Semiótica del Poder
Diciembre 16 de 2001
¡Del "primer round de sombra", al K.O.!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Como un boxeador amateur enfrentado a Mike Tyson, así se puede interpretar la ‘lectura’ que hizo Vicente Fox de su primer año de Gobierno en un téte-a-téte con el salinista-foxista Héctor Aguilar Camín durante su programa radiofónico semanal, analizando su gestión bajo el argot del deporte de los catorrazos: “...¡este es el primer round!...Estuvimos conociéndonos las partes, estuvimos haciendo rounds de sombra y ahora sí nos toca ya entrarle al segundo round en el cual ya tiene que haber resultados concretos, como los hubo este año, pero mucho más contundentes y mucho más claros para la ciudadanía”.

El Presidente está convencido, o intenta convencer a cien millones de mexicanos, que tras un round de sombra, ya está listo para enfrentar y vencer a su feroz contrincante (la realidad misma, al margen de artilugios retóricos), cuando todo el mundo sabe que eso es  imposible. Derrotar a la ‘realidad’ con puras armas enunciativas y estilísticas resulta un sueño guajiro, como lo es el intentar persuadir a la sociedad de los ‘logros’ del Gobierno acudiendo al uso reiterativo de spots televisivos de pésimo gusto, donde los miembros del Gabinete en turno presumen de ‘hechos virtuales’, inverosímiles, que solo un atrasado mental puede creer (en dicha emisión de “Fox en vivo, Fox contigo”, el Canciller Jorge G. Castañeda y el secretario de Economía Luis Ernesto Derbez se dedicaron, ilocutivamente, a ‘autoelogiar’ a sus respectivas dependencias en ausencia de interlocutores con derecho de réplica, que fácilmente podrían haberlos ridiculizado).

La técnica de la persuasión, que tan buenos resultados le generó a Fox como candidato, está agotada, aunque se  intente ‘reactivarla’ mediante el relevo de Francisco Ortiz de  la Coordinación de Comunicación Social, ahora ocupada por un amateur mediático e ‘imagocrático’: Rodolfo “El Negro” Elizondo, quien no logró proyectar ni dimensionar la metafísica Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana a su cargo y quien difícilmente logrará instaurar una ‘Política de Comunicación Presidencial’ ante el fuerte desgaste, frente a un ‘receptor invisible’ y quien ya salió de su letargo, del discurso foxiano que ya no tiene nada más que dar.

Esgrimiendo el argumento de que el primer año fue de ‘reacomodos’ (¿?), partiendo del hecho de que ni él ni el PAN conocían las entrañas del monstruo  (“...nadie conocíamos las entrañas del Gobierno federal, más que el sistema anterior, el propio PRI. Entonces, ha sido un año de reconocimiento ver con quién nos encontramos, ver cómo se encuentran las cosas en cada una de las áreas del gobierno”), Fox aseguró ante el conductor de “Zona franca (Aguilar Camín, renegado antisalinista, quien disfrutó de las mieles del poder en la ‘Era Salinas’ y quien pretende reeditar dicha ‘luna de miel’ en la ‘Era Fox’) que “...ese terreno nos tomó tiempo, pero hemos llegado ya a un nivel que puede hacernos sentir optimismo para el año próximo” destacando, en este escenario de connoisseur, al  referirse al Congreso y a los acuerdos establecidos con los partidos políticos que “...nos dibujan lo que puede ser un proyecto de Nación”. Y ahora sí, listo el arranque del “Plan 2º. Año”.

Y la ‘espiral de los elogios’ prosigue, interminable

El nuevo discurso del Primer Mandatario, inaugurado en su comparecencia del 3 de diciembre por cadena nacional y reforzado en el marco de la 13 Asamblea Nacional del PAN en Querétaro (“...otros han tenido que aprender a ser oposición y no les ha sido fácil, y sin embargo vamos dejando bien claro que no solo llegamos para quedarnos, sino que vamos a transformar desde su raíz, las estructuras viciadas que durante 71 años se construyeron en nuestro país...¡El cambio va a fondo!”),  tiene la intención de tranquilizar a las “buenas conciencias” de que todo está en paz, de que no cunda el pánico, de que ya hay ‘control’ de la situación, de que el ‘caos’ ha sido derrotado, de que la ‘ignorancia’ y la ‘inexperiencia’ de los nuevos gobernantes se ha superado. Pero a estas alturas, donde el escepticismo social es la voz cantante, sólo el Presidente se cree sus enunciados, y algunos despistados como el expresidente español Felipe González quien, en reunión privada con el presidente del Banco Mundial James Wolfersohn (condecorado por Fox con la ‘Orden Mexicana del Aguila Azteca, faltaba más, después de los $31,000 millones de dólares que dicha institución le ha facilitado al gobierno federal en varias décadas) reconoció a Fox como “líder de América Latina”, lo que ya había hecho el ‘asesor motivacional’ del Presidente: Stephen R. Covey, autor del bestseller Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

El propio Wolfersohn, al ser honrado con la máxima presea del ‘Aguila Real’ que Fox le confirió durante un acto celebrado en León, Guanajuato, evitó quedarse al margen de las zalamerías enfatizando, en su discurso: “...nosotros apoyamos totalmente y de corazón lo que usted está haciendo, creemos que usted lleva un camino que va a llevar a su país al desarrollo económico y sobre todo, a la justicia social” (¿?), analogándose, en la dimensión enunciataria, a lo expresado por el expresidente Zedillo durante una conferencia en la London School of Economics como profesor invitado donde señaló, en un abierto espaldarazo a la política económica de Fox que, ante la desaceleración económica de Estados Unidos, el gobierno ha adoptado políticas procíclicas para evitar una crisis mayor: “...creo que eso es un plus para el Gobierno mexicano. Pese a las restricciones fiscales han logrado manejar  bastante bien la política macroeconómica, porque han evitado algo que pudo haberse tornado en una crisis mayor”.

Por supuesto, Zedillo, como buen tecnócrata, para nada se refiere a los actos fallidos generados en el ámbito de lo social, donde hasta el propio Fox reconoció rezagos al presentar el ‘Programa Nacional de Desarrollo Social’ (que Josefina Vázquez Mota bautizó, rememorando el título de su libro como “Superación de la pobreza, una tarea contigo”) donde enfatizó, acudiendo a su ya familiar doble lenguaje que mantiene en suspense a varios analistas del acontecer nacional: “¿De qué nos sirve estar a la vanguardia, con la economía más grande, no solo de Latinoamérica sino de Iberoamérica y la novena a nivel mundial, si por otro lado seguimos con 40 millones de pobres?” (70 millones, en opinión del Banco Mundial, de la CEPAL y de especialistas como Julio Boltvinik).

En este tenor de elogios, sobresale el extraño ‘antielogio’ escenificado por el representante de la sociedad civil en dicho evento, que se realizó en el Salón ‘Adolfo López Mateos’ de Los Pinos, Germán Dehesa, cuando comentó en su intervención, después de intentar reanimar a Fox (“...lo necesitamos de nuevo alegre, de nuevo entrón, de nuevo esperanzado”) que “...en México hay pobreza de ánimo que se manifiesta en un Ejecutivo que no ejecuta y quien no castiga a quienes nos han depredado, a quienes han ensuciado nuestro suelo, nuestro cielo y nuestra alma” (al término del evento, el escritor fue olímpicamente ignorado por el Presidente).

Y mientras todo es ‘miel sobre hojuelas’, en el PAN, “motín a bordo”

Los que intentan salir de su marasmo, precipitados por los mantras repetidos ad infinitum por el jefe de la Nación, son los propios panistas quienes, en una inusitada manifestación de ‘libre expresión de las ideas’ (¿motín a bordo?), intentan acabar con la dictadura interna que les impuso el propio Fox al colocar en los mandos del Comité Ejecutivo a su incondicional  Luis Felipe Bravo Mena quien intenta reelegirse apoyado por las huestes de Felipe Calderón Hinojosa y por otros miembros de la cúpula. Aunque la alternativa representada por los ‘rebeldes’ no resulta muy atractiva (¿de Guatemala a ‘Guatepeor’?): la carta de relevo, ¿jacobina?, se titula Carlos Medina Plascencia, senador neopanista apoyado por la ‘base’ y quien, como su tocayo Carlos Abascal Carranza y como su alter ego Diego Fernández de Cevallos, tiende hacía el conservadurismo de extrema derecha a la vez que se da ‘golpes de pecho’ (sus performances en el Cerro del Cubilete, siendo Gobernador de Guanajuato, son memorables).

Pero en fin, se intenta acabar con el ‘foxismo puro’, representado por Luis Felipe, quien sabe que su ciclo ha concluido y que sueña con sustituir en la Secretaría de Gobernación a Santiago Creel Miranda o al ‘Canciller de Hierro’ Jorge G. Castañeda, ante los cambios que se avecinan en el interior del Gabinete (como digno y disciplinado ‘testaferro’ de Fox, Bravo Mena sabe que cuenta con amplias posibilidades para ser ‘premiado’ con un manto cardenalicio, al que no pueden aspirar los líderes senatoriales de la fracción panista, el ‘Jefe’ Diego y Carlos Medina Plascencia, a quienes Fox desprecia por ‘traidores’-no lo apoyaron en su fase de ‘precandidato’-, los mismos que ahora intentan “tumbarlo” de la silla del PAN para hacerse del control del partido y jugar su propio juego de la sucesión presidencial junto con Santiago Creel y Francisco Barrio).

Y ello, a pesar de las apariencias, como las magnificadas en el ‘aquelarre’ blanquiazul celebrado en el teatro “Josefa Ortiz de Domínguez” de Querétaro, sede de la 13 Asamblea Nacional para discutir el cambio de Estatutos, donde Fox exclamó, eufórico ante los más de dos mil delegados allí congregados que gritaban “¡Unidad!”, “¡Unidad!”, “¡Unidad!”, que “...me siento feliz de regreso a casa, con el PAN histórico, con el PAN actual y con el PAN del futuro...me siento de maravilla, me siento fuerte porque estoy bien acompañado por mi querido partido, por Acción Nacional...Somos realmente un equipo...tengo bien claro, y lo digo con humildad: necesito de ustedes, de mis dirigentes del partido; de nuestros diputados y nuestros senadores. Necesito de Diego, de cada panista...”. Acto seguido, y en actitud teatral, el ‘Jefe Diego’ se dirigió hacía Fox para fundirse en un abrazo, lo que provocó que un periodista le preguntara: “¿Inicia otra vez la luna de miel?”, a lo que el líder de los Senadores respondió, tajante: “Yo no tengo lunas de miel con hombres” mientras se alejaba velozmente del lugar mascullando algo entre dientes con un ademán vengativo (“¡Espérate a lo que viene!”).

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