Semiótica del Poder
Diciembre 9 de 2001
¡Fox, feliz, en la "Galaxia Gutenberg"!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Una de las principales cualidades del Presidente Fox, es su sentido del humor y su extrema ironía, como lo consignó en su programa radiofónico ‘Fox en vivo, Fox contigo’, en su emisión del 1 de diciembre donde afirmó, como un estereotípico sujeto de la enunciación (dueño del micrófono y de la palabra absoluta, sin derecho a réplica) que su nivel de popularidad, a un año de iniciado su Gobierno, aún era altísimo fluctuando en una calificación de entre 6.5 y 7. puntos en comparación con su antecesor y con otros mandatarios del Continente (en la última encuesta del Grupo Reforma, publicada el 3 de diciembre, descendió, de 7.5 puntos en febrero a 6.6): “...no voy a dar nombres, pero en Latinoamérica hay Presidentes que tienen calificaciones de 3.5 y 4. y mucho menos quiero acordarme a estas alturas hace seis años, en dónde estaba el Presidente Zedillo en cuanto a opinión pública. Creo que muchos ciudadanos recordarán lo que fue aquel primer año”. ¡Sí, como muchos recordaremos el primer año de la nebulosa  ‘Era Fox’!.S

Como siempre, el arma principal del Jefe del Ejecutivo lo simboliza la ‘palabra’, en la concepción que le asigna Foucault: “...la tarea fundamental del ‘discurso’ clásico es atribuir un nombre a las cosas y nombrar su ser en este nombre” (Las Palabras y las Cosas; Siglo XXI, 1968, p. 125). Para el Presidente, su deporte favorito es ‘enunciativo’, siempre navegando en las olas de lo que es posible ‘mencionar’, a nivel de ‘substancia’.  Bajo ese sistema, todo es justificable porque todo encuentra una raison d’étre: “...no faltan quienes apresuradamente ya quieren los resultados en seis meses, ¡eso francamente no es posible!, nosotros estamos atendiendo y lo puedo asegurar, cada uno de los compromisos que hicimos en campaña, están siendo atendidos con un programa específico para que vengan los resultados en cada tema, trátese de educación, salud, agua potable, seguridad pública, corrupción o impunidad, o trátese de crecimiento económico o generación de empleos”.

Como un auténtico “Jinete de la Palabra”, Fox no tiene problema para afrontar, a nivel de ‘enunciación’, la realidad, misma que moldea y conforma a su gusto imponiendo la ‘intencionalidad subyacente’ y el ‘punto de vista’, siempre en el orden del discurso (A. J. Greimas), como lo ilustra el siguiente enunciado extraído de la ‘Hermenéutica Foxiana’ que impera, como gran modalidad simbólica, en la logósfera gubernamental permeando toda clase de discursos y de hipertextos: “...nuestra moneda, nuestro peso, no sólo no se devaluó, sino que hoy se encuentra fuerte. Somos una economía sólida, la décima en tamaño en el mundo, la octava por el monto de sus exportaciones” (¿en un País con 70 millones de pobres, la mitad de ellos manteniéndose en la ‘cuerda floja’ de la línea de la pobreza, donde se sobrevive con un dólar al día, o con menos?).

Ante la ‘rendición de cuentas’, ¡a echar a volar la máquinita “productora de sentido”!

Para evitar los embates de la crítica y de la rendición de cuentas al grito foxiano de “¡ya, ya, ya!”, y “¡hoy, hoy, hoy!”, Fox acudió a la asertiva maquinita de ‘producción de sentido’ promoviendo, como elemento distraccional de la opinión pública, un discurso altamente connotativo soportado en tres ejes: por una parte, ante el informe que presentó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (se subraya que, de 550 casos de desaparecidos entre los setentas y los ochentas, 225 personas fueron apresadas y ‘borradas del mapa’ por la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) creada por el tristemente célebre Fernando Gutiérrez Barrios) el Presidente ordenó la creación de una Fiscalía Especial para la Investigación de Desapariciones dependiente de la PGR para ir a fondo en  dichos casos y “castigar a los culpables” incluyendo a expresidentes.

Esta especie de amenaza velada, que forma parte de la posmoderna “guerra sucia”,  hizo reaccionar a José López Portillo (“...no, yo no supe nada. Yo fui Presidente, no policía”) y a Miguel De La Madrid (“...yo la liquidé (la DFS) porque me dí cuenta de que estaba putrefacta, estaba metida en líos de narcotráfico, de delincuencia común, etc.”) fue incluida en el discurso de Fox para arrancar aplausos y exclamaciones de la sociedad y de los medios; en el mismo discurso, también se instruye al CISEN y a la SEDENA para que remitan sus archivos, hasta 1985, al Archivo General del Estado para esclarecer dichos ‘crímenes’, documentos que, por supuesto, llegarán ‘depurados’.

Una segunda estrategia consistió en remitir al Congreso la ‘consensuada’ (¿por instancias del mismo Gobierno y por sus compinches?) y muy ‘filtrada’ iniciativa de Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información (sic), que llegó al Congreso la madrugada del sábado 1 de diciembre, la que fue calificada por Juan Francisco Escobedo, académico de la Universidad Iberoamericana y miembro del Grupo Oaxaca como “...una iniciativa... medrosa, en el peor estilo priísta, y titubeante, que no recoge el impulso o que niega el impulso ciudadano y social para avanzar en el proceso de apertura, de transparencia y de consolidación de nuestra democracia”.

En opinión del Senador priísta Humberto Roque Villanueva, la propuesta de Ley “...da la impresión de que no es exactamente lo que se hubiera esperado, tiene limitaciones, se quiere dar el paso, pero no se da. No es una buena señal que se entregue en la madrugada, con un ambiente poco propicio para la transparencia, y prácticamente a finales del período ordinario, esto quiere decir que va para largo la discusión”, con lo que coincidió el perredista Demetrio Sodi, quien agregó: “En el proceso de democratización es un paso abrir información, pero estamos viendo la Reforma del Estado a parches...dependiendo de la oportunidad política se presentan las cosas y eso no es lo mejor”.

En esta misma frecuencia de connotaciones ruidosas con tintes oportunistas, que en nada afectan a la realidad, se anunció que la SECODAM podrá “romper” el secreto bancario de cuentas de exfuncionarios públicos indiciados, como lo prevé la flamante Ley de Responsabilidades de Servidores Públicos, destacando la comparecencia de Francisco Barrio Terrazas el pasado 4 de diciembre donde dio a conocer frías estadísticas del “combate a la corrupción y a la impunidad” (todo en el papel) mientras los “peces gordos”, como en el film de Brian de Palma (“The Intouchables”) disfrutan de la vida y se pasean a sus anchas.

Otro affaires: los ‘desleales’ integrantes del Gabinete

“A río revuelto, ganancia de pescador”. Así, aprovechando el desorden comunicacional del 1 de diciembre, el presidente del PAN Luis Felipe Bravo Mena lanzó una pedrada escondiendo la mano: “...todavía hay muchísimos funcionarios públicos que no solamente no asumen el proyecto sino que algunos de ellos hasta lo combaten, porque sus lealtades están más bien con proyectos regresivos”, negando que el PAN cuente con una ‘lista negra’. Por supuesto, el líder blanquiazul se refería, en primer término, al enemigo acérrimo de los panistas Jorge G. Castañeda, incluyendo a su fiel ‘escudero’ Adolfo Aguilar Zínzer, además del expriísta Francisco Gil Díaz que está a punto de “tirar la toalla” ante la necedad de sus colegas (en una reciente reunión de gabinete, recogió sus cosas y abandonó la sala, desafiante, ante la mirada incrédula del propio Fox quien ya se está acostumbrando a estos desplantes, como el protagonizado por Jorge G. Castañeda desde Europa negándose a asistir a la reunión de la APEC en China por habérsela encomendado a Luis Ernesto Derbez).

Otros “enemigos de Fox” incrustados en el Gabinete lo son el titular de Seguridad Pública Alejandro Gertz Manero (él mismo se ubica como “chivo expiatorio” del régimen y se enfurece por aparecer en los sondeos de opinión como el más impopular), Pedro Cerisola, secretario de Comunicaciones y Transportes (el “affaire Texcoco” mantiene a Fox en el filo de la navaja), Carlos Abascal Carranza, Secretario del Trabajo (no se olvida de su rol de exlíder patronal mostrando una total impotencia ante el desempleo galopante, además de mantener ‘congelada’ la reforma laboral por su menosprecio hacía los legisladores), Javier Usabiaga, titular de la SAGARPA (en cualquier momento se “incendiará” el campo, producto de la ineficiencia del “Rey del ajo”), Santiago Creel (se ha caracterizado por manejar una  retórica de viejo cuño que rememora a sus antecesores en el Palacio de Covián, muy análoga a la practicada por Emilio Chuayffet que le costó el cuello)  y otros de bajo perfil, altamente incompetentes, como Reyes Tamez Guerra (todas sus innovaciones educativas no trascienden la dimensión del paper), María Teresa Herrera (sus tendencias neoliberales han quedado exhibidas ante el “affaire Texcoco” convirtiéndose en “verdugo” de los ejidatarios), Josefina Vázquez Mota (como Juana de Arco ante las murallas de París, nada ha podido hacer para “combatir la pobreza” en forma efectiva limitándose a los programas que heredó de Zedillo & Co. como el Progresa), Ernesto Martens (su gestión al frente de la Secretaría de Energía es de un total fracaso, destacando sus acciones fallidas para remitir al Congreso una verosímil ‘reforma energética’) y Victor Lichtinger (en política medioambientalista, la situación no ha variado un ápice), aunque el Presidente persiste ‘obnuvilado’ por el potencial de su “gabinetazo ISO 900”.

Pero Fox persiste, optimista, como lo manifestó durante su mensaje mediático del 3 de diciembre. Y tiene razón. Mientras surfeé sobre las crestas de las olas de la connotación pura, todo está resuelto, o como diría el maestro Alberto Jiménez: “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. Y así puede pasar otro año más, y otro, hasta llegar al 2006. Finalmente, el ‘Discurso’ es lo que lo soporta, no los hechos; él mismo es un producto de la ‘Galaxia Enunciataria’ o de la ‘Galaxia Gutenberg’, como diría McLuhan.  Por algo, su Gobierno es tan fantasmal como su ‘palabra’. Así que, no pidáis milagros.

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