Semiótica del Poder
Enero 13 de 2002
Mitología de la 'Era Fox', en crisis
 
Por Pablo Espinosa Vera

La ‘Palabra Presidencial’, en el concepto de Foucault (‘Las palabras y las cosas) busca posicionarse en el 2002 de manera vertiginosa. Así, mientras el Jefe de la Nación reconoce  que “...en el año 2001 lo que perdí fue la batalla mediática” (viene Rodolfo Elizondo a componer entuertos), intentó hacer sinergia con el ‘fracaso’ de la huracanada ‘Reforma Hacendaria Distributiva’ que devino en ‘lluvia tropical’. Buscando justificar las causas de la debacle, en una entrevista pregrabada con el salinista Héctor Aguilar Camín que salió al aire por Canal 2 de Televisa la noche del 3 de enero dentro del programa “Zona Abierta”, el Presidente Fox aseguró, dejando entrever la ‘debilidad democrática’ que permea al País, que “...busqué apoyarme democráticamente en la ciudadanía para lograr la aprobación en el Congreso; la estrategia no me funcionó. Funciona en otros países, así se opera en las democracias modernas, el Ejecutivo se apoya mucho en el apoyo ciudadano” (La Jornada, 4-I-02). En pocas palabras: la ‘Democracia Moderna’ (sic), “construida” por Fox, aún está verde en el México neobarroco del tercer milenio.

Tras culpar a la “inmadurez democrática” por el derrumbe de la “Operación IVA contra alimentos y medicinas” que le generarían al Estado $125,000 millones de pesos adicionales en lugar de los $70,000 logrados (ante la derrota foxista el PRD se erigió como el partido triunfador, aunque Fox ya anunció que en el 2003, si gana el PAN la mayoría en el Congreso, propondrá una nueva reforma fiscal), el Presidente se dejó ir a fondo para, por una parte, desmitificar sus propia teleología de corte fundamentalista (El Presidente del Cambio) y, por otra, para redefinir su rol histórico en Los Pinos (Deus ex machina): “...yo creo que hoy los mexicanos entendemos que no hay presidentes milagrosos, ni hay soluciones repentinas a los problemas...sí creo que llegó el momento de un poco de terminar con el mito de que el cambio político iba a traer la solución a todos los problemas del País y a todas las familias del País” (unomásuno; 4-I-02).

Y fue más allá en este ejercicio ‘revisionista’ y ‘deconstruccionista’ (a nivel de discurso), al autocriticar su rol actancial como responsable de los destinos nacionales, respondiendo a una pregunta de su anfitrión: “¿Qué otra cosa diría yo que fue dificultad? ¡Bueno, pues mi propia actuación! Yo ciertamente pensé que se podría tener una Presidencia de la República aceptada por todo mundo, de alguna manera informal, menos presidencialista (¿con víboras negras y tepocatas?), más ciudadanizada, menos vestida de traje y de etiqueta (The Marlboro’s Man Style?), menos formal en el discurso, llanera en la expresión y creo que allí tengo que reconocer que la opinión pública y los medios de comunicación reclaman una Presidencia de la República muy seria y que no haga chascarrillos...aprendí y estoy  corrigiendo de que no se den besos allá en Roma o que no tire el ramo la señora a las reporteras” (Dixi).

¿La teoría del complot (‘Foxgate’) a la vuelta de la esquina?

Tras señalar que no habrá cambios en su Gabinete, lo que es improbable (¿cómo pretende que funcione el aparato administrativo saturado de piezas ineficientes y disfuncionales?), el Presidente emitió un enunciado que hará temblar a los posmodernos Fouchés y  Talleyrands permeados por Kissinger (¿Santiago Creel, Jorge G. Castañeda, Alejandro Gertz Manero, Francisco Gil Díaz, Carlos Abascal Carranza, Adolfo Aguilar Zínzer, Ernesto Martens?) de efectos imprevisibles: “...yo te diría que he aprendido que en el asunto político hay muy pocas lealtades, hay muy poco cumplimiento de compromisos, que muchas cosas que he platicado en esta oficina aquí (el set de “Zona Abierta”se desplazó hasta la oficina presidencial de Los Pinos) y he acordado y que he saludado de mano y he dicho que es un acuerdo, y apenas ha salido esa persona de aquí de la oficina y ya está actuando de otra manera”.

Acudiendo a la tan socorrida ‘teoría del complot’, que permite construir ‘chivos expiatorios’ para justificar la inestabilidad y la ingobernabilidad (desde el Congreso quien, desde su punto de vista -y del de Hacienda-, ‘boicoteó’ su iniciativa de reforma fiscal hasta los mass media contestatarios y heterodoxos, a quienes abiertamente acusó de estar conspirando para derrocarlo), ahora Fox habla de deslealtades y de traiciones sin decir nombres, lo que le permite generar una atmósfera propicia para mantener a todos, amigos y enemigos, contra la pared, como ocurrió con Jesucristo en la última cena, al anunciarles a  sus apóstoles que uno de ellos lo entregaría, esa noche, con un beso (“¿soy yo, acaso, Señor, quien te traicionará?”, comentaría Judas, hipócritamente, mientras Cristo susurraba: “¡Usted ni me hable!”).

Para Fox, los conspiradores lo son todos: la sociedad civil (social intelligence), las ONGs, las fracciones del PRD y del PRI que militan en el Congreso, la cúpula del PAN que no le perdonan su ‘antipanismo’, los empresarios exportadores impactados por el ‘peso fuerte’ y por el ‘dólar barato’, los ‘descamisados’ productores agrícolas que acaban de desnudarse ante la Secretaría de Gobernación, el millón de desempleados que dejó como saldo su primer año de Gobierno, el ‘sindicato’ de gobernadores priístas empecinados en el mítico ‘federalismo fiscal’ y en la ‘desfederalización educativa’, los terroristas que destruyeron las torres gemelas del World Trade Center provocando que México pasase al final de la agenda de prioridades ante el gobierno estadounidense, como lo destacó The New York Times, y muchos factores más que conforman la ‘Oposición Criminal’ a la deslumbrante ‘Era Fox’.

Pero el Presidente insiste en su neoiluminismo trasnochado, como lo reiteró frente a los micrófonos de “Fox en vivo, Fox contigo” el pasado Día de Reyes: “...realmente está en marcha una profunda transformación en nuestro País, que a veces perdemos de vista. A veces nuestras ocupaciones diarias no nos dejan ver con claridad. Por ejemplo, que hoy, hay una verdadera y plena democracia (¿?), que ya estamos en camino a un respeto total del Estado de Derecho, que hemos hecho grandes cambios en materia de respeto a derechos humanos...Y así como eso podría seguir citando muchas otras”, concluyendo dicho segmento enunciativo con una frase de Ripley: “...este año va el desquite” (¿?).

El ‘Factor Juan Diego’, nuevo as bajo la manga

¿El ‘desquite’, al que se refiere Fox, va a provenir o está inspirado en entidades metafísicas o en divinidades como la Divina Providencia?. El Guadalupanismo profesado por el Presidente, a punto de resemantizarse y enriquecerse con el valor agregado representado por la canonización de Juan Diego, ¿fungirá como detonador del “arte de gobernar” en el 2002, por no ir más allá?. Al menos, así se puede interpretar (es una lectura, que conste) el júbilo del Presidente por contar con un factor imprevisible, que le permitirá alargar su estrategia infinita de “hacer tiempo” para enfrentar los problemas, incidiendo directamente en los sistemas de producción de sentido que permiten fabricar la realidad a placer: “...a mí me da, en lo personal, muchísimo gusto que un indígena, un indígena puro, pero además un indígena mexicano, sea canonizado por el Papa, lo cual nos dará un gran orgullo a todos los mexicanos. ¡Felicidades a Juan Diego, ahora Santo!” (¿como el legendario rey de los encordados,
Santo, El Enmascarado de Plata”?).

La canonización de Juan Diego, prevista para febrero o marzo del año en curso, se empatará con dos sucesos políticos de vital importancia: por una parte, la elección del Presidente del CEN del PRI (Roberto Madrazo, como “El Invencible Candidato de Unidad” ante la inminente declinación -¡por eso ha sobrevivido!- de Beatriz Paredes Rangel), y por la otra, el arribo a la Presidencia del PRD de la amazónica Rosario Robles, a quien nadie podrá contener, ni los ‘Chuchos’ ni las huestes de Amalia García en franco declive. El triunfo de Madrazo representará una bendición para Fox (¡no para el PAN!), considerando la alianza subyacente existente entre ambos líderes tras la “entrega” del gobierno de Tabasco al PRI, lo que le permitirá contrarrestar la ofensiva desplegada por Rosario Robles y los cuauhtemistas, que han hecho de la confrontación contra el Gobierno de Fox la base de su discurso y de su repunte ideológico y pragmático.

La “Santa Alianza” (Fox-Madrazo) le permitirá al Presidente sacar adelante, tras pactar porciones de poder, sus grandes proyectos e iniciativas (desde el tautológico “Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional” y el aval para el depredatorio ‘Plan Puebla Panamá

hasta las estratégicas y neoliberales reformas energética y laboral en el Congreso, sin dejar de lado una posible reforma fiscal anti-IVA), además de coadyuvar a la gobernabilidad, que es el problema toral de Fox. Contrarrestado el PRD con el apoyo subyacente de los priístas tradicionales, a los que se sumarán Carlos Salinas y Ernesto Zedillo (aliados incondicionales de Fox, en antítesis con Miguel De La Madrid), el Gobierno podrá ufanarse de haber logrado la tan ansiada “unidad democrática”, como primer gran milagro institucional del inefable San Juan Diego.

El otro milagro ya se dio: el apoyo, en los primeros días del 2002, del Presidente George Bush quien, ante más de 5,000 residentes del condado de Notario, California,  abogó por el ideal de que México se convierta en una potencia mediana, que le reditúe confianza a los EU en un contexto de geopolítica: “...cuanto más fuerte y próspero sea México, mejores serán las relaciones entre nuestros países y más nos beneficiaremos todos. Nada es más importante para las relaciones internacionales, para nuestra propia prosperidad, que el fortalecimiento de México”. En fin, ante la desgastada “Mitología Fox” prevaleciente en el 200-2001, el Presidente cambia de estrategia vía la pragmática sin adjetivos y la divinidad popular, lo que quizás le reditúe mejores resultados aunque persista confinado en el ‘Reyno del Discurso Puro”.

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