Semiótica del Poder
Enero 20 de 2002
Madrazo: "¡Echar a Fox de Los Pinos!"
 
Por Pablo Espinosa Vera

Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo empiezan a velar armas. Registrados para contender por la presidencia de la megamáquina político-electoral en la elección interna programada para el 24 de febrero del 2002, ambos políticos, de tendencia corporativista y caciquil (por supuesto, detentan a tambor batiente la bandera de la “democracia” para cubrir apariencias, igual que lo hizo Fox para sacar al PRI de Los Pinos bajo la consigna de que “¡en la política y en el amor, todo se vale!”) empiezan a saborear las mieles del poder, seguros de que barrerán a su única oponente, la zedillista y bastión labastidista, Beatriz Paredes Rangel, ‘nacida para ganar’ pero quien, en esta ocasión, carece de la mínima oportunidad para salir avante a pesar de la grotesca “cargada” exhibida el día de su registro contando con el apoyo corporativista de la CNC (Heladio Ramírez) y de la FSTSE (Joel Ayala).

Ni Francisco Labastida ni el expresidente Ernesto Zedillo lograrán frenar, vía la expresidenta de la Cámara de Diputados y exdirigente de las masas campesinas adheridas al PRI a través de la CNC,  a la ‘tercera ola’ representada por los nuevos fundamentalistas, dispuestos a tomar por asalto los mandos del partido tricolor (takeover, en el argot foxista) para, de allí, intentar lo que ya no parece imposible: echar a Fox (y a lo que queda del PAN) de la residencia presidencial y hacerse del poder total, escenario retardatario que está a la vuelta de la esquina considerando la realpolitik imperante (en este contexto, el ‘fantasma’ de Carlos Salinas de Gortari, aliado natural de Madrazo y de la propia Elba Esther, adquiere una dimensión escalofriante).

En la situación actual, Madrazo y la ‘lider moral’ del SNTE (¡el “Síndrome Jonguitud”, ni más ni menos!) aprovecharán el vacío de liderazgo latente en el PRI desde la debacle  protagonizada por la derrota de Francisco Labastida ante el cowboy entrepreneur de origen guanajuatense (The Marlboro’s Man!), por lo que se abocarán a exterminar a los sobrevivientes de la cúpula aferrados al expartidazo, que recibirá del IFE, en el 2002, más de $700 millones de pesos para su “financiamiento” (por supuesto, como lo prevé Carlos Alazraki, publicista de Madrazo, los representantes de la ‘nomenklatura’, Dulce María Sauri & Co., pueden provocar un ‘golpe de timón’ enfocado a descarrilar a la dueta increíble promoviendo el ‘abstencionismo interno’ entre las bases y beneficiando directamente a la amazónica Beatriz Paredes: “...ahí nos vamos a dar cuenta qué tanta mano negra hay. Si el PRI no hace campaña de invitación al voto a la sociedad, habrá mano negra, me cae, y que no me salgan con mamaditas de que no tienen recursos porque se los presto”; Reforma, 14-I-02).

Aparte de capitalizar dicho factor, ambos lideres, de negro historial, capitalizarán los actos fallidos generados en el Gobierno de Fox, que se cuentan a pastos, destacando la “derrota mediática” reconocida por el propio Jefe del Ejecutivo a quien intentarán ‘cooptar’ para su causa, aunque suene contradictorio (finalmente, Fox es un apartidista, que llegó al poder por sus agallas y por su audacia al margen de la cúpula panista que siempre lo menospreció; además, tanto Madrazo como Elba Esther se ostentan como ‘amigos’ del Presidente, por lo que pudiese darse una alianza de corte posmoderno, que no sorprendería a nadie: ¡Fox, apoyando a los “nuevos” priístas a cambio de impunidad y de prebendas!).

Dentro del affaire irrumpe ‘Mujer Maravilla’

Mientras se cocina el proyecto del “Dueto de la Muerte”, como lo avizoró Carlos Alazraki (“...Elba Esther tiene historia como Juana Gallo, Roberto como Juan Charrasqueado y yo soy Juan Sin Miedo...”), “The Wonder Woman” (a) Rosario Robles, apalancada en el mito de Cuauhtémoc Cárdenas y contando con el respaldo decisivo de Andrés Manuel López Obrador vía sus operadores políticos (René Bejarano, Dolores Padierna y Martí Batre) se prepara, igual que Madrazo, a despedazar a la élite que se ha apropiado del PRD conformada por las huestes de Amalia García (los amalios) en abierto contubernio con las tribus comandadas por Jesús Ortega y Jesús Zambrano (los chuchos), facciones éstas que lograron elegir  a los miembros del ‘servicio electoral’ responsable de organizar la elección interna del 17 de marzo de 2002, todos ellos simpatizantes de su causa  (Irene Aragón, Arnoldo Vizcaíno y Alejandro García Rueda), lo que provocó que Rosario Robles, junto con  Cárdenas, Carlos Ímaz, Armando Quintero y demás seguidores abandonaran el recinto en protesta el pasado 13 de Enero.

Pero ni el inminente arribo de la indómita amazona a los mandos del PRD, con abiertas pretensiones para competir por la Presidencia de la República en el 2006 como alter-ego de Cuauhtémoc Cárdenas, frenarán la inercia detonada por Madrazo & Gordillo, aunque es indudable que se conformarán como una fuerza político-electoral que nos recuerda al ‘fiel de la balanza’ esgrimido por José López Portillo (durante el ritual del histórico ‘tapado’), sin excluir la posibilidad de que la inteligente fémina perredista lograse superar, en el plano de lo simbólico y de lo arquetípico, al propio caudillo tabasqueño haciéndose de la Presidencia (finalmente, nos referimos al ‘Síndrome Fox’, donde el factor ‘imposible’ ha dejado de tener sentido). En el contexto del ‘marketing signs’, las expectativas de “consumo simbólico” de cada elector son las que definen el futuro de los políticos en ciernes, como lo demostró Fox de manera contundente al transformarse en un “producto” con un altísimo nivel de ‘oferta’ y de ‘demanda’, ya desgastado.

Jesús Ortega, líder del grupo “Nueva Democracia”, y el Senador Raymundo Cárdenas, quien cuenta con el aval de Amalia García y del Gobernador zacatecano Ricardo Monreal, se encuentran a ‘años-luz’ del feeling ostentando por la exgobernadora (suplente) de la Ciudad de México, por lo que el triunfo de cualquiera de ambos contendientes sobre Rosario Robles solo retrasaría el avance del partido amarillo, que difícilmente lograría erigirse como una alternativa acorde con el imaginario simbólico de la nueva sociedad. Pero no hay que descartar dicho escenario, análogo a lo que sería un triunfo de la ‘vieja guardia’ priísta (Beatriz Paredes & Co.) al frente de un patético PRI que nos recuerda el mundo de “Amor a colores” (‘Pleasantville’; 2000; Dir. Gary Ross), en su aburrida versión en blanco y negro, donde no pasa nada, en antítesis con el universo en technicolor provocado por el arribo, vía la TV, de un joven del futuro a la época de los 50s.

¿‘Aggiornamento’ de un PAN ferozmente neomedieval?

Mientras la partidocracia, en pleno, sienta sus reales e intenta conmover a la opinión pública con la rotación de dirigentes y con la expulsión o destierro de viejos raquetts  para sustituirlos con nuevas facciones igual de mafiosas (mismo sistema utilizado por el PRI durante siete décadas, como lo consignan los estudios de teóricos como Roderic Ai Camp, Juan D. Lindau, o Peter Smith), los panistas invocan la ‘Pax Romana’ conformándose con su destino histórico que se sintetiza en la reelección de un gris y aristotélico (por lo lineal y maniqueísta) Luis Felipe Bravo Mena quien sintetiza su telos en frases poco imaginativas: “...las competencias dentro de Acción Nacional son edificantes, no de confrontación, como en otros partidos, con debates encaminados a una reflexión de lo realizado y de lo que falta por hacer” (¿En este último párrafo, se refería a la extraña alianza establecida con el PRD en el ámbito de la tautológica ‘miscelánea fiscal’, a pesar de que intentó justificar a sus coterráneos en el Congreso: “...no hay un amasiato con el PRD, fue el PRI el que no quiso llegar al fondo, y por sus divisiones internas evitó alcanzar acuerdos”?).

Carlos Medina Plascencia, quien cuenta con el apoyo de sus homólogos en el Senado (incluyendo al evasivo de Diego Fernández de Cevallos, quien aparenta jugar a favor de la reelección de Luis Felipe Bravo Mena, avalada por Felipe Calderón Hinojosa), representa una “oposición” entrecomillada para aparentar el juego democrático considerando que tanto él como el actual mandatario dentro del PAN responden al modelo instaurado por el Presidente Fox desde los tiempos de su campaña electoral para manipular al PAN, aunque un triunfo del exgobernador de Guanajuato resemantizaría al partido blanquiazul, que aún no le ‘cae el veinte’ de estar en la Presidencia aunque sea en el reino de las apariencias.

La filosofía política del PAN es neomedievalista. Se rige por el principio de que la tierra es cuadrada. La Hermenéutica (antes que la Semiótica) deviene a representar su paradigma: “No hay más Verdad que la nuestra”. El Inmovilismo interno, propio de ideologías conservadoras, deviene en la construcción de cofraternidades secretas, esotéricas, crípticas, propias de la Cábala, como lo ilustra Umberto Eco en ‘El Péndulo de Foucault’ . Y todo ello a pesar de los vientos huracanados provenientes del posmoderno neopanismo (“Los Bárbaros del Norte”), que ya se dió el lujo de llevar a uno de los suyos a la residencia presidencial ante el marasmo de los doctrinarios albiazules (“¿Ya ganamos la Presidencia de la República? ¡uf! ¿Y ahora?”).

Finalmente, y a pesar de los connotadores que caracterizan a las diferentes organizaciones partidarias, la dinámica en los mismos no rebasa el nivel de la forma, de las apariencias, de la pura escenografía avalada por el IFE (¡ya aprobó los “nuevos” Estatutos del PAN y del PRI!), Instituto que generosamente destinará en el 2002 más de $2,000 millones de pesos para “financiar” las actividades partidistas (y los bolsillos de las cúpulas que luchan encarnizadamente para controlar segmentos de este leviatán que se debate en el mar de las ideologías a placer).

Tanto la “Dupla Mortal” (Madrazo-Gordillo), como la famosa Rosca perredista (Rosario-Cárdenas), por no hablar de los celestiales albiazules del “futuro” (¿?), conforman el Hollywood Político regido por un feroz gattopardismo y por códigos inalterables y ominosos que difícilmente podrán seguir manipulando a la social intelligence del tercer milenio, aunque los mexicanos somos muy aguantadores, como diría Rius.

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