Semiótica del Poder
Noviembre 25 de 2001
¡Fox y la 'Mexican Revolution II'!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Al Presidente Fox le está pasando lo que a Madero: tras llegar al poder, se olvidó de sus promesas y de sus afanes ‘revolucionarios’ (Fox, con el discurso del ‘Cambio’; Madero, con el ‘Plan de San Luis’) rodeándose, ambos, de elementos identificados con las oligarquías y con las plutocracias y, para nada, con el pueblo que los eligió, con los ‘jodidos’ (en el concepto de Emilio “El Tigre” Azcárraga). Madero, al arribar a la Presidencia, se rodeó de porfiristas y positivistas, de la talla de Victoriano Huerta “El Chacal”, y terminó en el paredón, a un costado de la Penitenciaría, tras de haber provocado el levantamiento de tres grandes revolucionarios que lo tildaron de ‘traidor’: Emiliano Zapata, Francisco Villa, y Venustiano Carranza. Fox está rodeado de entrepreneurs y businessman que solo responden a códigos de dinero y de intereses y a los que lo ‘social’ les viene ‘Wilson’, como diría Gabriel Vargas.

La ‘Revolución antifoxista’,o ‘Mexican Revoluction II’, que puede tomar la forma de un ‘golpe de Estado’, la está forjando el imaginario social, desilusionado ante los escasos resultados generados por el primer Presidente surgido de la Oposición, quien resulta atractivo para revistas internacionales como “¡Hola!” y como People’s (en su reciente edición en inglés del 15 de  noviembre lo designa el líder mundial con más sex-appeal, poseedor de un “bigote de ídolo de película de matiné”) pero que ha perdido su ‘encanto’ ante las mayorías que confiaron en él como abanderado del ‘Cambio’, sintetizando este ‘golpe de timón’ la tan ansiada transición a la democracia que se ha vuelto humo.

Y el ‘golpe’ puede venir de varios escenarios, incluyendo a la propia Secretaría de la Defensa Nacional, aunque tranquilizan las expresiones del general Clemente R. Vega García al asegurar que no hay ningún Victoriano Huerta a la vista (la frase la acuñó la entrevistadora, Katia D’Artigues de la revista Milenio al preguntarle, a boca de jarro al militar: “¿No hay ningún Victoriano Huerta a la vista?”, quien se limitó a responder: “No. Ese es otro asunto tan llevado y tan traído...Como le digo, las circunstancias de ese momento lo permitieron y eso es lo que deja la historia: que no se vuelva jamás a repetir”, aunque la lectura deja la impresión de que dejó la puerta entreabierta).

Aparte del castrense, está a la vista el escenario del propio Congreso, donde el diputado panista Ricardo García Cervantes propuso al Pleno la revisión de los artículos 82, 83 y 84 y de la propia Ley del Congreso, en lo referente a la designación de un Presidente interino o sustituto (que, según él, deberá ser del PAN) en caso de faltar, por cualquier causa, el titular del Poder Ejecutivo, lo que hace pensar, como lo reflexionó el propio Cuauhtémoc Cárdenas en un artículo publicado en La Jornada (“Pregunta al PAN: ¿por qué un Presidente interino?”; 26-X-01); ¿Se avizora algun relevo en Los Pinos ante la ineficiencia para gobernar demostrada por Fox Y Co.?. ¿Se le pedirá la renuncia al Primer Mandatario ejerciendo el poder contenido en la propia Carta Magna?.

Durante los trabajos de la XVIII Asamblea Nacional del PRI, a la que Fox le deseó éxito, 

el fantasma de la incapacidad del Presidente Fox para conducir el País afloró en varios frentes, generándose un rumor general o ‘consenso’ en torno a tal realidad, consenso que ya permeó a la opinión pública tras lo comentado por el propio Fox en su programa radiofónico “Fox en vivo, Fox contigo” respecto a que los medios de comunicación estaban ‘conspirando’ para “tumbarlo de la silla”, discurso que Jorge G. Castañeda detonó desde las páginas de Los Angeles Times al comentar que la prensa quería derrocar a Fox, como lo hizo con Madero (agosto 8, 2001) y que la propia Marta Sahagún de Fox, en su rol de exvocera presidencial, esgrimió ante el director del Grupo Multimedios Francisco A. González asegurándole que nunca “tirarían” a Fox de la Presidencia remontándose al affaire del “Toallagate” revelado en Milenio Diario.

La “Guerrilla Semiótica”, arma de la ‘Nueva Revolución’

La ‘semiosis social’, en pleno, ha provocado el surgimiento de los “nuevos revolucionarios” instalados en el ‘nuevo espacio público’ (Dominique Wolton, Eliseo Verón, Jean-Marc Ferry) que Fox ubica en el ‘Círculo Rojo’. Es el gran rumor nacido del seno de la ciudadanía, el que clama por una ‘rendición de cuentas’ acorde a los códigos foxianos: ¡ya, ya ya!, rumor que el Presidente y sus allegados atribuyen a la megamáquina massmediática sin discernir que el papel de ésta es el reflejar el ‘discurso social’ y el de servir de correa de transmisión en la correlación Gobierno-Sociedad.

La “Guerrilla Semiótica” opera en la dimensión del intercambio de códigos, en este caso, los detentados por Fox y por su Gobierno de matices neoiluministas y esplendorosos, y los esgrimidos por el Ser Social, de connotadores hiperrealistas que no tienen nada de resplandecientes ni de fantásticos. Mientras que para los foxistas México es “un País maravilloso” (“Foxilandia”, como imagen ideal), para la ciudadanía es una Nación en franco proceso de demolición considerando todos los indicadores a la vista: economía en recesión; crecimiento cero de la economía; ‘transición a la democracia’ frustrada; agudización de los niveles de pobreza como secuela del desempleo galopante; apropiación perversa de activos del Estado en venta de garage; pactos, acuerdos y planes de science-fiction para crédulos y bobalicones; agenda presidencial de corte turística saturada de compromisos fastuosos (cenas con reyes; conciertos con superstars del rock-pop; audiencias con el Papa en el Vaticano; macrorreportajes en ‘revistas del corazón’); concesiones propias de emperadores y dictadores (salarios estratosféricos; imposición de estrategias de comunicación ilocutivas; descalificación a mansalva de interlocutores molestos; uso discrecional de los recursos del Estado), y un largo etcétera.

Los códigos y los sistemas de significación acuñados desde Los Pinos (‘think-tankers’) y desde los búnker de las más influyentes secretarías de Estado (SRE, Segob, SHCP, SE, SCTP, SAGARPA, PGR, SEDENA, Sener), que conforman una verdadera ‘Semiótica del Simulacro’ se empecinan en retroalimentar sistemas de “producción de sentido” que no corresponden a la realidad. Sus intención subyacente son las de generar una ‘metarrealidad’ (‘realidad otra’, pixelizada) que se diferencía radicalmente de la fría realidad cotidiana y mediática en la que está inmerso el ciudadano medio. Y de allí su fracaso. Y es que se puede engañar una, dos, o tres veces mediante el uso reiterativo de figuras retóricas y estilísticas, pero no es posible engañar todo el tiempo, y menos a todos, como lo intentó el PRI durante casi un siglo y como lo pretende la Coco-Cola Co.

Los códigos que estructuran la arquitectura del Discurso Social (Herman Parret, Teun A. Van Dijk, Desiderio Blanco, Eliseo Verón, Harry Prost, Augusto Ponzio, Michel Foucault), y que parten de ‘significaciones’ que involucran a referentes reales, son muy distintos a los esgrimidos por instancias ideológicas de Poder (sic), y de eso deberían estar concientes los ‘megaasesores’ foxistas, que menosprecian, desdeñan y desestiman la ‘masa gris de la sociedad en sí, que está ‘empoderada’ (en términos de Dulce María Sauri) sin referirnos únicamente a sectores pensantes o a la denominada ‘sociedad civil’. La ‘social intelligence’ no es un invento: es algo real, como lo son los procesos de “Guerrilla Semiótica” (Umberto Eco, Paolo Fabbri, Thomas A. Sebeok, Massimo Bonfantini), los  ‘nuevos espacios públicos’ y la propia ‘comunicación pública’ (‘acción comunicativa’en línea horizontal, como la describirían Jurgen Habermas y Jesús Martín-Barbero).

¿Cómo operar la ‘contrarrevolución’?

El Presidente Fox, acosado por el ‘fantasma’ de la Nueva Revolución que le genera pavor, no se ha quedado con los brazos cruzados: su arremetida contra los medios el pasado 3 de noviembre, es una advertencia que hay que tomar en cuenta (“...no faltan voces que me pidan ya  ponga orden”), como lo es su reunión privadísima con altos mandos del Ejercito para atestiguar maniobras de guerra y simulacros de combate con armamento sofisticado en Chihuahua (el Presidente Zedillo, ante los rumores de su posible destitución constitucional en junio de 1996, se protegió con el Ejercito convirtiendo al general Enrique Cervantes Aguirre en su ‘sombra’), además de su actitud “incondicional” ante los dictados de Washington que le garantiza un respaldo invaluable por parte del ‘Imperio’ (“Death Star”).

Ante una gobernabilidad que se le va de las manos, el Primer Mandatario empieza a otear la alternativa del autoritarismo, al estilo priísta, si no es que un endurecimiento más notorio. Y parte de este proceso sería, aparte del de promover un ‘centralismo de Estado’ total (el pasado ‘Foro Internacional sobre Federalismo’ escenificado en Veracruz es parte del show-bizz-politics), el desaparecer el Congreso en pleno para optar por un escenario afín a su ‘estilo personal de gobernar’ (como en el Áncien Régime, que el Poder Legislativo se subordine al Ejecutivo en un entorno de simulacro circense), y el controlar los partidos políticos que deberán plegarse a la ‘voluntad de Poder’ emanada de Los Pinos.

Aunque el poder de una sociedad democratizada, como lo reconoció Carlos Monsiváis durante su téte-a-téte con el expresidente español Felipe González, es incontenible, y difícilmente la nueva sociedad mexicana aceptará el yugo opresor de otra ‘dictadura perfecta’, sea cual sea el signo que la promueve y la patrocina. En fín, la ‘Nueva Revolución’, como una aparición terrorífica, está a la vuelta de la esquina, si el Presidente no acepta sus errores y actos fallidos y se decide a corregir el rumbo, es decir, a conmutar y transformar sus ‘códigos’, lo que significa pedirle peras al olmo.

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