en contra de los ‘azules’, fácilmente puede derrotar a cualquier candidato emanado de las filas del PAN, incluyendo al  ultraconservador Diego Fernández de Cevallos o al cerebral Felipe Calderón, por no citar a  Francisco Barrio quien se coce aparte y representa la carta más firme de Fox y del PAN para el 2006 si antes no lo hacen pedazos sus propios “hermanos de Gabinete”, pensando en competidores de la talla de Jorge G. Castañeda, Santiago Creel, Adolfo Aguilar Zínzer y hasta Marta Sahagún de Fox.

A casi un año de haber protestado como Presidente de la República, el saldo del gobierno foxista se reduce a palabrería, a enunciados carentes de contenido, a frases huecas saturadas de eufemismos y de elementos coloquiales de toda clase (hasta el sagrado recinto de la Real Academia de la Lengua Española fue profanado con el ‘habla foxiana’ escribiéndose, en sus memorias, el histórico lapsus lingue donde Fox ‘resemantizó al omnisciente Jorge Luis Borges tildándolo de José Luis Borgues ante la perplejidad del Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela y de sus couches  Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, además de los Reyes de España, que se limitaban a observar la vasta arquitectura del litúrgico espacio)

En la ONU, y a destiempo, Fox se consagra ‘defensor’ de los Derechos Humanos

En este mismo contexto de incoherencias y actos fallidos destacan las palabras pronunciadas por el Presidente en New York al iniciar los trabajos de la 56 Asamblea General de la ONU evocando al fantasma de la luchadora social Digna Ochoa, brutalmente asesinada por sicarios profesionales: “...el México de hoy es un México que actúa con firmeza en la defensa y promoción de los derechos humanos y la democracia en todo momento y en todo lugar”, enfatizando, en tono por demás oportunista,  la liberación de los dos campesinos ecologistas, Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, defendidos por la abogada victimada: “...por consideraciones humanitarias” con lo que, según el Presidente, se puso de manifiesto “...el nuevo compromiso de México con la defensa de los derechos humanos” (¿después de niño ahogado, a tapar el pozo?).

Simultáneamente a su performance en la ONU el Presidente, resuelto a dimensionar su nuevo rol de “superdefensor de los agraviados” y para desviar la opinión pública adversa tras el magnicidio de Digna Ochoa anunció, por su programa radiofónico “Fox en vivo, Fox contigo”, que el gobierno abriría sus puertas “de par en par” a los observadores internacionales enfatizando que en el pasado México “...vivió ocultándose en el mundo y cerrando nuestras fronteras para la participación de observadores internacionales y a los organismos de derechos humanos”, pero ahora “...en México no tenemos nada que ocultar, y qué bueno que vengan a juzgar lo que hacemos, que vengan a asegurarse que respetamos los derechos humanos, igual que queremos tener esa autoridad moral para actuar fuera de nuestras fronteras” (lo anterior, en referencia a formar parte del Consejo de Seguridad de la ONU).

 Además de lo anterior, y con la clara intención de dotar de ‘sentido humanista’ a su Gobierno, caracterizado por la abulia y la parálisis, anunció la creación de una fiscalía especial dedicada a atender los casos de desaparecidos políticos, más de 500, entre las  décadas de los 70s y los 80s (¿y los del 68?) cuyos archivos se localizan en la CNDH y en la PGR. Aunque resulta paradójica la actitud del jefe de la Nación  tras haber calificado el crimen de la abogada veracruzana como “un homicidio más en la ciudad de México” y después de su feroz ofensiva contra la prensa independiente y contra la libertad de expresión (“...no faltan las voces que me piden que ya ponga orden”), aunque no hay que olvidar que una de las peculiaridades de Fox es su tendencia camaleónica (hoy te apapacho y eres mi amigo; mañana te doy de palos y no te conozco).

Ante la falta de hechos concretos tras un año en el poder, la estrategia es asumir ‘triunfos connotativos’ (conceptuales), como lo es el tema de los derechos humanos y la condena a actos de terrorismo, bandera ésta última que capitalizó el Presidente para lucirse en varias capitales europeas y en el foro de la APEC, igual que lo hizo en la sede de la ONU donde señaló: “...México rechaza todo argumento que pretenda justificar las actividades terroristas. Ni la justicia de una causa, ni la desigualdad de fuerzas respecto a un antagonista, ni la pobreza”, siendo precedido en la tribuna por su amigo George W. Bush   quien, emotivamente, comentó que si leyera los nombres de las víctimas del 11 de septiembre, tardaría más de tres horas en citarlos a todos.

Incontenible avance del PRI y del PRD mientras el PAN naufraga

Los ‘tropezones’ del Gobierno de Fox se consignan en las urnas donde el PRI y el PRD empiezan a ganar terreno mientras el PAN zozobra peligrosamente. En la última jornada electoral del 2001, el PRD logró consolidar su presencia en Michoacán, la tierra del ‘Tata’ Lázaro y a la que también gobernó Cuauhtémoc Cárdenas, ahora en poder de un miembro de la tercera generación: Cuauhtémoc Cárdenas Batel, quien gobernará en un esquema tripartidista tras la repartición de los 113 municipios entre el PRI, el PAN y el PRD (en este esquema, el perdedor es el PRI al perder la hegemonía municipal: 75 alcaldías de las 113 existentes) y con un Congreso de mayoría priísta (11 escaños para el PRI, 9 para el partido del sol azteca y 4 para el PAN).

En Puebla, el PAN conservó la capital pero el PRI se hizo de la mayoría en el Congreso y en los municipios, además de ganar los Congresos y las presidencias municipales de Tlaxcala, donde el PRD también avanzó, y de Sinaloa (en este último Estado enfrentando a la coalisión PAN-PRD-PVEM en 13 de los 18 municipios).  En jornadas anteriores, los priístas se consolidaron en Chihuahua, Durango, Oaxaca y Aguascalientes lo que demuestra el revival del PRI a quien muchos consideraban ‘cadáver político’, partido que puede renacer de sus cenizas como el ‘ave fénix’ gracias a los errores de Fox & Co. y al propio liderazgo ejercido por nuevos protagonistas en el tricolor (a nivel de gubernaturas en este año electoral el reparto fue más o menos equitativo: Baja California y Yucatán para el PAN; Tabasco para el PRI, y Michoacán para el PRD).

Al margen de las contiendas electorales a enfrentar en el 2002, la verdadera prueba de fuego para los foxistas y para el PAN en sí lo representarán los comicios del 2003, donde se renovarán los 500 diputados de la Cámara de Diputados (la que mantiene como ‘rehenes’  las principales iniciativas de reformas enviadas por Fox) y el 50% o más de la Cámara de Senadores. Un repunte del PRI rompería, en forma notoria, con el débil equilibrio imperante en la Cámara baja con lo que los tricolores alcanzarían un fuerte nivel de influencia en el diseño y en la aplicación de políticas públicas descontando las posibles alianzas entre el PAN y el PRD por sus tendencias antípodas.

¿Ante este escenario, que puede crecer exponencialmente, lograrán, Fox y el PAN, repuntar ante el avance priísta y recuperar los espacios perdidos, así como la confianza de los electores quienes ya conocen, y desaprueban, el ‘estilo de gobernar’ del Presidente y de los neoconservadores panistas?. Puede ser, aunque hay muchos factores en juego que se entrelazan destacando, en primer lugar, el imprescindible ‘golpe de timón’ del gobierno de  Fox hacía la transición democrática, que se antoja difícil dado el carácter y los códigos que rigen el ser y el hacer presidencial (en este contexto, Fox tendría que abandonar la ‘Semiótica del Simulacro’ que conforma la red de significados –producidos por la hermenéutica oficial-y los sistemas de sentido que le dan razón de ser a “Foxilandia”-frivolidad como ‘Política de Estado’-  en sí para pasar a un estadio de enfrentar la realidad, en consenso con varios actores e instancias, como lo ilustra el “Pacto de la Moncloa”, antítesis directa del escenográfico y cupular “Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional” de naturaleza vertical y antidemocrática). En segundo término, y como lo destaca Alain Touraine en ¿Qué es la democracia? (FCE, 1995), Fox deberá entender que democracia significa respetar y tolerar al otro. ¿Tendrá paciencia el Presidente para tan titánicos  esfuerzos?.

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