Semiótica del Poder
Febrero 3 de 2002
'Pemexgate', arte de Showbiz-politics
 
Por Pablo Espinosa Vera

El ‘Pemexgate’, como el caso de la quiebra de Enron, poderoso grupo petrolero del país del Norte permeado por la corrupción y que ya produjo su primera víctima (el exvicepresidente del corporativo, J. Clifford Baxter, de quien se dice que se suicidó, lo que resulta inverosímil) amenaza con explotar y quemarlo todo. Así, al menos, es como lo perciben los miembros de la ‘nomenklatura’ (priístas ortodoxos marcados con el ‘hierro’ Zedillo-Labastida del nivel de Dulce María Sauri, Beatriz Paredes Rangel, et alt.), que interpretan el ‘affaire PEMEX-STPRM’ como una virtual cacería de brujas emprendida por el Contralor Francisco Barrio, por lo que convocaron a un ‘aquelarre cupular’ al que asistieron dirigentes del CEN, gobernadores, diputados, legisladores y los aspirantes a contender por la presidencia del expartidazo para definir estrategias de defensa ante la ‘declaración de guerra’ provocada por el Gobierno de Fox contra los tricolores (tal fue la ‘lectura’ que hicieron, de la que Madrazo se deslindó, ante la denuncia de corrupción que involucra a Rogelio Montemayor Seguy y a Carlos Romero Deschamps).

En la mente de los cartesianos priístas que responden a los intereses de la dupla Zedillo-Labastida y que intentan gozar per se de las prebendas y privilegios que concede el poder (incluyendo los cientos de millones de pesos que recibe anualmente el PRI del IFE para ‘financiar’ las campañas de sus candidatos y para cubrir el gasto corriente), la ‘embestida’ del Gobierno federal vía la SECODAM y la PGR no es tanto contra el exdirector de la paraestatal y con el líder del sindicato petrolero, sino contra lo que simbolizan: ser elementos de extracción priísta, de naturaleza corrupta, a los que hay que ventanear y someter a linchamiento público para, así, desbarrancar a las élites beneficiadas por el zedillismo y por la tecnocracia en sí (tras el coahuilense, ¿quién sigue?; la lista de  ‘peces gordos’ es más que kilométrica, aunque se guarda celosamente).

Es un hecho que tanto el Presidente Fox, como el Contralor Francisco Barrio, protagonistas de la  “declaración de guerra” contra el PRI y contra el ‘áncien régime’,  ya esperaban dichas reacciones, sin dejar de considerar amenazas subyacentes como la referida a boicotear todas las iniciativas enviadas por el Ejecutivo al Congreso como lo hicieron con la ‘reforma del IVA’ (en stand-by, la estratégica ‘reforma energética’, así como la reforma laboral y otras similares). Respondiendo a un mecanismo similar al experimentado por los perros de Pavlov (reflejos condicionados ante un estímulo programado), los priístas ortodoxos se “autoprogramaron”, desde la debacle del 2 de julio del 2000, para defenderse ante la más mínima señal de ‘vendetta foxiana’, a pesar de ser concientes de sus trapacerías y conductas criminales en contra del erario público y del usufructo del poder confundido con impunidad y gozo de privilegios ilimitados. Ahora, ante pruebas contundentes (la ‘ruta del dinero’ -$1,100 millones de pesos- que salió de las arcas de PEMEX para devenir en el comité de finanzas de Labastida siendo ‘lavado’ en bancos norteamericanos y europeos para retornar, camuflageado, a cuentas del PRI), se dan golpes de pechos y se ubican como potenciales víctimas (el ‘síndrome Jean Valtier’de Les Misérables) acosados por vengativos enemigos (el temible inspector Javert y el implacable sistema judicial, of course!).

El Gobierno quiere privatizar PEMEX: Dulce María Sauri

Mientras algunos priístas consideran que la ofensiva tiene como finalidad apuntalar la candidatura de Madrazo & Gordillo (amigos de Fox y seguros aliados) y desgastar a los labastidistas (léase: Beatriz Paredes más gobernadores y miembros del Congreso) ante la elección interna calendarizada para el 24 de febrero, donde las bases elegirán a los nuevos líderes del partido  (Miguel Alemán & Co. intentaron promover un albazo para, con el argumento de generar unidad ante la ‘declaración de guerra’, posponer dicho proceso electoral aprobado por consenso en la XVIII Asamblea Nacional), otros empezaron a filtrar la versión de que la intención oculta era exhibir a la propia paraestatal como una empresa ineficiente y‘proclive a la corrupción’, por lo que su privatización sería un proceso inminente tras debilitar al sindicato petrolero que representa el grupo de presión a vencer.

El affaire, en sí, contiene varias lecturas a nivel de presuposición, como las dos anteriores, aunque cualquier interpretación ‘unidireccional’ incluye incongruencias y ‘sinsentidos’ (no encontrarle la ‘cuadratura al círculo’, como diría Luis M. Farías en los 70s. al referirse a la ley del derecho a la información). ¿Con qué objeto, o para qué querría el Presidente Fox deslindarse de las cúpulas priístas leales a Zedillo y a Labastida, que a la fecha no le han hecho el ‘caldo gordo’, a excepción de la impopular reforma fiscal ‘distributiva’ que se negaron a avalar ante el temor a ser castigados en los comicios del 2003?. Finalmente, dicha ‘nomenklatura’ le ha servido al Presidente Fox y ha sido utilizada para los fines de su Gobierno (el apoyo al ‘Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional’ es una muestra), que a la inversa.

La composición actual del PRI carece de futuro sin el apoyo de Fox. A nivel de bases populares o reales, no cuenta con el consenso de las mayorías, como en apariencia sí lo tiene Roberto Madrazo y la líder moral del SNTE Elba Esther Gordillo. La casta priísta, que mantiene en calidad de rehén los mandos del expartidazo ha resultado más foxista que los propios foxistas (efectos del gattopardismo en boga). ¿Para qué “declararles la guerra” a aliados incondicionales, que solo aparentan contradecir al Presidente o a sus colaboradores más cercanos para ganarse las ocho columnas de los periódicos o las primeras noticias en los programas informativos de medios electrónicos?.Haciendo un análisis pormenorizado, los priístas ortodoxos están de acuerdo con Fox en todo, aunque difieran en la forma de manifestarlo (efectos del simulacro) y seguirán apoyándolo a ultranza . Gracias a dicha técnica ‘sinergética’, no solo han logrado sobrevivir sino que han consolidado posiciones y se han hecho de generosas porciones de poder.

Aunque quizás el Presidente Fox y su ‘círculo cerrado’ prefieran a nuevos interlocutores (Madrazo & Gordillo) con los que puedan pactar cómodamente poniendo las cartas sobre la mesa sin escrúpulo alguno (la entrega de Tabasco al PRI simbolizó un primer caso; un segundo caso lo sería lograr el apoyo del SNTE para proceder a la privatización de la educación de manera gradual). Con Madrazo y con Elba Esther en los mandos del PRI, el Presidente contaría con líderes con los que podría conversar campechanamente (sin pelos en la lengua y sin actitudes protocolarias), estableciendo toda clase de acuerdos, pactos y alianzas que difícilmente lograría con el PAN y con el PRD, que han marcado sus distancias (el Partido Republicano, reciente creado por un empresario y exasesor de Fox, Francisco de Paula León, será el sustituto del PAN ante los ojos del Presidente y de Marta María de Fox, quien construye su candidatura para lanzarse a la Presidencia en el 2006, lo que ya no es un secreto para nadie).

Tras descarrilarse el clan Labastida-Zedillo, ¿se intensificarán las persecuciones?

Tras el posicionamiento de la “Dueta de la Muerte” en los mandos del PRI (Madrazo & Gordillo), seguramente disminuirá el acoso a los priístas ortodoxos, aunque se ve difícil que el Contralor Francisco Barrio, serio aspirante a suceder a Fox en Los Pinos, pierda esta ‘veta de oro’ ( el ‘escándalo’ como Política de Estado) para construir su propia candidatura, lo que se puede inferir por lo comentado por el mismo Madrazo: que el PRI no puede solapar la corrupción, con lo que se extiende un ‘cheque en blanco’ para continuar la ‘vendetta’ contra potenciales ‘peces gordos’, en forma discreta y selectiva (la SECODAM cuenta con una extensa ‘base de datos’ de dichos indiciados, a los que solo falta palomear).

Además, en un contexto de realpolitik, dicha ‘cacería de brujas’, en su dimensión mediática,  le resultará positiva a Fox  al permitirle ganar el factor más apreciado por su Gobierno: tiempo, como efecto del impacto distraccional ante la ineficiencia para resolver problemas urgentes (Nerón y los otros Césares romanos lo sabían: el mejor método para distraer y para satisfacer a las masas, es vía el ‘circo’ y la derrama generosa de sangre a través de los leones, los gladiadores, los prisioneros de guerra y los cristianos). Como valor agregado, el nuevo Mandatario consolidará su imagen ante gobiernos extranjeros aunque las persecuciones no rebasen el nivel de lo discursivo (¿o se atreverá a enviar a los tecnócratas del viejo régimen a Almoloya de Juárez reeditando el canibalismo político instaurado por los priístas en cada cambio de gobierno?).

En este contexto enunciatario, la labor del nuevo ‘zar comunicacional’ (Rodolfo Elizondo) resultará determinante en su rol de retroalimentar la demanda de información de los mass media quienes son vulnerables a esta clase de operativos por su alta carga noticiosa y de espectacularidad (como antecedente, cuestión de recordar la polvareda mediática que levantó, durante meses y años –el epílogo lo simbolizó el fallido ‘affaire literario’ de Carlos Salinas en octubre del 2001- la peliculesca captura y el proceso tautológico contra Raúl Salinas de Gortari, potencial rehén del ‘clan Salinas’ para contener la revancha del exmandatario exiliado a Irlanda para unirse al fantasma de James Joyce).

En fin: no hay nada nuevo bajo el sol, como diría el Rey Salomón. Las historias se repiten, y qué mejor que los remakes distraccionales de la opinión pública para evadir la enjundiosa mirada de la ciudadanía sobre los nuevos gobernantes. A nivel semiopragmático, las nuevas ‘mises in scene’ sustituirán los besos amorosos en la Plaza de San Pedro y las anecdóticas charadas radiofónicas vía “Fox en vivo, Fox contigo”, así como las entrevistas de banqueta y los sabrosos performances escenificados por el Presidente con sus flamantes botas de charol en palacios reales. Pero el Showbiz-politics prosigue, inalterable.

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