Semiótica del Poder
Marzo 24 de 2002
¡La infinita 'Cumbre Antipobreza'!
 
Por Pablo Espinosa Vera

Desde Monterrey, metrópoli neoliberal donde se le rinde culto al ‘american way of life’, y en el corazón mismo del telos de esta urbe permeada por signos de posmodernidad, Cintermex  (Centro Internacional de Negocios ubicado en la logósfera del Parque Fundidora), se consumó el ritual de la Conferencia Internacional sobre el Financiamiento para el Desarrollo convocada por la ONU, ‘puesta en escena’ de corte planetario apuntalada por el  macrodiscurso neocapitalista que intenta dotar de sentido a la ‘Era Global’ del cual forma parte, desde ahora,  el mismísimo ‘Consenso de Monterrey’. Dicho documento, de origen sincrético inspirado en la ‘Declaración del Milenio’ que surgió de la conferencia celebrada en NY en septiembre de 2000, se redactó deícticamente en el marco de la cuarta reunión preparatoria de la Conferencia Internacional para el Desarrollo realizada en Nueva York en enero de 2001 “enriqueciéndose” con las tesis neoliberales emanadas de la ‘Ronda de Desarrollo’ de Doha (Qatar) convocada por la OMC en noviembre de 2001, mismo que se retroalimentará en otro cónclave de corte mundialista: la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible a realizarse en Johannesburgo en septiembre del 2002. Aunque del discurso y de la parafernalia semiopragmática a los hechos hay más que un abismo infernal.

Tanto Koffi Annan, Secretario General de la ONU, como Mike Moore, Director General de la OMC, Horst Kohler, Director-Gerente del FMI y James Wolfensohn, presidente del World Bank han coincidido en un punto  medular extraído de los códigos del neocapitalismo salvaje: sólo estableciendo ‘reglas del juego’ viables en países subdesarrollados para captar y promover la inversión extranjera dentro de un contexto de libre comercio se logrará abatir la pobreza vía el crecimiento económico (en el 2000, y ante los niveles de desconfianza y de riesgo que representan los países pobres, sólo el 16% del total de la IED –Inversión Extranjera Directa-, del orden de $180,000 millones de dólares a nivel mundial se canalizó a estas naciones; US$27,000 millones según el World Bank).

En otro rubro relacionado con intercambio comercial Mike Moore tocó un tema tabú para los poderosos:  que si los países desarrollados eliminaran sus políticas proteccionistas y los correspondientes subsidios a productos agrícolas, piscícolas y silvícolas, el beneficio para los países pobres sería de 5 a 6 veces más que lo otorgado vía la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) del orden de US$50,000 millones anuales (Reforma; 16-III-02) y que se prevé aumentar a US$100,000 millones (el Banco Mundial solicitó aumentar los apoyos en, mínimo, US$10,000 millones anuales durante cinco años) para reducir, de aquí al 2015  en un 50% la pobreza extrema que padecen 1.200 millones de seres humanos que sobreviven con un dólar al día (‘línea de la pobreza’) o con nada: mientras el PIB per cápita en EU es de US$35,069, en Burundi es de US$11.1 y en Nepal de US$71.1.

     Además de la ‘receta comercial’ que hasta la fecha solo ha favorecido a los ricos y a las empresas transnacionales que incursionan en los países menos afortunados del orbe que representan casi el 80% de las 181 naciones registradas por la ONU hasta septiembre de 2001, generando mayor pobreza, los principales líderes y estadistas presentes en la ‘Urbe de Hierro’ evocaron al “fantasma de la corrupción” latente en dichos pueblos bajo el principio utópico de que solo saneando a los gobiernos nacionales con prácticas democráticas se lograría que los apoyos de la AOD lleguen a sus destinatarios finales, lo que suena a idealismo hegeliano (hasta Paul O’Neill, Secretario del Tesoro de Estados Unidos le reclamó al Banco Mundial el hecho de que los más de $470,000 millones de dólares erogados desde su creación en 1944 para contrarrestar la pobreza no han servido para nada, financiando solo proyectos de corte neoliberal a lo que la institución respondió en un documento que la ayuda para el desarrollo brindada por el Banco Mundial debería considerarse solo un ‘catalizador’).

El ‘Consenso de Monterrey’, como un cuento de los hermanos Grimm

En el texto final de la Cumbre denominado ‘Consenso de Monterrey’, texto plagado de buenas intenciones neoiluministas que se integra con 73  ‘artículos’, destacan dichas macrovisiones en forma connotativa y evocadora eludiéndose todo compromiso formal para elevar las‘donaciones’ (AOD) o apoyos en un 0.7% del PIB de los países ricos hacía los del sur del planeta, según sugerencia de  la ONU y del Banco Mundial lo que representaría una suma global anual de casi $100,000 millones de dólares. En este contexto, el ‘Grupo de los 15’ que concentra a los países europeos aceptó aumentar el apoyo de un .33% actual hasta un .39% de su PIB global en el marco de la Cumbre de la Unión Europea celebrada en Barcelona previa a la Cumbre de Monterrey, mientras que los Estados Unidos, que aportan solo el 0.1% del PIB, US$11,000 millones anuales evitaron compromisos mayores (en forma retórica el  Presidente Bush concedió, “generosamente”, una ayuda extraordinaria de US$5,000 millones que se transferirán en los próximos tres años a países pobres que “reformen sus economías”).

Ratificado el ‘Consenso de Monterrey’, considerado intocable desde el principio a pesar de las severas impugnaciones y condenas de ONGs, en el marco de la “Cumbre Antipobreza” establece textualmente, en el punto 1 del primer capítulo tres grandes metas (know what) sin definir cómo se alcanzarán (know how): “Nosotros, los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Monterrey (52 Mandatarios más Primeros Ministros) los días 21 y 22 de marzo de 2002, hemos resuelto hacer frente a los problemas de la financiación para el desarrollo en el mundo, en particular en los países en desarrollo. Nuestra meta es erradicar la pobreza, lograr un crecimiento económico sostenido y promover un desarrollo sostenible al tiempo que avanzamos hacía un sistema económico mundial basado en la equidad y que incluya a todos”.

Acto seguido, se consignan como subtemas del Capítulo II las ‘Principales Medidas’ igual de nebulosas y grandilocuentes: 1) Movilización de recursos financieros nacionales para el desarrollo (serie de condicionantes o ‘situaciones mínimas’ que deben existir en los países pobres para que puedan recibir apoyos destacando factores como ‘transparencia’ y ‘democratización’) ; 2) Movilización de recursos internacionales para el desarrollo: la Inversión Extranjera Directa (IED) y otras corrientes de capitales privados (garantías y nuevas ‘reglas del juego’ que estimulen la IED); 3) El Comercio Internacional como promotor del desarrollo (énfasis en que el comercio, en un contexto de libre mercado, representa “...la fuente más importante de financiación para el desarrollo”); 4) Aumento de la cooperación financiera y técnica internacional para el desarrollo (propuesta para que los países ricos definidos como ‘donantes’ aumenten la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) hasta un 0.7% del PIB); 5) La deuda externa (sin mencionar la posible ‘condonación’ de la deuda de los países en situación de pobreza extrema se sugiere en el  documento que “...el alivio de la deuda externa puede ser un factor crítico para liberar recursos que pueden encauzarse hacía actividades que promuevan un crecimiento y un desarrollo sostenibles”) y, 6) Tratamiento de cuestiones sistémicas: fomento de la coherencia y cohesión de los sistemas monetarios, financieros y comerciales internacionales en apoyo del desarrollo (sugiere la modernización y ‘democratización’ de instancias financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial además de hacer una serie de recomendaciones para volver más eficaz al sistema económico mundial).

 En un desplegado a plana completa rubricado por la ONU y por el Gobierno Federal publicado en los principales diarios el 18 de marzo, se sintetizan de manera triunfalista los ‘bondadosos’ seis temas del macrodiscurso (récit, en argot de J. F.Lyotard)  tras subrayar que “...la realización de esta conferencia, enfatiza la importancia de aunar los recursos nacionales de los países en desarrollo con los capitales extranjeros para cubrir sus necesidades de inversión y así lograr disminuir la pobreza e impulsar el crecimiento”. O lo que es lo mismo: e=mc2 en términos de Einstein.

Neocapitalismo: ‘lobo feroz’ con piel de oveja

Tras el fin de las ideologías y de la historia proclamadas por Daniel Bell y por Francis Fukuyama, el mundo se debate en un nuevo orden regido por los códigos del neocapitalismo feroz que solo Karl Marx y Friedrich Engels lograron avizorar en ‘El Capital’, igual que lo hizo Adam Smith desde otro ángulo (el de la fatídica ‘mano invisible’ del libre mercado). Este ‘neocapitalismo’ del tercer milenio connota, así, la única alternativa (o única ‘sopa’) del planeta en su fase actual.

Y como ya lo habían previsto destacados ‘prospectólogos’como Alvin Toffler, Jacques-Servain  Schreiber, John Naisbitt & Patricia Aburdene y los visionarios del ‘Club de Roma’ y del Hudson Institute (Herman Kahn & Anthony Wiener), la repartición del mundo (entre los países del Norte contra los del Sur) no admite conmiseraciones. La lucha que se libra por el poder económico y financiero es brutal, como lo es el combate por el control político (la irrupción de la ultraderecha en Europa es un ejemplo).

Y en este escenario encarnizado, que tiene como background al capitalismo global, no caben las actitudes humanistas ni las expresiones de piedad hacía los derrotados por la historia; solo la simulación y el simulacro tienen cabida; el efecto “Lobo Feroz sensibilizado”  (como la caridad forzada de Mr. Scrooge tras recibir la visita de los tres espectros). ¿O acaso las naciones poderosas condonarán la deuda de los países pobres y eliminarán los subsidios a sus agricultores? ¿Acaso se tocarán el corazón y abrirán sus fronteras, eliminando toda clase de aranceles, a los productos provenientes de los países en desarrollo? ¿Acaso, en un imprevisible ‘golpe de timón’, aumentarán la AOD hasta en un 2% de su PIB global? O en este tenor de vivir  soñando, como diría Calderón de la Barca, ¿se democratizarán y ‘humanizarán’ instancias tecnocapitalistas como el FMI, la OMC, el Banco Mundial, el BID y el BERD, entre otras?. Cuestión de consultar a gurús de la talla de Woody Allen...o de Henry Kissinger.

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