Semiótica del Poder
Diciembre 2 de 2001
Un 'Ulysses' posmoderno en Los Pinos
 
Por Pablo Espinosa Vera

Al escribir su ‘Ulysses’ (sic), James Joyce estaba concibiendo, sin saberlo, al posmoderno Leopold Bloom de Los Pinos gravitando en un laberinto de laberintos sin salida. Tras cumplir un año en el poder, al Presidente aún no le “cae el veinte” acerca de su compromiso histórico-institucional (cumplir como ‘mandante’ de la sociedad, antes que como ‘mandatario’) intentando evadirse por la puerta fácil de la ‘enunciación’ ante la rendición de cuentas que le exige la sociedad. Y así lo consigna el siguiente enunciado.

“Si hubiéramos hecho eso, no ganamos”. Así respondió Fox al comentario que le hizo Eduardo Fernández,  excandidato a la Presidencia de Venezuela y líder de la Fundación Popular Iberoamericana respecto a los riesgos que significa el generar “una enorme revolución de expectativas” y que él, como candidato, había optado por un discurso realista, aclarando ante los electores que las expectativas creadas no se cumplirían al corto plazo, por lo que perdió la elección frente a Hugo Chávez. Y Fox tiene razón: si hubiese seguido el ejemplo del político venezolano, ahorita estaría cultivando brócoli en su rancho de San Cristóbal, y a un año luz de Los Pinos.

Durante su participación en el Seminario Internacional sobre Transiciones Políticas convocado por la Internacional Demócrata Cristiana de Centro al que asistieron líderes conservadores de Europa y de América Latina, incluyendo a los jerarcas del PAN, Eduardo Fernández defendió la posición del Presidente mexicano enfatizando que “...la revolución de expectativas era demasiado grande. Esperaban que la Administración del Presidente Fox hiciera milagros de la noche a la mañana y eso no es posible...hay que hacer un enorme esfuerzo para explicarle a la gente que lo que dijimos que íbamos a hacer lo estamos haciendo, pero esto no produce resultados de la noche a la mañana”.

Por supuesto, Fox no iba a arriesgar la grandiosa oportunidad que se le abría (ser el nuevo inquilino de Los Pinos) aclarando “pequeñeces”, que a un año de estar en el Poder se le han convertido en una verdadera “montaña de nieve” por carecer de respuestas a la gran mayoría de ellas, optando por gobernar ‘principescamente’ (“que ruede el mundo, a mi me vale”) encerrado, como los intelectuales, en una ‘caja de cristal’ intentando conducir el País a control remoto y haciéndose el desentendido ante el maremágnun de problemas que día a día se acumulan (la ‘oficialía de partes’, fácticamente, desapareció de Los Pinos y de las Secretarías de Estado).

Sin un eficiente ‘aparato de respuesta’ capaz de buscar soluciones reales y alternativas a problemas estructurales y cotidianos, la mejor ‘salida de emergencias’ es salir de viaje para “arreglar el mundo” y darle la “gran batalla al terrorismo mundial”, o asistir a conciertos y a premieres que no comprometan y donde no se va a encontrar uno a personas molestas e incómodas y, en el último de los casos, organizar cabalgatas a la luz de la luna u auspiciar  ‘eventos internacionales’ que sirvan como elemento de distracción a los medios y a la opinión pública (así operan los sistemas de ‘producción de sentido’: reiventando la ‘realidad’ todos los días).

Tras la invención del ‘Discurso’, la realidad sale sobrando

Aunque no sea su culpa al cien por ciento (la desaceleración de la economía en Estados Unidos, agravada por los actos terroristas del 11 de septiembre representa una excelente ‘coartada’) el problema con el jefe de la Nación es que generó una “enorme revolución de expectativas” sin más objetivo que ganar la Presidencia, y eso se llama burla, falacia, mentira y engaño aquí y en China. Y pretextos le sobran al Presidente para justificar su charada (el pasado 18 de noviembre, en San Francisco del Rincón, tejió ante un grupo de reporteros un largo argumento de “hechos”, la mayor parte en el plano discursivo y de planeación eterna, realizados en su Gobierno que difícilmente justifican el ejercicio de un billón 400 mil millones de presupuesto y de una alta burocracia, los ‘megaasesores’, que sale sobrando aunque Adolfo Aguilar Zínzer administrará mil millones de pesos).

Fox ha trabajado y ha realizado muchas “acciones de Gobierno”, pero que no trascienden al plano de la realidad. Sus grandes ‘programas’ están en el tintero. Y si funciona la máquina burocrático-administrativa, es por inercia. La estructura heredada de los tecnócratas sigue en pie, inmutable, y Fox se ha limitado a ‘darle servicio’, nada más, para cubrir el plano de las apariencias. Un análisis riguroso de lo realizado en cada secretaría de Estado, en cada organismo descentralizado y en cada empresa paraestatal así lo confirma. La inercia es el código por antonomasia y el gattopardismo es la práctica imperante. Y nada más. Aparte de una megamáquina enunciataria aceitada a conciencia como parte imprescindible de los procesos de producción de sentido donde labora un ejercito de metálogos (artífices de metalenguajes) con sueldos estratosféricos (una especie de Industrial Light & Magic –George Lucas- de Los Pinos).

En Internet, en el website oficial de Los Pinos (www.presidencia.gob.mx/), se consignan en el link  de “consultar histórico” más de 350 fechas, desde el 1 de diciembre de 2000 hasta el 26 de noviembre de 2001, donde se localizan toda clase de enunciaciones (discursos, entrevistas, mensajes de banqueta, ponencias, guiones radiofónicos de “Fox en vivo, Fox contigo”, comparecencias, informes presidenciales y un largo etc.), que nos dan más de 5,000 “argumentos”, entre performances de toda clase, constitutivos de la neobarroca “Hermenéutica Foxiana” (‘Summa Teológica’ de los textos sagrados de Fox), no accesible a los profanos (el hombre-masa). Y existiendo ‘Discurso’, para los foxistas, la realidad sale sobrando (¿o acaso el mundo no se ‘arregla’ a nivel de ‘mención’ y de ‘presuposición’?).

Con esta “Semántica Enciclopédica Instruccional” (Umberto Eco) , que dota de ‘sentido’ y de ‘significación’ al mínimo acto de Gobierno (en este proceso, la ‘semiopragmática’ o ‘puesta en escena’, protagonizada por el sujeto de la enunciación –desde el Presidente hasta sus principales colaboradores-, es el marco imprescindible para instaurar las ‘verdades oficiales’), los problemas de la Nación están resueltos (o en proceso de resolución), como lo exhibe Fox a tambor batiente cada vez que tiene oportunidad  (la larga entrevista del 18 de noviembre es un magnífico ejemplo de este ejercicio de ‘lingüística pragmática’ regido por un discurso ilocutivo y hermético, término inspirado en Hermes Trismegisto).

¿Cómo se construye ‘Foxilandia’?

A quien insista en que Fox no ha hecho nada, en su primer año de Gobierno, se le tildará de ‘ciego’ y de ‘malintencionado’, y se le remitirá a estudiar, concienzudamente, el ‘New Dircourse’ instaurado por la neotecnocracia gerencial que despacha en Los Pinos (como avance, se le remitirá a la página Web del Gobierno federal). ¿Qué el combate a la pobreza se estratificó en el Progresa concebido por un tecnócrata doctorado en la Universidad de Boston, Mass. que opera para derrocar a Francisco Gil Díaz de la Secretaría de Hacienda ? ¿Qué el Plan Nacional de Educación no rebasa el nivel de la metafísica y el ‘orden de la metáfora’, alejándose diametralmente de la triste realidad? ¿Qué Fox está ‘maniatado’ por carecer de recursos adicionales, gravando a los pobres y a las clases medias, previstos en la ‘Reforma Hacendaria Distributiva’? ¿Qué el ‘Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006’ es una mala novela de science-fiction?.

Y las preguntas pueden multiplicarse gratuitamente. Al final, lo que importa es le versión oficial y el énfasis que le dan al discurso gubernamental (raison d’État). O como lo destaca A. J. Greimas: la ‘intencionalidad subyacente’ y el ‘punto de vista’ predominantes. Y en esta frecuencia, las “respuestas oficiales” a los miles y miles de interrogantes emanados de la vox populi o de los mediadores massmediáticos siempre será favorable al Poder (sic), nunca de los protagonistas que se mueven en la logósfera del ‘nuevo espacio público’. Para la élite presidencial, la ‘comunicación pública’ carece de sentido: es pura connotación, lugares comunes, ‘juicios factuales’ sin sustento institucional ni reconocimiento oficial.

Igual que el legendario Leopold Blomm del ‘Ulysses’, encerrado en una red de reflexiones y cavilaciones  (‘hipertextos’) que conforman el ‘gran texto global’ (su propia visión de la realidad, permeada por amplios connotadores ideológicos y maniqueístas), así se desplaza Fox construyendo su mundo ideal, ‘Foxilandia’, pixel a pixel , el “México maravilloso” que le ha tocado gobernar, sin importarle la incomprensión pública o las críticas  reprobatorias (nunca autorizadas, por supuesto).

Detentando esta visión estrecha y escenográfica, el Presidente se justifica a sí mismo, está convencido de sus logros, y pide cinco años más para rendir cuentas claras retomando lo enunciado por el político venezolano (hacer milagros de la noche a la mañana no es posible). Pero, por supuesto, no se separa un ápice de sus propias interpretaciones y lecturas de la realidad. Su ‘Hermenéutica’ es intocable, como lo es el modelo semántico que la nutre. Y, finalmente, él, como Presidente de la República, puede jugar con los signos y con los significados a su antojo, es uno de los beneficios del Poder, como diría Althusser.

Y también puede jugar con las prácticas discursivas como le vanga en gana, y con las ‘puestas en escena’ de cualquier orden. Como jefe supremo, él es la máxima autoridad para ‘construir el sentido’ a su muy real entender. ¿O no?. E imponer entre la masa de interpretantes su propia concepción de las cosas. ¿O acaso, en este País,  hay alguien más inteligente que Fox?.

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