Semiótica del Poder
Agosto 13 de 2000.
El imperio de la 'Semiótica del Simulacro'
 
Por Pablo Espinosa Vera

Ahora sí: Vicente Fox ya es 'Presidente electo', como lo destaca la constancia que le fué entregada vía los Magistrados del Tribunal Federal Electoral a quienes el flamante Mandatario pidió disculpas por haberlos tildado meses antes de  "pillos electorales" y por considerarlos  responsables de "marranadas". Pero es 'toro pasado'. Lo verdaderamente trascendente, desde el punto de vista de los nuevos significados de manufactura foxista, lo representa el Discurso inaugurado por el Presidente en turno (de aquí al 1 de diciembre, este país contará con dos tlatoanis omnipotentes y omniscientes) donde, en forma contundente, anunció que "...no gobernaré con camarillas, ni para camarillas, ni contra camarillas..." (¿les 'caerá el veinte' a Roberto Hernández, al 'Jefe Diego', a Porfirio Muñoz Ledo, a Ricardo Salinas,  a Elba Esther Gordillo, a Jorge G. Castañeda, a Layda Sansores, a Miguel Alemán, a Agustín Téllez Kuenzler,  a Alfonso Romo, a José Angel Gurría, a Manuel Camacho Solis y a Carlos Salinas de Gortari, por sólo citar algunas?), además de advertir, abusando de enunciados metafóricos, por no decir tautológicos, que "...nada se hará sin consensos y mucho menos a espaldas de la voluntad de los mexicanos..." (¿nada, en forma absoluta y determinista?. Ni Kant lo creería).

     El Presidente Fox se equivoca al utilizar, arbitrariamente, enunciados performativos (de 'hacer', partiendo de la teoría de las modalidades, como dirían A.J.Greimas y Alain Berrendonner, entre otros semióticos del discurso) poco creíbles, por más que ostente, como 'Gran Sujeto Enunciador', el título de Presidente Electo que le confiere el apoyo de la institución presidencial´para consagrar sus prácticas discursivas como verídicas. Por supuesto que Vicente Fox sí gobernará con ( y contra) camarillas. Por supuesto que sí regirá al país flanqueado por élites de poder, destacando a las plutocracias y a las oligarquías financieras e industriales concentradas, institucionalmente, en instancias respetables, como el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, la Asociación de Banqueros de México, el Consejo Coordinador Empresarial, la COPARMEX, y otras má ampliamente respetadas y reconocidas por el propio Fox quien siempre navegó como un pequeño o mediano empresario de ligas menores.

     En su Discurso, paradigmático Fox tendió puentes hacía fuerzas partidistas diversas para garantizar la gobernabilidad, e inclusive, en un performance semiopragmático sin precedente, asistió a los territorios personales de sus ex-feroces adversarios para entablar nuevas líneas de comunicación tras pedirles disculpas por los agresivos lances entablados durante la campaña, encontrando una franca interlocución en la persona de Cuauhtémoc Cárdenas y en los líderes del PRD (en el mismísimo avión presidencial, donde viajo a Chile, y a 30,000 pies de altura,  Fox pactó con representantes del PRI -Sergio García Ramíez-, del PRD -Jesús Zambrano- y del PAN -Luis Felipe Bravo Mena- la creación de una mesa del diálogo para establecer las 'reglas del juego' de la transición política en ciernes)  mientras que el priísta Francisco Labastida fué cauto, consciente que es el 'gran perdedor' (tanto del PRI como ante el Presidente Zedillo y la corte tecnocrática) y que no representa a nada (el PRI se le fué de las manos, aunque logró posicionarse de los coordinadores del Congreso a ultranza, por más que Dulce María Sauri niegue la "Crónica de un dedazo anunciado").

La 'teoría del simulacro', en  la escena internacional.

     Tras la sentimental, emotiva y retórica 'toma de posesión' factual ante los miembros del Poder Judicial Federal, el Presidente Fox inició su mandato inaugurando visitas oficiales a varios países de Sudamérica que forman parte consubstancial del Mercosur:, con el que pretende hacer sinergia: Chile, Argentina, Uruguay y Brasil (por supuesto, y obedeciendo el cabildeo de sus superasesores Jorge G. Castañeda, Adolfo Aguilar Zínzer y Carlos Fuentes, tras bambalinas este último el nuevo Jefe de Estado evitó hollar el suelo de países donde hieden aires de dictadura, como lo son Venezuela y Perú, al menos en esta gira), entrevistandose con sus, ¡ahora sí!, pares: Ricardo Lagos (de tendencia socialista, quien le sugirió a Fox "aventarse", ahora, a su aventura de gravar alimentos y medicinas, iniciativa que empieza a ganar adeptos al por mayor),  Fernando de la Rúa (un  neoliberal en el 'filo de la navaja' por su impopular política de impuestos que ha detonado movimientos sociales a gran escala),  Fernando Henrique Cardozo (amigo filial de Carlos Fuentes pero neoliberal, al fin),  y Jorge Battle (otro conservadurista con el que empatizará de manera natural)..

     Simultáneamente a este balconeo interamericano, Fox aprovechó el inflamado discurso de Fidel Castro ("...es evidente y clara la intención de Bush de implementar la subordinación política de México...") para acabar con el mito de la Doctrina Estrada (principio  juarista de no intervención pase lo que pase) señalando que México respetará la soberanía de las naciones pero que no guardará silencio ante situaciones anómalas, lanzándose de lleno contra la dictadura castrista que ha de haber regocijado el espíritu de Mario Vargas Llosa pero no el de Gabriel García Márquez: "...con Cuba, por ejemplo, nuestra relación será muy intensa, muy promocional, pero no dejaremos de señalar el deseo de ver ese país avanzar hacía el mercado y la democracia. Nadie en México los va a castigar por no hacerlo, pero vamos a exteriorizar nuestra opinión...". Aunque, en este mismo tenor de no callar,  el propio Fox se negó a opinar  en torno al juicio emprendido contra el general Pinochet en Chile.  ¿Paradojas del simulacro?.

     Castro exagera, es su estilo; su más poderosa arma lo es la retórica, pero Fox no logra, apalancándose en la pragmática, convencer del todo. E insiste en su estilo de lógica  polivalente: "te amo, pero te odio" que difícilmente logrará mantener ante la presión de la realidad, nacional e internacional, por más diplomacia que se esgrima, como lo experimentaron, en su fallido viaje a Washington hace unas semanas, Jorge G. Castañeda y Aolfo Aguilar Zínzer que para nada, engañaron ni persuadieron a la nomenklatura estadounidense aunque el general Barry McCaffrey, 'zar antidrogas' de la Casa Blanca y experto en relaciones públicas,  haya apoyado lo dicho por Fox, en su reciente viaje a México, en torno al fenómeno de la 'certificación' que debe dejar de ser unilateral para tornarse multilateral: "...la certificación es una ley federal de Estados Unidos y como miembro de la rama  ejecutiva del Gobierno, nuestra responsabilidad es apoyar la ley. Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con el sentimiento básico del Presidente electo Vicente Fox...". (¿más paradojas emanadas de la inefable teoría del simulacro, punto de partida de la semiopragmática' como la interpreta Bettetini?).                    

¿Gattopardismo, a la vuelta de la esquina?

     ¿Puede, el Presidente Fox y su dream-team súpereficiente, transformar la realidad sin afectar los grandes intereses de corte capitalista? Para empezar: ¿de dónde sacará los recursos que requiere para lograr estas grandes reformas y 'revoluciones', si no es del bolsillo de las mayorías, de los jodidos a quien se comprometió a rescatar? ¿Se atreverá a gravar la riqueza concentrada en el 1.0% de la población, además de intervenir en el mercado y en la vida de grandes holdings y corporativos, para garantizar una justa derrama del ingreso mientras hecha a andar la Banca Social y edifica la microeconomía sustentada en el boom de la pequeña y mediana empresa? ¿O implementará reformas -fiscales e impositivas- regidas por el código de "todos ponen" y de "todos pagan", aunque casi 70 millones de mexicanos estén en un nivel de supervivencia, un poco arriba de la media de la pobreza, de un dólar por día, o nada?..

     Fox  insiste en ubicarse en la centro-izquierda y en simpatizar con la teoría de la tercera vía. Inclusive, acaba de defender la posición ideológica del PAN del que, dice, "...es tan de centro-izquierda como de centro-derecha, con una política social muy humanista. Diría que sómos más demócratas que republicanos.  El sistema siempre ha tratado de posicionarnos en la extrema derecha. Pero no lo sómos..." (Luis Felipe Bravo Mena insiste en que su partido es de centro, ¿igual que el PCD de Manuel Camacho, cuya ideología nunca logró elucidar?).. Pero sea cual sea el matiz y los connotadores ideológicos del PAN y del Foxismo (sic), lo cierto es que el nuevo Presidente electo difícilmente logrará llevar a buen puerto el famoso 'Cambio' (¡Alianza por el Cambio!) si persiste en imponer, ilocutivamente, un Discurso alejado de referentes reales (verídicos, objetivos, analíticos) y muy ligado a elementos sustitutivos de la realidad, materia de estudio de la Semiótica del Simulacro, ni más ni menos.

     Un escenario neopriísta puede estar acechándonos. la misma película de "Il Gattopardo" genialmente recreada por Visconti. El simulacro, finalmente, es parte consubstancial de la teoría de la mentira, de la que tanto nos habla Umberto Eco al analizar los referentes virtuales, o la propia ausencia de referentes (se sustituye la realidad por fantasmas). ¿Cómo evitar caer en esos escenarios donde el Discurso del consenso (¡¡!!), del Gobernar de una pieza, del Ser y no ser, se han posicionado de manera irreversible?. Cosa de preguntarle a Wittgenstein. o a Leopold Bloom quien ha de seguir errando por las calles de Dublín.

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